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Un hombre con playera verde pasea un perro negro. El perro viene con correa. La tarde acaba, y los rayos del sol parecen una primavera. Algunos rayos traspasan entre las ramas. Cayendo tibiamente en el pasto roído. Una chica triste pasea, con cubrebocas y el cabello tan cerca de sus ojos. Apenas deslumbran. Otro chico, más lejos, busca respuestas a los enigmas de su vida; sin éxito mira un posible futuro deslumbrante.

El sol sigue que baja. Imposibilidad de detenerlo porque ¡hay! La ley de la inercia. El mundo gira y no quiere detenerse. Te detienes un momento por una idea sin valor, y el panorama ya cambió de nuevo.

Un hombre y una mujer, ya de algunos años encima, se besan apasionadamente. Una familia corre tras el niño pequeño en su bicicleta roja. La madre intenta chantajear con sexo al esposo que ya nada puede. El mundo es una gran piedra que le cae del cielo. El marido, sin embargo, ha nacido de una diosa y un hombre. Sostiene la piedra como puede, a sus espaldas, y la sujeta ahí, hasta que un día llegue el momento ineludible. Y pueda sentir que el peso se desvanece. Quizá llegue a pensar, en ese terrible momento, que todo aquello no era la gran cosa. Ya es demasiado tarde. Pero vale la pena decirlo: ese día no es hoy. Ese día no será mañana. El mundo gira sin escrúpulo y sin miramientos.  


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