TOCADA Y ACARICIADA

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Antonio y Carmen, un matrimonio recién jubilado, se encuentran en la calle con Pilar, una vecina, que lleva en las manos una caja con apariencia de contener una tarta.

¿Qué celebras? - le pregunta Carmen.

  • Cincuenta aniversarios, casi no me lo creo.  
  • - Pues estás muy bien -le dice Antonio.
  • - Gracias, la cosa es que estoy sola, ¿os apetece que nos comamos la tarta los tres, en mi casa?
  • - Nos encantaría -dice Carmen.
  • - Os espero a las seis. Prepararé también un café.
  • A las seis en punto, Antonio y Carmen llamaron a la puerta de la casa de Pilar, que enseguida les abrió y les invitó a entrar. Un gato de la raza siamés les saludó con un maullido y los acompañó hasta el comedor. Sobre la mesa estaban ya la tarta, las tazas, la cafetera, platos, cubiertos y servilletas.  Antonio y Carmen habían traído una botella de cava. Después de comer unos pedazos de tarta, Antonio descorchó la botella de cava y repartió el contenido en tres copas.  Carmen propuso un brindis por Pilar.
  • - Agradezco que me acompañéis esta tarde porque me sentía muy sola. A mi hermana no la han dejado salir de la residencia y mi hermano se encuentra de viaje. - dijo Pilar.
  • - No tienes nada que agradecer -señaló Carmen.
  • - Sois los mejores vecinos, siempre me he fiado de vosotros. En confianza, estoy harta de soledad, de no tener pareja desde hace más de diez años. Necesito que me toquen, que me acaricien la piel.
  • Antonio y Carmen se miraron.
  • - Si quieres, nosotros te acariciamos- le dijo Carmen- Te tocamos y te acariciamos. 
  • -De veras, ¿no os importa?
  • - Será un placer -dijo Antonio.
  • - Tú dirás cómo lo quieres -le dijo Carmen.
  • Pilar se levantó de la silla, se quitó la camiseta y se puso de espaldas a ellos. Debajo de la camiseta llevaba un sucinto sujetador rosa. Carmen se levantó, le pasó las manos por los hombros desnudos y luego las depositó encima de los pechos. Antonio se levantó también y detrás de ella le pasó las manos por la espalda. Luego le soltó el sujetador, que cayó al suelo, se abrazó a su espalda y le estrujó suavemente los grandes pechos desnudos.
  • Pilar suspiró de placer.
  • - ¡Qué vergüenza más placentera! -exhaló Pilar.
  • Carmen le bajó los pantalones y le metió una mano bajo sus bragas, avanzó por su vientre hacia abajo, llegó a su pubis y se lo acarició. Pilar mostró un gran placer, cerró los ojos y suspiró. Carmen se atrevió a más y metió un par de dedos en su vagina. Después le dijo que se inclinara sobre la mesa y separase las piernas. - ¿Qué queréis hacerme, por Dios? 

-Tocarte, como tú querías-le dijo Carmen.

Antonio y su mujer, detrás de Pilar, le acariciaron las piernas, las nalgas, la raja entre ellas, y la espalda, provocándole continuos suspiros de placer.


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