Historias del 14 de Febrero: El regalo para la novia

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La comunicación inició, la chica alejaba el dedo luego de haber tocado la pantalla del celular para activar la videollamada.

“Ya está. ¿Me estás viendo?”, preguntó la joven.

La chica llevaba dos audífonos inalámbricos en sus oídos, vinculados al aparato telefónico al que se dirigía al hablar. Vestía sólo una camiseta de manga larga algo holgada, pantaletas y tines en sus pies. Estando sobre una cama parecería que estaba a punto de dormir, pero ese no era el caso.

“Oye esto se siente tan raro... lo sé, aunque... No, de hecho, al principio creí que sería una pésima idea, en especial porque me pediste que lo grabáramos..., sí, aún pienso que es una total locura, pero... jaja, sí, aún pienso que eres un maldito pervertido, de esos que les muestran a sus amigos los videos privados de su novia, jajaja... pero no importa amor, te amo”

La morena joven se recostó de costado, dando la espalda a la cámara que transmitía su imagen, aunque sin dejar de ver al aparato pues hacia él volteaba su cabeza. De esta manera en primer plano quedaban sus deliciosas piernas semiflexionadas, y éstas remataban en un hermoso culazo cetrino bien redondeado. En medio de sus rollizos muslos, que se antojaban por su tez, volumen y predecible suavidad, se empaquetaba una abultada puchita dentro de la tela de su calzón. Evidentemente ella se había posado de tal forma para exhibir su bulto. Y esto lo hizo más evidente al meter su brazo por debajo de una de sus corvas y jalar una de sus piernas exponiendo más su vulva, que en parte escapaba de su prenda íntima.

“¿Sabes? Deberías valorar más a tu novia, muchos desearían estar en tu lugar, lo que es paradójico. Mira que tenerle que pagar a alguien para que me coja; como sea, no me preocuparé por eso, tú eres quien está pagando”, y ella rio.

En ese momento la puerta que estaba al fondo se abrió.

“Uy, ya viene... Oh Dios mío, no me creo lo que va a pasar”, decía ella al mismo tiempo que el hombre —quien sólo vestía bóxers— se trepaba a la cama y se le acercaba.

Aquél tenía un cuerpo bien tonificado, agradable a la vista. Inmediatamente comenzó a acariciar a la dama que reposaba en la cama. Ella le correspondió acariciándolo de los brazos.

“Todo lo que me dijiste de él es verdad, tiene un cuerpazo”, dijo acariciándole la musculatura al extraño, aunque dirigiéndose a su novio por medio del celular que transmitía su imagen.

El hombre la besó y ella se dejó hacer. Sin dejar de saborearle los labios, el macho le metió las manos debajo de la camiseta, así evidenció que no traía prenda íntima debajo, agasajándole directamente las tetas.

Le retiró la prenda superior para besarle y chuparle las mamas sin estorbo alguno. Mientras éste sorbía ella reaccionaba a tal acto emitiendo sonidos que evidenciaban su sentir.

Luego aquél, tomándola del culo, hizo que ella quedase empinada con el fundillo apuntando hacia arriba. Así le retiró las pantaletas quedando sólo vestida con sus tines en sus pies. En tal posición el hombre le metió lengua en la panocha de la joven; aquella reaccionó emitiendo leves bufidos de placer.

“Ay bebé, estoy sintiendo bien rico”, decía extasiada.

Tras haber quedado bien lamida de la vulva; cosa que se notaba a cámara pues brillaba de humedad de ahí; el macho se agarró en un puño su propia verga.

“Ay amor, está preparando su verga”, exclamó la chica al ver como aquél se tallaba; aún sobre el bóxer; el paquete de carne tubular que guardaba debajo de la tela.

El hombre se retiró la única prenda que vestía, y una vez que se sostuvo el vergazo en mano lo hizo martillar sobre la palma de su otra mano cual mandarria de tiesa carne.

“¡Amor... no puedo creerlo, la tiene bien grande...! Sí, está más grande que la tuya”, profirió sin recato.

Como él avanzó sobre sus rodillas, aproximándose a la chica, ésta no necesitó de indicaciones para saber lo que él pretendía.

“Amor, estoy por hacerlos milky brothers. Oh Dios”, dijo e inmediatamente procedió a meterse el grueso falo en su boca la cual tuvo que abrir al máximo.

Algo comentó su novio telefónicamente pues ella rió en reacción, aunque dado que el otro hombre la sostenía de la nuca no pudo sacarse el miembro de la boca y aún riendo siguió con su labor.

Después de darse el gusto de recibir una afanosa mamada el individuo volteó a la joven mujer haciendo que quedara en cuatro, con el culo hacia él.

“Oh Dios mío, me está poniendo de a perrito y... va a pasar lo que tiene que pasar —de repente la joven, evidentemente, recibió réplica del novio, así que le respondió—. Ay, ahora no me digas que ya te arrepentiste. Demasiado tarde bebé”, ella decía esto mientras que el asta de tiesa carne se veía erecta y apuntando hacia su objetivo natural.

“Te dije que lo pensaras bien, está a punto de entrar”, le comentaba al novio a la vez que las manos del otro se afianzaron de sus nalgas, tras de lo cual llevó una mano para pasear su verga por toda la abertura vaginal que se le ofrendaba.

“¿Parar? No puedo parar esto ahora —expresaba ella a la vez que el pene ya iba entrando— ...ah carajo, lo tengo dentro”, dijo esto cuando todo el miembro se le resguardó expandiéndole el interior de sus entrañas.

Cuando ya comenzó el vaivén...

“Esto es tan raro... estoy haciéndolo con un desconocido”, ella dijo.

Como buen semental aquél demostró su enjundia aplicando brío y buen ritmo en sus veloces y duras arremetidas.

“Ah... vaya que me está dando —decía mientras aquél la embestía con fuerza y celeridad, ella expulsó quejidos como burra en celo—. ¿Sabes que estos sonidos son de placer, verdad...? Yo sé que lo sabes”, le comentó al novio y rio divertida.

El hombre la irguió y ambos cuerpos, hincados sobre la cama, quedaron acoplados como cucharas una detrás de la otra, sin embargo, el movimiento pélvico siguió sin frenar.

“Oh Dios”, repetía ella, una y otra vez.

Cuando aquél le sacó la verga sólo fue para darle la vuelta y hacérselo de frente con las pantorrillas sobre sus hombros. Estando así él la besó y ella le correspondió con afecto. Algo dijo el novio al respecto y ella rio.

“Ay cállate... ¿cuántas mujeres lo hacen con otros, engañando a sus parejas?, tú siquiera lo sabes y estás viendo cómo lo hago, jajaja...”, y siguió besando al tipo.

“No, ya sé, esto es pura cogedera. Tranquilo, sólo nos estamos divirtiendo... ¡...ay, carajo!”, y tras decir esto fue notorio, el hombre se le había venido estando adentro, bien hondo.

“Ay amor, se vino dentro y estoy ovulando... no, no, no. No estoy bajo ningún control, tú sabes que... no, no lo pensé. No creí que terminaría ahí. ¡Sí amor, debimos usar condón en todo caso, ¿pero ahora...?!  Ay, no sé, pero tú te tendrás que hacer responsable si algo pasa”.

Y el pene fue sacado dejando escapar a su salida un poco del espeso líquido nacarado que manchó la cubierta de la cama.


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