EL PRIMO DE JULIÁN

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Marisa le dijo a su hijo Juián que se marchaban el fin de semana al pueblo de su hermana porque su padre estaba enfermo.

- A mí no me apetece ir -opuso Julián.

- Pues tienes que venir, así verás a tu abuelo, que hace mucho tiempo que no ves, y no me fío de dejarte solo en casa.

Ella condujo el coche hasta el pueblo en donde vivían su hermana y su padre, a casi cien kilómetros de distancia. 

La casa era pequeña, solitaria a un kilómetro del pueblo. El anciano tenía gripe, no era grave pero sí de cuidado. 

Había tres dormitorios. Las hermanas dormirían juntas en la cama grande, el abuelo en una cama pequeña y los dos primos en otra cama pequeña, en habitaciones distintas. 

Por la noche, Julián se acostó enseguida. Estaba casi dormido cuando su primo Ernesto entró en el dormitorio, se desnudó totalmente y se metió junto a él en la cama.  Ernesto le puso una mano en la espalda a Julián, pues dormía boca abajo.

- Yo duermo desnudo -le dijo Ernesto.

Julián no hizo comentario alguno, simulando dormir.

- ¿Te acuerdas cuando dormimos juntos la última vez? -le susurró Ernesto-. Me confesaste que te gustaba que te tocasen el culo. 

Julián siguió en silencio.

Ernesto se irguió en la cama, encendió la lamparita de una mesita y susurró:

- ¿Estás despierto?

Julián no contestó, no se movió ni un ápice. Temía y a la vez deseaba repetir lo de aquella noche a la que se refería su primo, cuando durmieron juntos.

Ernesto no le defraudó. Despacio, le bajó el pantalón del pijama, le acarició suavemente las nalgas, le recorrió con el dedo la raja entre las nalgas, se lo chupó y lentamente se lo introdujo en el ano. Julián no pudo evitar un espasmo.

- Sé que estás despierto, pero haz como si estuvieses dormido, me gusta -le susurró Ernesto.

El dedo entró y salió de su ano y dio vueltas en su interior, haciéndole gemir de placer.

Después le dijo que se diese la vuelta. Julián obedeció y a la vez terminó de bajarse el pantalón del pijama. Ernesto agarró su pene enhiesto y se lo metió en la boca, chupándolo con gran dedicación.  Cuando Julián notó que iba a estallar de placer agarró la cabeza de Ernesto y la presionó sobre su vientre para que no sacara su pene de la boca cuando derramó abundante semen. Ernesto se tragó hasta la última gota. Unos minutos después, Ernesto se levantó y fue al baño a lavarse la boca. Julián subió su pantalón, se dio la vuelta en la cama y enseguida se durmió, esta vez de verdad.


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