EL PLACER DEL VOYEUR

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EL PLACER DEL VOYEUR

Trabajo en una oficina inmobiliaria en una playa del sur de España. Dada la orientación de ésta y su diseño, tres de sus cuatro paredes son amplios escaparates, el sol del mes de agosto combate hasta la insolación. Es por eso que a partir de cierta hora hay que bajar los estores y poner el aire acondicionado. De esta manera, desde mi ordenador, pegado a uno de los escaparates puedo ver lo que sucede en la calle sin ser visto desde fuera.

Sobre las 6 de la tarde, una chica de unos treinta y tantos años se paró frente al escaparate junto a mí para ver los anuncios que tenemos expuestos. La acompañaba su madre que se ha dirigido a otro pare ver el resto de anuncios de viviendas en venta. Por sus aspectos, habían aprovechado la temperatura para darse un chapuzón y tumbarse al sol.

La chica se ha acercado al cristal un par de veces para leer algunos de los anuncios. Al otro lado, yo la he observado con la seguridad de no ser visto. Era la típica mujer menudita, de belleza aniñada, ojos claros y media melena rubia recogida en una cola.

Vestía un vestido corto muy veraniego tipo bata, abotonado por delante, de color rojo. Pese a no tener demasiado pecho sus pezones se marcaban de manera provocativa aprisionados por la prenda. 

Eso me ha hecho sospechar que quizá no llevaba bikini debajo. Es decir, tras bañarse, y para no quedarse con él mojado bajo la bata, se pudo desprender de él. Pero segundos más tarde, y aquí viene el hecho que me ha puesto caliente, la chica, de manera inconsciente supongo, ha comenzado a rascarse disimuladamente el coño, metiendo uno de sus dedos entre dos botones. Esto ha hecho que se le desabrocharse y me mostrase un primerísimo plano de su raja cubierta por una estrecha franja de rizos castaños....

Inmediatamente he notado que mi entrepierna reaccionaba a la visión del coño de la desconocida. Durante menos de 30 segundo la mujer ha terminado de rascarse y se ha vuelto a abrochar la bata sin que nadie, excepto yo (cosa que ella no podía saber), haya visto nada. Pero todavía ha habido más.

La madre ha estado comprobando si estábamos abierto para consultar por alguno de los anuncios. Al abrir la puerta me ha buscado hasta verme tras una mesa junto al estor del escaparate que miraba su hija. Por supuesto, la señora, ajena al espectáculo que me había ofrecido la hija se ha sentado ante mí y ha empezado a consultar. Un minuto después ha entrado su hija y se ha sorprendido de verme sentado junto a aquel escaparate. Al mirar hacia fuera se ha dado cuenta de que yo he presenciado como se rascaba el coño. Yo le he mirado con media sonrisa y ella se ha ruborizado un poco.

Todo ha sido de manera muy sutil con lo que la señora madre no se ha dado cuenta de nada y seguido con sus consultas... La hija me ha dedicado un par de sonrisas de placer morboso.

 


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