LA CHÓFER

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A Luis y Josefa, un matrimonio de setenta y tantos años, sin hijos, les tocó en la lotería primitiva varios cientos de millones de euros. Decidieron comprarse un coche de gama alta, pero ninguno de los dos podía conducir.  

- Contrataremos un chófer que nos lleve y nos traiga en la ciudad o de viaje - dijo Luis.

- Le haremos un contrato por unos meses, con un buen sueldo, para que eté completamente a nuestra disposición. -dijo ella.

Hablaron con una empresa de trabajo temporal para que buscasen varios candidatos al puesto. Debía ser joven, buen conductor y con conocimientos de mecánica. La empresa les presentó a dos hombres y a una mujer. El matrimonio se entrevistó con ellos, les hicieron toda clase de preguntas y les pidieron que les dieran una vuelta por la ciudad para comprobar su forma de conducir. Los hombres coincidieron en conducir con cierta agresividad, mientras que la mujer condujo suavemente, con gran habilidad.

- A mí me gusta más uno de los hombres, sólo que ha de conducir con más tranquilidad. -expresó ella.

- Es mejor conductora la mujer. Ellos me marearon -opuso él.

Decidieron por fin contratar a la mujer, de unos cuarenta años, soltera, sin compromiso, sin hijos.

A cualquier hora del día llamaban a su móvil para que los fuera a buscar con el coche y les llevara a algún lugar. También viajaron a ciudades no muy alejadas por un día o por un fin de semana. Entre ellos se estableció una relación amistosa, de confianza.

- ¿No tienes pareja? -le preguntó un día la anciana, en una cafetería mientras su marido se encontraba en el baño.

- No necesito pareja, me basto y sobro conmigo misma. -confesó Laura, la chófer.

- ¿Cuáles son tus fantasías sexuales?- siguió interrogando Josefa.

Tardó unos segundos en responder.

- No me hables de eso si no quieres- le dijo la anciana.

- No me importa. Me gustaría masturbarme mientras otros me mirasen, pero sin intervenir. Solo mirar.

Tras un momento de silencio, la anciana le dijo:

- Nosotros podemos hacer ese papel, si estás de acuerdo. A mi marido ya no le importa el sexo, pero le siguen gustando las mujeres. Tú tienes un buen tipo, incluso me gustas a mí.

Laura no contestó porque Luis volvió del baño.

Aquel mismo día, en su habitación, al poco de acostarse, Josefa le contó a Luis su conversación íntima con la chófer.

- Insiste para que acepte -le dijo él.

- Se lo propondré después de anunciarle que le subimos el sueldo. Lleva medio año con nosotros. 

Encontraron la ocasión una semana después, en un viaje en primavera que realizaron a la playa. Contrataron una habitación con dos camas, una de matrimonio y otra individual, en un hotel de lujo.

Después de cenar el primer día, Laura dijo que subía ella en primer lugar a la habitació.

Cuando los ancianos entraron en la habitación quince minutos después, encontraron a Laura desnuda en su cama, metiéndose un gran consolador en la vagina, retorciéndose y gimiendo de placer. 

Luis y Josefa se sentaron en su cama y contemplaron complacidos el largo orgasmo de su chófer, que al cabo de media hora quedó cansada relajada y casi inmediatamente dormida. Josefa tapó su cuerpo con una sábana. 

A la mañana siguiente, mientras desayunaban en el salón del hotel, Josefa le preguntó a Laura si quería llevar uniforme.

- Lo que vosotros decidáis.

- A nosotros nos gustaría mejor que anduvieras desnuda por la casa -dijo Luis.

- De acuerdo, desnuda por la casa y con uniforme fuera. Por mi casa voy desnuda y hay un vecino que me espía.

- Ahora queremos verte mientras te duchas antes de salir de viaje -le dijo Josefa.

Laura asintió con un gesto de la cabeza.

Luis y Josefa fueron con Laura al taller de un famoso sastre para que le tomara medidas y le confeccionase un par de uniformes al gusto de los tres, jnos trajes chaqueta con pantalón.

Para que le tomara las medidas el sastre a Laura, a una sugerencia de Josefa, se desnudó completamente. El sastre, un hombre de 60 años y su ayudante de veinte años, se pusieron nerviosos, pero actuaron profesionalmente.

Laura disfrutó de su desnudez entre cuatro personas. Después de que le tomasen las medidas sólo se puso la ropa interior de dos piezas, braga y sujetador, y de esa manera salió a la calle llamando la atención de la gente y condujo el coche del matrimonio hasta su casa. 

- Nos encantas, Laura -le dijeron Luis y Josefa al despedirse de ella.


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