EL AMOR INCONDIIONAL

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Hace unos meses que asistí a una charla de Crecimiento Personal que la impartía una psicoterapeuta y a la vez teóloga que también es escritora de artículos en una revista llamada Regina Montferrer, en un local del Ayuntamiento del pueblo marítimo de la zona del Maresme que está a escasos kilómetros de Barcelona.

Confieso que cuando vi a dicha mujer que era morena; de estatura mediana y algo obesa me sentí profundamente impresionado de su magnético carisma a juzgar por una luz que emanaba de su interior; o una fuerza positiva que se canalizaba a través de su discurso, la cual influía poderosamente en el ánimo de todos los que estábamos allí.

El Crecimiento Personal se puede enfocar de distintas maneras, como por ejemplo mediante el Arte y la Literatura, pero en esencia se fundamenta en la Máxima de "Amar al prójimo como a ti mismo" surgida del humanismo cristiano que este era el tema específico de aquel día y que no deja de ser un gesto muy heróico en nuestro comportamiento cotidiano.

"Amar y respetar al otro; aceptarlo tal como es constituye una de las asignaturas éticas más importantes en nuestro camino por la vida, para alcanzar nuestra plenitud como seres humanos - exponía aquella mujer a su público-. Amar a una persona enganchada a la droga sin pretender cambiarla; amar a una persona que nos hace daño sin ningún espíritu de venganza; amar a un delincuente sin condenarlo gratuitamente; o amar a una persona que no se ama a sí misma sin sermonearla. En suma. Amar sin esperar nada a cambio de los demás".

Evidentemente aquella inspirada charla aunque Regina la refería con un tan  persuasivo como convincente énfasis y con hermosas palabras, a mi me pareció que se excedía en un ñoño buenismo que era demasiado condescendiente respecto a un grave y negativo ambiente que se enseñorea impunemente por doquier.

Regina esgrimía un idealismo humanista que estaba bastante alejado de la realidad, porque precisamente al ser humano que ha dejado de contemplar unos principios éticos en aras de una mal entendida libertad en la que todo vale, le traiciona una y otra vez sus emociones y sus anhelos más primitivos y demenciales que son fruto de su pequeño ego sobre todo en un contexto social tan competitivo y decadente como es en el que nos movemos, y por tanto no es nada conveniente subestimar al poderoso "diablo" que anida en nuestra conciencia puesto que éste es capaz de devorar lo bueno que pueda haber en nuestro interior, dado que muchas veces para darnos importancia a nosotros mismos uno desacredita, maltrata y humilla a su vecino sin ninguna consideración.

No me convenció en absoluto la charla de esta bienintencionada psicoterapeuta porque yo en mi infancia había ido a una escuela de religiosos y este amor al prójimo que ellos predicaban solo era en el papel pero que en la práctica era todo lo contrario. Pues muchos de estos religiosos trataban con desprecio a aquellos alumnos que eran hijos de familias de humilde condición social. Se trataba de la misma hipocresía que dichos religiosos usaban cuando por un lado hablaban de la castidad y de las buenas costumbres mientras que por el otro lado algunos podían practicar la pedofilia. Y otro tanto se podría decir de esta manera de ser contradictoria de otros pensadores moralistas a lo largo de la Historia.

En el caso que nos ocupa posiblemente Regina después de su brillante disertación iría a su casa y armaría un escándalo a su marido por cualquier simple descuido, como por ejemplo que se ha olvidado de bajar la tapadera del retrete o de cualquier otra nimiedad por lo que le diría que es un desastre.

¿Se puede amar incondicionalmente por ejemplo a Hitler que se jactaba de haber asesinado a miles de personas en los campos de exterminio; o a cualquier otro fanático religioso o político que siembre la intolerancia y la desolación a media humanidad, o un psicópata que maltrate y asesine a miembros de su familia? ¿Y no es lícito pararle lo pies como sea a este indeseable para que deje de hacer sus fechorías? Yo he visto que cuando en una película el villano que ha hecho toda suerte maldades al final a éste se le castiga el público aplaude a rabiar. Y esto es un gesto natural e instintivo porque este malvado perturbaba la paz social que es tan necesaria para poder vivir. Y dicho esto. ¿Se puede amar a alguien que no se deja ayudar y encima desprecia a quién le echa una mano porque la bondad del santo le pone en evidencia su vileza personal, ya que es como echar leña al fuego?

No se puede ser condescendiente con ciertas actitudes nefastas porque las personas que son malas y tóxicas también suelen ser unas aprovechadas y toman por una debilidad el buen talante de quién tienen al lado y abusan de su generosidad afectiva; así como tampoco es cierta la teoría que se puede cambiar a alguien con buenas palabras; con un buen tono porque éstas no hacen ningún efecto en la dura sensibilidad del "diablo". En consecuencia es recomendable distanciarse de la gente tóxica tanto como se pueda.

Además. ¿Qué se gana con ser comprensivo con la intrínsica motivación que induce a un sujeto a ser dañino? El comprender y compadecer no sirve para nada, a no ser que tomásemos por una oreja a este personaje tóxico y lo llevásemos a un especialista como Regina para reeducarle el carácter porque en la mayoría de las veces él por su propio pie no se sometería a tal tratamiento puesto que se siente fascinado por su enfermedad anímica. Él es un objeto de su problema y encima esta negativa actitud se justifica a menos que se caiga en el delito de acuerdo con un relativismo tanto social como político.

Como asimismo debemos de huir de los necios, puesto que esta clase de gente inmadura se deja llevar por los impulsos a causa de cualquier estupidez que les seduce por lo que carecen de reflexión; no ofrecen ninguna garantía y nos pueden perjudicar.

Claro que el amor incondicional se puede entender más como un principio moral que como un hecho práctico, a no ser que uno sea un sujeto valiente y altruista que se dedique al bien común sin condiciones de ninguna clase. Se trataría de dar un voto de confianza al prójimo, pero que si éste se comporta mal este voto se puede esfumar, porque es aquello de que la paciencia tiene un límite.

En mi opinión no hay que disfrazar ni justificar ni relativizar un mal comportamiento de quien sea, sino que por el contrario hay que denunciarlo y atacarlo, porque el sujeto tóxico es hijo del diablo.

                                                                            FRANCESC MIRALLES                                                                                


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