Lupe, mi primer amor

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Soy Augusto y cuando se produjo esta historia vivía en México y rememorando hechos que me ocurrieron hace mucho tiempo, quería volcar esta experiencia que de alguna forma marco mi adolescencia.

Ya había cumplido mi mayoría de edad y tenía muy poca experiencia en todo lo referido a las mujeres, había algunas chicas con las cuales tuve alguno que otro beso, pero todo era muy cándido, para esa época, hacia los años 70, en la cual no existían los medios actuales de comunicación.

En el vecindario, se había producido la mudanza de un matrimonio, que se vino a presentar a mi madre y al que llamaremos Hugo y Diana y que tenían una hija de cabellos rubios,  de nombre Lupe y de la cual quede impactado, pues no era común su tez blanca y el pelo que parecía una cascada dorada que le caía sobre sus hombros, por supuesto que quede embelesado, por lo  que para mi significaba un  sueño hecho realidad. La casualidad hizo que concurriera al mismo establecimiento que yo y que por lo que fuimos conversando tuviéramos gustos parecidos en música y en andar en bicicleta, lo cual aprovechábamos para hacer largos paseos durante los fines de semana. Supe que tenía mi misma edad, que venía del interior, le gustaba además ir al gimnasio  y sus padres eran enfermeros que cumplían funciones en el hospital municipal. Mi padre que era médico, pronto congenio con Hugo al que frecuentaba, bastante seguido por ser de alguna manera colegas de profesión y su madre que no ejercía, venia muy frecuentemente a mi casa para charlar con la mía.

Así las cosas, la relación con Lupe se fue afianzando cada vez más y era muy común que nos vieran juntos, ya sea en el instituto, en la bicicleta, en la plaza o saliendo a caminar juntos, nuestros padres empezaron a soñar con que en algún momento nos íbamos a casar, aunque para nosotros todo era muy inocente y ni siquiera habíamos cruzado algún tocamiento o darnos un beso, solo la pasábamos bien, mientras compartíamos aquellas cosas que nos interesaban y parecía que lo referido al sexo estaba muy lejano.

Mis amigos, me solían hacer bromas, si ya lo habíamos hecho o que tal besaba Lupe o si era fogosa, pero yo no hacía caso y los dejaba sin respuesta, lo que aumentaba su fastidio, si bien era cierto que estábamos en una edad en donde las hormonas se encuentran desarrolladas al máximo lo nuestro iba por otro lado, buscando aquellas cuestiones que nos hacían avanzar mas a lo espiritual que a lo terrenal.

Paso casi un año y comenzaron a surgir algunas situaciones que nos hicieron alejar paulatinamente, ya no nos veíamos tanto, pues  ella quería profundizar su ingreso a la facultad y a mi me interesaba la biología dado que  quería intentar seguir la carrera de mis padres, pero se dio lo que no habíamos buscado, una tarde que estábamos solos, se me acerco y busco mis labios, con una intensidad que me sorprendió y que por supuesto respondí de inmediato, sus labios eran húmedos y carnosos, los que recorrí ávidamente e introduje mi lengua en su boca, las que se enroscaron con pasión. Fue para ambos el primer acercamiento y que ante la llegada de mi padre interrumpimos con presteza, pero que abrió una compuerta que no habíamos explorado. De allí en más cada vez que podíamos y cuando estábamos juntos, nos perdíamos por la campiña buscando rincones apartados para compartir estos momentos que recuerdo como sublimes y que por primera vez compartíamos con toda la  adrenalina brotando de nuestro cuerpo. Por supuesto que una cosa fue abriendo paso a otra y de a poco fuimos descubriendo nuevas sensaciones, que para ambos eran desconocidas, así descubrimos que había rincones en donde el placer era mayor y su tocamiento producía un enorme  goce y quisimos vernos tal como éramos sin ropa, aun con el riesgo que alguien pudiera merodear por los alrededores, para ambos fueron los primeros cuerpos del sexo opuesto que visualizamos lo que nos produjo sensaciones encontradas, por supuesto para mi, muchos mas evidentes que para Lupe, quien me dijo sin embargo, que el calor en su parte baja era muy intenso.

Les parecerá extraño, que para nuestra edad, recién vislumbrábamos estas sensaciones, pero estábamos  en los años 70 y el sexo era un tabú vedado para los jóvenes, pero lo que si sabíamos que nos gustaba vernos, pero en alguna ocasión vimos merodear a algunos paisanos, lo que hizo que debiéramos suspender estos encuentros, ante el peligro  que fuéramos descubiertos. No estábamos muy  seguros si éramos novios, solo amigos, compañeros que compartíamos estudios o gustos parecidos pero al no tener un lugar para seguir descubriendo el sexo, las cosas en ese aspecto se fueron enfriando y a mi me empezaron a llamar la atención algunas chicas de mi curso, con lo cual de a poco dejamos de frecuentarnos, mi madre quería indagar el motivo de este comportamiento pero siempre le conteste con evasivas. En tanto Lupe salía con amigas y parecía no tener ningún novio que la cortejara.

Mis necesidades sexuales eran ya evidentes y lo que en la actualidad parece simple de satisfacer, en esos años requería un trabajo elaborado para conquistar a las chicas, porque todavía la educación recibida en sus hogares, tenía como fundamento, el casarse y la virginidad que era un bien codiciado por algunos hombres, así que siguiendo el consejo de Juan Manuel, mi amigo que era un par de años mayor, me sugirió ir a una ciudad cercana y buscar un burdel, así pasaba todo desapercibido. Lo medite y me lance a la aventura, buscando la dirección que me había dado, que era una casa antigua con una enorme entrada que  tenía reja una como acceso, si bien era mayor, creo que no lo parecía y me preguntaron mi edad y tomaron nota de mis datos, todo era muy solemne a pesar de lo que me iba a suceder. Me ofrecieron una copa lo que deseché y luego de abonar lo estipulado, pasaron delante mío varias chicas de diverso tipo que se ofrecían seductoramente insinuando sus encantos, por supuesto de diferentes edades, pero con cuerpos que me parecían de ensueño, ya que a la única que había visto sin ropas era a Lupe, que si bien era hermosa no podía competir con esas formas que se mostraban desafiantes. No tenia demasiado tiempo para escoger  asi que me quede con una rubia alta que tenia grandes senos y una cola para el infarto, quien me tomo la mano y me dijo:

Soy Ingrid, vamos al primer piso, como te llamas precioso? Augusto, conteste casi a media vos.

Comenzó a reírse y mientras caminábamos expreso:

Es tu primera vez verdad ?, dándolo por cierto continuo, no te preocupes la pasaremos bien.

Mis nervios eran evidentes y no sabia si mi amiguito, al que tantas veces estimule en soledad, iba a cumplir su cometido, pero no había duda que Ingrd sabia su trabajo y con suma delicadeza me fue llevando al éxtasis supremo y que por supuesto llevo en mi memoria de por vida.

De allí en mas, mi vida cambio, pues el sexo ya fue parte de mi existencia y al haber probado el placer lo fui buscando incesantemente con mujeres de todo tipo y nivel.

Lupe, fue quedando en el olvido, aunque en una ocasión que caminaba por los lugares que antaño frecuentábamos por el campo, vi un movimiento extraño, por lo que me acerque cuidadosamente y lo que vi me llamo poderosamente la atención: dos figuras se estaban besando apasionadamente, acariciándose con pasión, no se porque me quede  mirando detrás de unos arbustos, cuando se separaron vi nítidamente la cara de Lupe y la otra que la acariciaba, por lo que se veía con mucho cariño, era una mujer, un poco mayor y que si bien hablaban casi susurrando, pude oír que le decía:

Viste hermosa, lo lindo que se siente y todo lo que te fui enseñando no hizo más que avivar tus deseos, sin ningún peligro de quedar embarazada.

Le bajo su vestido y comenzó a besarle sus pechos, pasando sus labios ávidamente, a lo que Lupe respondía jadeando y casi gritaba:

Así, Así, Manu, Asi por favor, haceme tuya.

Se apreciaba el placer mutuo, por lo que ya no quise seguir mirando y como había llegado me aleje, con un sentimiento encontrado, pues reconozco que nunca había apreciado a dos mujeres hacer el amor, si bien sabia del amor lésbico, pero al haberla visto tan apasionada, no puedo negar que sentí algo de celos, por no haber pasado en nuestros escarceos, de besos o estando desnudos no haberla hecho mía.

Tiempo después la vi nuevamente y nos saludamos  con cordialidad, me comento que se iba a estudiar a otra ciudad y yo le hable de mis nuevos proyectos, luego de los cual no la vi mas. Me recibí de médico, me case, tuve hijos y mi vida fue feliz, pero el recuerdo de Lupe, mi primer amor, y el recuerdo de aquella escena me persiguió durante mucho tiempo.


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