A través del Estado Intermedio (Tercera Parte)

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Nuevo Tránsito


Está vez no perdí la conciencia hasta que atravesé la luz. Los Lamas me habían instruido en la práctica de relentizar el proceso conscientemente. Los elementos empezaron a disolverse unos en otros produciendo visiones y sensaciones.

El primero, "tierra", se disolvió en el elemento "agua" y éste en "fuego", que finalmente se diluyó en "aire". Todo era tal y como me  habían enseñado. Las imágenes continuaban en mí y "veía" otras entidades en la misma dirección que yo. Comprendí que eran esencias de todas las formas de vida que conocía, desde insectos hasta animales de tamaño más grande. Identificaba cada forma de energía que fluía en torno a mí.

Pensé de inmediato en la cantidad de seres que confluían en este estado al mismo tiempo. Eso me hizo razonar que en esta experiencia también hay "tiempo", aunque la magnitud que se siente es diferente, fluctúa o transita de otra manera.

La sensación en aquel estado eran como ondas de energía que se alargaban como un chicle estirándose desde el origen de la luz. Te toman y suavemente te dejas llevar. Noté que si aquietaba la mente, la luz que me envolvía se transformaba en un ser. Me ofrecía ayuda para transitar hacia el otro lado. No opuse resistencia.

Sin embargo muchas formas energéticas se negaban a confluir con las ondas luminosas que emergían de la luz. Se quedaban deambulando por aquel espacio oscuro sin querer atravesar al otro lado, más bien querían volver a la vida que ya había pasado, como si fueran espectros fantasmales, muchas veces visibles para las personas que aún existían en la realidad anterior. Algo les retenía, deseo, avaricia, posesión, celos...

Aunque, llegaría el momento que pasarían a través de la luz inexorablemente hacia el estado intermedio.

Después de mi tránsito, tomé nuevamente conciencia y aparecí en el mundo intermedio. Estaba en un desierto amarillento y rojizo con tonalidades púrpuras. La arena brillaba y la suave brisa levantaba diminutos tornados que desaparecían casi instantáneamente. El sol parecía permanente, pero yo no podía verlo, la luminosidad estaba por todas partes. Atardecía, siempre estaba atardeciendo.

Inmediatamente apareció el descapotable rojo, subí con la certeza de que las llaves estaban puestas y arranqué acelerando sobre aquella línea sinuosa de asfalto negro como el azabache, dividida por otra línea impoluta de color amarillo.

Esta vez llegué a Encrucijada muy rápidamente. Aunque había pasado toda una vida desde la última vez que estuve aquí, recordaba perfectamente sus calles y plazas. Decidí explorar las menos frecuentadas, donde apenas llegaba la luz.

Alcé la mirada y el letrero decía  "CallejónNo". Mientras estaba dubitativo decidiendo si entraba o no, llegó un individuo de aspecto muy elegante y cordial.
- No entres ahí - dijo seriamente - Esta es la calle de los asesinos suicidas, los que han elegido no vivir después de sus crimenes. Al final hay un embarcadero y un barco espera para conducirlos a una isla gris, sin color ni emoción,  sin nadie.

El lugar es una proyección de la vida que se ha rechazado. El sujeto existirá de manera indefinida, encerrado en un bucle de acontecimientos que repiten su vida pasada de forma permanente. Saldrá de este estado cuando comprenda su error. Solo pueden entrar en esta calle los suicidas asesinos y los "seres interinos", entidades que se mueven por el mundo intermedio y pueden ayudar a todos los sufrientes.

Se trata de seres que conseguieron llegar hasta el "final". Comprendieron y asumieron todo el conocimiento que existe en el Universo, pero entonces tomaron conciencia de una realidad subyacente, donde se originan otros Universos y decidieron hacer voto de compasión: "No irían más allá, hasta que todos los seres sintientes alcancen el mismo estado". Por esto decidieron permanecer en esta existencia intermedia.

Pueden acceder a cualquier isla o lugar de este mundo intermedio y cambiar la situación a través del pensamiento, de las vibraciones luminosas y de las formas energéticas ondulantes. La vibración genera en el ser que necesita ayuda, pensamientos similares al origen de la vibración. Esto libera al ser sufriente y le aporta una nueva perspectiva de su conciencia.

Observé el CallejónNo con atención intentando ver algo entre aquella negrura, me giré nuevamente hacia el personaje elegante, pero había desaparecido. Me quedé perplejo, miré a ambos lados y solo vi sombras que iban y venían difuminándose en el espacio si las miraba con atención. Sin embargo, si observaba por el rabillo del ojo con la mirada perdida, se movían descaradamente por todas partes. Me puse a andar hacia la luz del atardecer perpetuo, buscando más sentido a esta realidad.

Plaza del Mercado, decía el cartel con una flecha en la esquina del pasadizo. Entré por el angosto pasillo y después de un zig-zag, desemboqué en un mercado muy animado. La gente miraba con mucha atención y detenimiento los artículos inexistentes de los puestos, estaban vacíos, no había nada; regateaban para adquirir algún objeto de su ilusión. Todo era perfecto, pero con la sensación de que faltaba algo, de que la escena era incompleta.

Mi pensamiento comparó las vidas sucesivas en las que existimos y estos momentos ilusorios. Tenía la suerte de mantener un espacio de memoria en mi estado mental aquí y ahora. Me preguntaba si en otras vidas todo es ilusión igual que en este mercado, si luchamos y nos matamos por algo que no existe. Me imaginaba a aquellas personas que compraban no se sabe qué, luchando y pegándose por... ¡nada!

Seguí buscando el sentido más profundo de Encrucijada y me topé con un personaje rubio, bien parecido; olía a un perfume extraño, un poco embriagador. Se presentó como Pene Alegre, agente comercial y representante de una parte del infierno donde siempre reina el cachondeo, como un reggetón permanente, así me lo pintó.

Dijo que no me lo podía perder, que el conocimiento que se obtiene en ese estado infernal, es imprescindible para ascender a niveles de conciencia más cercanos a Dios.

Le dije que no creía en Dios, que me parecía una tomadura de pelo, pero Pene Alegre se las ingeniaba para llevarme la contraria y venderme el infierno. Finalmente apareció por allí alguien con pinta de despistado y se largó corriendo a ver si le podía vender algo.

Uufff!!! Que alivio...

Continúe recorriendo Encrucijada, pero no entré en ningún bar o restaurante, no había comida ni bebida, solo gente hablando y haciendo todos los gestos como si comieran o bebieran.

Iba recorriendo la avenida principal, cuando encontré la "Calle de los Despojos". A la entrada, un cartel luminoso narraba el sentido de esa calle.
Si entras aquí no saldrás jamás, decía la pantalla. Ésta es una realidad para psicópatas, asesinos, genocidas...
Di dos pasos atrás, como un rechazo natural, una aversión. Aquí existe lo peor de lo peor, la anti-existencia pura de todo lo que no sea uno mismo, seguía diciendo la pantalla.

Pero nada es permanente, finalizaba diciendo el texto, pasarán eones y ésta calle desaparecerá engullida por sí mísma para reaparecer en perfecto equilibrio con el auténtico paradigma mental. Mientras tanto, aquí solo hay basura.

- ¿ Será el tiempo en magnitudes incomprensibles, el encargado de poner las cosas en su sitio, o también es pura ilusión ? -

Me senté en un banco de piedra y pensé...
Poco después, seguí vagando por los entresijos de las calles, con numerosos lugares de naturaleza oculta. Hablé con personas amigables, pero también con otros de los que era mejor escapar.

Aprendí a moverme y ayudé a muchos, hasta que nuevamente algo me impulsó a adentrarme en la Rúa Manusya y volví nacer como ser humano.

 

 


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