Actos opuestos (parte 4) Los compinches

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– Hola Cris –exclamó, Wilson.
– Hola flaquito.
– ¡Cristina vamos! Así no llegamos nunca al centro.
– ¿A qué horas vuelves?
– Más tarde –dijo, Cristina, afanada– ¡Ya voy mamá! –Gritó–. Por la noche nos vemos en la casa de Jairo, bueno…
– ¡Listo!
Cristina, Jairo y Wilson tres compinches. Jairo el mayor, pero su relación con los dos chicos era profunda. Habían crecido juntos, como hermanos, pero sin la misma sangre y eso era una ventaja.
Wilson la contempló mientras corría para alcanzar a su madre y no dejó de verla hasta unos minutos después de que volteara la esquina. Se espabiló con un leve suspiro y continúo su camino.
Frente a la casa de Jairo se acomodó y silbó no muy fuerte un par de veces. Inmediatamente se movió la cortina. Jairo salió por la ventana y le hizo señas para que le esperara. Wilson pareció no entender, entonces Jairo abrió toda la cortina y mostró su dorso desnudo con la toalla alrededor de su cintura. Wilson afirmó con la cabeza riendo y le indicó la tienda de la esquina.

“Por la tarde no hay nada. Salgo a buscar mis panas. Nos paramos en la esquina. No hay nada por la avenida…”.

– Hola, don Tirso.
– Hola Wilson –exclamó, un viejo gordo que se encontraba recostado sobre el congelador que hacía de vitrina–. ¿Qué hay de nuevo? ¿Ya entró a la universidad?
– El próximo semestre.
Sabía la respuesta, pero de forma necia los interrogaba siempre. Le divertía escuchar a los chicos disculparse, ser evasivos repitiendo que era justo descansar de tanto estudio, preferían mejorar el puntaje para ingresar sin problemas, hacer un curso de inglés. “El preuniversitario empieza el próximo mes y dicen que es buenísimo”
Ustedes nacen cansados les decía riendo. Pero como siempre está el alcahuete. “Tantos años de estudio, pobrecito mijo, tiene que descansar unos meses”, la mamá de Wilson lo justificaba.
Después de una media hora Jairo apareció por la tienda. “¡Hola don Tirso! ¡Qué más flaco!”, se saludaron con alegría.
– Acompañame donde el Nelson.

“Vamos a dar una vuelta. Un serrucho para la botella. Nos sentamos en la escalera y cantamos canciones viejas. Tiempo pa´ matar...”.

– Qué hubo muchachos.
– Hola Nelson.
– Venimos a saludarte y a ver que hay para hacer aquí.
– Lo mismo de siempre. Mañana miércoles se empieza a mover este chuzo –respondió y les explicó que lunes y martes eran muy malos para el negocio–. Tiene que ser muy degenerado para empezar a beber desde el martes. –Pero los había dijeron entre risas.
Y se pasaban la tarde echando carreta de todo un poco. Del tiempo, “ayer llovió mucho y se inundó la calle”; de los vecinos, “sabías que arriendan la casa de al lado”; de fútbol, “esta noche hay partido”; de mujeres, “a la Cristinita dejámela quieta”; de música, “pone una salsita”.

“Matando el tiempo no es lo mismo que tiempo pa´ matar, no sea bruto. Esperando el momento preciso y ahora es cuando es,,,”.

– Vamos, la Cris ya tiene que llegar.


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