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Consulto por décima vez la ruta que tendría que hacer para llegar al hotel, aunque ya me sé de memoria hasta la salida que tengo que coger una vez llegue a la parada de metro. 54 minutos, ruta recomendada. Salida a las 17:06.

¿De verdad voy a hacerlo?

Tengo la cabeza embotada y apenas siento el corazón desde que recibí el mensaje.

Ha sido un verano intenso y excesivamente caluroso, no precisamente por las altas temperaturas que hemos alcanzado, aunque también. No recuerdo ninguna otra ocasión anterior en la que la necesidad de sexo viniese a visitarme día, tarde y noche. Hace un par de años que me desintoxiqué de la necesidad de estar el 90% de mi tiempo con el móvil en la mano y cientos de redes sociales abiertas, pero últimamente dependo única y exclusivamente de una notificación.

¿Estás tan nervioso como lo estoy yo?

Siempre me he permitido el lujo de ponerte calificativos sin conocerte en persona, al menos todavía. Siempre te he visto más tranquilo, muy de fluir. ¿Significará tanto como lo será para mí? Mentiría si dijese que todo se justifica si nos centramos en que va a ser mi primera vez. Hay tanto detrás de eso, que ya son varias las veces que me he abrumado de la nada.

No debería hacerlo, no puedo. Voy a escribirte un mensaje disculpándome por todo e indicándote que no creo que sea buena idea ir. ¿Qué pensaría… no sé… cualquiera? Además, ¡no soy nada sensual! Estoy segura de que tienes un concepto de mí totalmente idealizado por cómo me defiendo con las palabras. No quiero decepcionarte.

Saludo al conductor del autobús, apoyo la espalda en uno de los cristales y suspiro tras convencerme a mí misma de que estoy haciendo lo correcto yéndome a casa. Vuelvo a abrir nuestro chat dispuesta a rechazar tu plan.

‘’… He reservado una habitación de hotel…’’.

Joder. Podrías haberme invitado a tu casa o haberme propuesto vernos en alguna cafetería o parque de Madrid. Sabes que siento debilidad por los hoteles.

‘’… Sé que es una locura, y que probablemente no vayas a venir, pero tenía que hacerlo. Tenía que darnos la oportunidad…’’.

Nunca he creído en la intuición, aunque sí que me he descubierto en situaciones en las que me replanteaba absolutamente esta no-creencia. Tu primer correo, aunque inconscientemente, fue una de ellas. La redacción, las palabras, la vibración; no sé.

No nos faltó mucho tiempo para empezar a subir el tono de cada email. Cada mensaje era una propuesta más indecente que la anterior, un gemido ahogado constante. Nunca me había insinuado de aquella manera. Me sorprendía el poder que tenía una simple sutileza para humedecerme y acalorarme sin apenas progresión. Aún lo consigues sin apenas pestañear.

¿Qué me has hecho?

Mierda. Ya se me ha pasado la parada. Presiono el botón para poder bajarme en la próxima y andar un poco más hasta casa. Sigue haciendo calor, pero por algún motivo siento un poco de aire fresco en la cara cuando bajo del autobús. No puedo negar que me lo haya imaginado.

Del correo electrónico pasamos a WhatsApp, no sin que antes retrasase el momento varias veces. Tú te habías atrevido a mandarme una foto tuya, pero yo seguía manteniendo mi aspecto físico totalmente oculto. Lo más lógico hubiese sido cambiar mi foto de perfil a alguna imagen neutral, pero ya sabes que desde que hablamos se me da un poco mal aquello de pensar.

Me palpo el pantalón intentando localizar las llaves. Bolsillo trasero derecho. Saludo al portero y llamo al ascensor. De repente, tu mano comienza a acariciarme el culo muy despacio hasta que se cuela por debajo del pantalón. Me cuesta horrores recuperar la compostura, meterme al ascensor y seleccionar el noveno piso. Trago saliva mientras entro en casa y vuelvo a desbloquear el móvil para encontrarme de lleno con nuestra conversación, de nuevo.

Empiezo a escribir, te mereces saberlo ya.

Al ir a seleccionar el botón de enviar, vuelvo a sentirlo. El calor me inunda los muslos y sube lentamente hasta mi intimidad. Tres segundos después, noto el tanga mojado. Diviso el margen inferior de una foto cortada en la parte superior de nuestro chat. Sin enviar aún el mensaje, deslizo la pantalla de forma que ahora puedo visualizar la foto al completo.

Joder, no me acordaba.

Anoche llegué a casa tras tomar algo con unas amigas y nada más avisarte, la recibí.

‘’¿Has pensado en mí? Yo te he tenido presente desde que llegué a casa’’.

Hasta entonces sólo nos habíamos dado descripciones, y eso me había sobrado para masturbarme varias veces al día imaginándomela en diversas partes de mi anatomía. Cuando la vi ayer me sentí arder como nunca había hecho antes. Poco después nos sorprendimos haciendo una videollamada en la que los únicos protagonistas eran nuestros sexos. La tenías tan dura que soltaste una risa disimulada cuando viste lo mojada que me tenías ya por entonces. Fue la primera vez que me permití el lujo de gemir alto mientras me corría por cuarta vez. Soltaste un par de tacos antes de gruñir corriéndote como hacía mucho que no hacías. Siempre me lo dices. Siempre me provoca.

Me obligo a volver a la realidad y observo el mensaje que continúa en mi teclado.

Niego con la cabeza unas diez veces antes de bloquear el móvil y desvestirme para meterme en la ducha. Siento la tentación de ignorar mi propósito de higiene para volver a masturbarme, pero deshecho la idea rápidamente. Ya son las 17:30 y no te quiero hacer esperar más.

La cabeza vuelve a darme vueltas y siento que el corazón se me va a salir del pecho mientras me enjabono el pelo a una velocidad casi inhumana.

No sé por qué he perdido tanto tiempo en negarme a mí misma lo evidente. Ahora mismo me da igual la edad que nos podamos llevar, me da igual que sea una absoluta locura, y me da igual lo que pienses de mí cuando me veas.

Necesito verte en persona, necesito que me toques, necesito sentirte completamente dentro mientras me gruñes al oído.

Me aclaro el cuerpo y el pelo con rapidez para enrollarme en dos toallas unos minutos después. Me detengo en el espejo, observándome. Tengo la cara completamente roja y la respiración acelerada. Acabo de decidir que no me voy a maquillar.

Sigo sin escribirte nada. No quiero arriesgarme a enviarte un mensaje confirmando que voy para después arrepentirme.

Voy corriendo a la cómoda para revolver toda la ropa interior con impaciencia. Me decido por un conjunto lencero mientras me permito imaginar cómo vas a reaccionar. Vuelven a asaltarme las dudas. Elijo un tanga y un sujetador de encaje negro con transparencias. El sujetador no tiene ningún tipo de relleno y el encaje apenas tapa mis pezones. Cruzo los dedos. Mi propósito es volverte loco, y espero conseguirlo.


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