UNA FEDRA ACTUAL 2

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Muy conscientes del riesgo que corríamos a nivel familiar, Carmen Lozano y yo decidimos seguir viéndonos porque no estábamos dispuestos a renunciar a nuestro singular amor. De manera que cuando las circunstancias nos lo permitían, que se presentaban muchas veces no sin alguna que otra dificultad que había que sortear, íbamos a un discreto hotel y una vez allí nos entregámos el uno al otro con toda la generoidad que cabe imaginar, sin ningún temor a nada ni a nadie. Se puede decir que nsotros éramos un punto y a parte del mundanal ruido, y que éste no tenía nada que ver con nuestra relación. A mí me daba la sensación como si nosotros dos  nos conociésemos desde siempre, tal era nuestro alto grado de confianza mútua; o de que en otra vida anterior a la presente ya hubiésemos sido una pareja indisolubre y que por alguna traumática razón no hubiéramos podido consumar nuestro amor que ya estaba predestimado de antemano. Por ello yo creía vivir una realidad única, especial; y con más plenitud que nunca. Pero en ocasiones también pensaba que aquella relación era demasiado bonita, y que bien podría ser una cruel ironía del destino que me hacía pensar que en cualquier momento aquello se podría truncar en un terrible final. Pues es sabido que en la vida la luz y la sombra son dos caras de la misma moneda, y que a causa de las convenciones sociales o de una imprevisible eventualidad, la sombra siempre acababa por imponerse a la luz en la vida del ser humano.

En la habitación del hotel además de hacer el amor sin ninguna cortapisa, también disfrutábamos haciendo diversos juegos eróticos que Carmen por su educación los desconocía totalmente pero gracias a los cuales ella iba conociendo su área más sensitiva y más lúdica; cosa que la llenaba de satifcacción.

- Seguro que en la cama mi padre es un hombre muy clásico - le dije yo un día jocosamente a Carmen en la cama del hotel.

-¡Que bruto eres! Estas cosas no se comentan, hombre - respondió ella risueña.

En muchas ocasiones, más que revolcarnos en la cama también hablábamos de diferentes temas. Sobre todo de nuestras vidas. Así supe que la familia de Carmen gozaba de prestigio social en Granada. Pero que su padre era muy autoritario. En su casa siempre se tenía que hacer lo que él ordenaba; y quién no estuviese dispuesto a obedecer a sus órdenes, se iba de patas sin ninguna contemplación a la calle fuese quien fuese.

- Oh. Yo quería mucho a mi padre, pero también tenía muchos encontronazos con él por su manera de pensar- me contó Carmen-. Yo le decía que los tiempos van cambiando, pero a mi padre le daba igual y seguía en sus trece.

- Es que tu padre representaba a la autoridad, que era un reflejo del sistema político de su época.

- Será éso.

- Aquí en cambio ha habido familias en las que ha predominado el matriarcado.

-¡Eeeehhh! Esto te lo inventas tú.

Y ambos nos reíamos.

Mas un día que se nos ocurrió ir al cine y al salir del local un conocido de mi familia nos vio en la calle muy cogidos del brazo por lo que le faltó tiempo para comunicárselo a mi padre, el cual nos esperaba en su casa con el ceño fruncido.

- Me han dicho que os han visto en la calle que íbais como dos enamorados. ¿Qué está sucediendo aquí? - inquirió él rojo de ira.

Como es de suponer a mí me temblaban las piernas por aquella tensa situación.

Carmen agachó la cabeza dando a entender con ello la culpa que la embargaba.

- ¿Así es cómo me pagáis los desvelos, el amor que he tenido por vosotros?

El espeso silencio que se enseñoreaba en la casa era más elocuente que cualquier palabra.

Mi padre rompió toda relación conmigo y yo me embarqué en un avión con destino a Nueva York y empezar allí una nueva vida; y por otra parte mi progenitor se divorció de Carmen puesto que no la pudo perdonar, dado que a su juicio ella le había herido su honor.

Dice la Mitologia griega que Fedra era una princesa de la isla de Creta, que se casó con Tesseo, pero que  ella se enamoró de su hijo Hipólito, por lo que la mujer acabó muy mal. Mas lo cierto es que la Mitología refleja muchas veces las pasiones humanas, que se repiten una y otra vez a lo largo de los siglos.

He vivido una historia romántica con una maravillosa mujer llamada Carmen Lozano casada con mi padre,  pero que en su fuero interior albergaba el mismo espíritu de aquella mujer cretense llamada Fedra.

 


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