El Sobrino (Viernes) Capítulo 1 (3/3)

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Él no se detenía, continuaba bailando como si nada, pero yo en sus ojos podía ver que estaba sintiendo todo mi cuerpo y lo disfrutaba. No podía creerlo, todos sus esfuerzos por pegarse a mí habían dado fruto y en ese momento debía estar sintiendo mis pezones erectos contra su pecho, mi abdomen contra el suyo y mi vientre contra su entrepierna…

Todos los pensamientos me atacaron en un segundo cuando pude analizar bien la situación. Dejé que mi cuerpo sintiera también la delgadez y firmeza del suyo, quise inspeccionar cada parte que mi cuerpo lograba sentir: grave error. 

Justo en ese momento pude comprobar que estaba pasando algo más, algo que no había calculado hasta entonces porque me parecía lejos de toda posibilidad. En ese momento, pegada a todo su cuerpo, sentí algo duro y fuerte en su entrepierna.

Estaba nerviosa y atrapada, pues no podía pensar en otra cosa que se acabara la canción, pero como también estaba confundida, le eché la culpa a los tragos que me había tomado de whisky y a los que también había tomado Joaquín. 

Me dije que eso no podía ser verdad, cómo iba a tener una erección un chico como mi sobrino conmigo, las personas de su edad pueden tener chicas jóvenes, sus compañeras de estudio o alguna de sus novias seguro habrían sido más sexys que yo, entonces pensé que debía confirmar lo que sospechaba y sin dudarlo puse mi mano sobre su lumbar y terminé de empujarlo contra mí.

Toda su pelvis quedó aprisionada contra mi vientre y ahí pude confirmarlo todo: una erección completa que sentía desde el Monte de Venus hasta mi ombligo, parecía una columna de hierro que sostenía su cuerpo. Así la sentí mientras nos seguíamos moviendo ahora mucho más lento al ritmo de la música. Yo lo miraba fijamente a los ojos mientras él intentaba esquivar mi mirada. Ninguno decía nada. 

Al parecer, ahora que me tenía donde tanto había querido, estaba asustado y no sabía qué hacer.

Yo continué bailando, meneando mis caderas a un ritmo más lento pero más pegado a él, restregándome sutilmente sobre lo que escondía su pantalón. 

Esos movimientos debieron estimularlo porque inmediatamente allá abajo todo se movió de un salto, estábamos tan juntos que casi podía sentir cómo la sangre entraba a toda velocidad y aumentaba el tamaño y el grosor de su pene, en ese momento no podía detenerme, no sabía quién era yo ni por qué no había cortado con todo.

De repente era como si nos hubiéramos teletransportado a otro lugar, como si no hubiera nadie alrededor y esa sala fuera una habitación llena de lujuria en la que solo estábamos los dos. Yo, no como una esposa aburrida sino como una diosa del placer y él no como Joaquín mi sobrino, sino como un semental lleno de ganas de complacerme.

Estaba bajo un hechizo difícil de escapar, y si lo describo con mucha precisión es porque se sintió tan intenso que puedo recordar cada detalle. Mi cuerpo pegado al suyo, su pecho apretando mis senos, mi vientre presionando su pene, nuestros rostros frente a frente, inexpresivos, esperando a que el otro reaccionara, a que el otro hiciera el primer movimiento para descubrir lo que ambos estábamos dispuestos a hacer. 

Cuando acabó la canción, inmediatamente salí del hechizo. No sé cuánto tiempo duramos así, pero cuando la música cesó fue como estar de nuevo en la sala con toda la familia de mi esposo rodeándome, y la persona que tenía enfrente era mi sobrino Joaquincito. 

Me llené de terror en ese momento, pues llegué a pensar que quizás alguien nos había visto, pero al parecer nadie se percató de lo que ocurría casi al frente de sus ojos. Benditas sean las luces de discoteca y la oscuridad parcial que nos cubrió de los demás. 

Lo alejé bruscamente de mi cuerpo y me fui a sentar. Joaquín me dijo que volviera pero preferí ignorarlo y envolverme en mi cobija. Afortunadamente todos seguían bailando y bebiendo, demasiado ocupados para prestarnos atención. 

Él se sentó en una silla alejado de mí mientras yo tomaba otra copa de whisky y decidía irme a dormir, pues las miradas de mi sobrino no paraban y yo ya me sentía un poco ebria e incómoda.

Le dije a mi esposo que me acostaría ya y él aunque me insistió de nuevo en quedarme, esta vez no le di gusto y me fui derecho para el cuarto.

Entré y cerré la puerta, lastimosamente en esas habitaciones solo era posible asegurar la puerta con una llave y yo no la tenía en ese momento, así que no pude cerrarla bien.

Dejé caer la cobija al piso y me di cuenta que mis pezones seguían parados y duros, me pasé las manos por encima de ellos y los pellizqué fuerte con mis dedos hasta que sentí otro escalofrío por mi cuerpo, entonces apagué la luz y me tumbé en la cama boca arriba muy excitada.

Busqué mi celular para intentar bajar la calentura con alguna distracción, pero me di cuenta que lo había dejado en la sala con la música.

Entonces solo cerré los ojos y empezaron a aparecer en mi cabeza imágenes de cuando bailaba con mi sobrino, de la forma en que me miraba con deseo y como se sentía su cuerpo pegado al mío. Era inevitable, necesitaba sacar toda esa fogosidad de mi cuerpo cuanto antes, era momento de actuar.

Me quité el short y lo dejé encima de la cama para ponérmelo rápido por si necesitaba salir. Metí mi mano derecha debajo de la tanga con mucha suavidad, tenía empapada la tanga, no me había dado cuenta de lo excitada que estaba, entonces me empecé a tocar con mis dedos de arriba a abajo acariciando mi vagina y sintiendo toda su humedad que cada vez aumentaba. 

El corazón me palpitaba más fuerte, quería arrancarme la ropa, pero no quería quedar completamente desnuda sabiendo que cualquiera podría entrar en cualquier momento, entonces con la otra mano me subí la blusa dejando salir un poco mis tetas, para poder tocar mis pezones desnudos que cada vez se endurecían y le transmitían más placer a todo mi cuerpo.

Me acariciaba casi como todos los días lo hacía en las mañanas, antes de ir al trabajo, cuando amanecía con ganas y mi esposo no estaba para quitármelas. Pero esta vez era un poco distinto, no entendía por qué estaba tan excitada, tan mojada, tan sensible, apenas con suaves caricias el cuerpo se me estremecía por completo, esa sensación me preocupaba ya que era nueva para mí, pero a la vez me encantaba poder sentir tantas cosas, en esos momentos no me cambiaba por nadie.

La mayoría de las veces usaba mi celular para ver porno e inspirarme un poco, pero en ese momento no necesitaba nada, mi cabeza proyectaba imágenes confusas, prohibidas, que me tenían a punto de estallar. Uno de mis dedos rozó mi clítoris y me hizo soltar un gemido… oh, mi cuerpo se arqueó como si pasara electricidad por él, mi piel se erizó y me mordí los labios para intentar contener otro gemido.

Cada imagen de su pelvis contra mi vientre se sentía muy real, era como si tuviera a Joaquín encima mío, casi podía palpar su cuerpo, mis pezones sentían como rozaban su pecho y sentía que se iban a reventar. Todo mi cuerpo había provocado semejante erección en un joven como él, de pensar eso me retorcía en la cama mientras mis dedos se empapaban y yo hacía más esfuerzos por no gemir muy fuerte…

¡Oh! 

Dejé escapar uno muy fuerte a la vez que mis dedos se resbalaban hacia adentro de mi vagina, ya no podía parar, empecé a meterlos cada vez más rápido y más fuerte…

¡oh, oh, oh! 

Me masturbaba mientras imaginaba lo que había pasado allá frente a todos… Frente a mi esposo, sus hermanos y toda su familia habían sentido el gran pene de mi sobrino sobre mi vientre, esa situación que ni en mis más oscuros sueños o pesadillas se me había aparecido, me tenía semidesnuda, empapada, masturbándome y gimiendo en la cama.

Estaba a punto de llegar al clímax y lograr hasta ahora uno de los mejores orgasmos de mi vida, pero un ruido fuerte en la puerta me hizo detener en seco pensando que mi esposo había entrado al cuarto.

Sin pensarlo dos veces me subí las tangas, me bajé la blusa para cubrir mis senos y paré de gemir, me hice la dormida, pero al cabo de unos minutos no entró nadie, entonces decidí pararme a mirar qué había sonado, encendí la luz y me di cuenta de que la cerradura estaba entreabierta. 

La abrí por completo y no había nadie en el pasillo, afuera se escuchaba aún la música y todos de fiesta, hasta mi esposo, pensé que todo había sido sugestión entonces decidí cerrar, apagar de nuevo la luz y acostarme a dormir.

Me desperté tiempo después, cuando sentí llegar a mi esposo, venía muy ebrio y cayó acostado a mi lado casi dormido ya. Yo aún estaba mareada por el whisky y también tenía muchas ganas de ir al baño, así que me levanté, pero cuando quise buscar el short para ponérmelo, noté que mi esposo se había acostado encima de él. 

Como ya no aguantaba las ganas de orinar, aproveché que la casa ya estaba en completa soledad para salir al baño solo en tanga.

Continuará...


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