LA APUESTA 2

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Enviado el , clasificado en Terror / miedo
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Era noche cerrada cuando aquellos dos estudiantes se fueron caminando envueltos en sus capas a las afueras de la ciudad donde se hallaba el camposanto.

Una vez que hubieron llegado a aquel lugar Jaime con la ayuda de su amigo saltó la tapia del recinto. Así que una vez en su interior gracias al pálido resplandor de la luna llena el joven se vio rodeado de suntuosos mausoleos, en muchos de los cuales se erguían esculturas de ángles custodios que velaban el sueño eterno de los que yacían allí, cuya expresión marmórea y espectral parecía que desde el trasmundo juzgaban con severidad la intrusión de aquel irreverente visitante. Asimismo surgían de vez en cuando viejas y tétricas capillas protegidas por oxidadas rejas con sus corespondientes criptas que a su vez estaban rodeadas por un sinfin de modestos nichos.

A Jaime en aquellos momentos la dichosa apuesta con su amigo se le antojó que había sido una insensatez. ¿Qué demonios hacía él paseando por aquel inhóspito sitio? Pese a que hacía una luminosa noche al estudiante le dio la sensación que un manto negro se cernía en aquel entorno y que le venía a sugerir que todas las ambiciones humanas no eran más que una vana ilusión, una estupidez de la Humanidad porque en último término todo quedaba reducido a cenizas. Además Jaime se preguntaba por la incógnita de nuestra existencia. ¿Por qué nacíamos y por qué moríamos? ¿Se ocultaba alguna misteriosa Primera Causa detrás de nuestro efímero paso por este mundo como creía el iluso de Martin? ¿O todo era fruto de un caprichoso azar del que no se podía esperar nada como si de una burla del destino se tratara? Quizás debido a esta incertidumbre el ser humano ansiaba encontrarse con una divinidad que le rescatara de su pequeñez ante el universo.

Jaime procuró pensar en algo más alegre que le aliviara de la triste postración que le embargaba, derivada de aquel luctuoso espacio y se aferró al recuerdo de la bella Teresa, la hermana de su mejor amigo; y tomó asiento en un banco de piedra mientras se encendía un cigarro.

En aquel instante Jaime notó que algo se movía a su lado; era como un rumor. Se giro con brusquedad y pudo constatar que se trataba de la hojarasca que caía de un árbol que había cerca de una tumba que crepitaba al ser barrida por el viento. "¡Seré bobo de asustarme por esta nimiedad!" - se reprochó a sí mismo.

Como se aburría se entretuvo en leer el epitafio que estaba escrito en una lápida que decía: MI CUERPO DESAPARECERÁ, PERO MI AMOR HACIA TI TE SEGUIRÁ EN LA ETERNIDAD.

Cuando el estudiante se hartó de permanecer en aquel rincón, se levantó del asiento y de repente se apercibió que a lo lejos había una silueta blanca que se izaba en medio de la oscuridad. ¿Qué era aquello? Bien podría ser el tonto de Martín que quería gastarle una broma macabra para ganar la apuesta. ¡Pero a él se la iban a pega

- ¡Eh, Martín, deja de hacer el idiota que te he visto! - gritó Jaime con cierto histerismo.

Mas no obtuvo ninguna respuesta y la fantasmal figura seguía con una inquietante quietud. Parecía un espantapájaros esperando la llegada del estudiante.

Jaime corrió hacia aquella grotesca figura dispuesto a enfrentarse con lo que fuese. A lo mejor podía ser un vagabundo que había ido al cementerio para pasar la noche. De súbito la figura  empezó a moverse. Se diría que se inclinaba hacia un lado. Pero cuando Jaime hubo llegado hasta ella pudo percatarse que no era más que una cruz blanca la cual había dado lugar a que la percepción del joven se alterase lo suficiente como para producirle una terrorífica impresión. No obstante Jaime enseguida advirtió que efectivameente a sus espaldas había un escurridizo bulto que se movia con gran agilidad. ¡Por tanto sí que había alguien allí! Y a Jaime se le erizó el cabello. Sin embargo el miedo apenas duró unos segundos porque nuestro amigo descubrió que quien se movía era un gato que se había colado en el cementerio y el animal asustado de la presencia de aquel hombre saltaba de una tumba a la otra.

Acto seguido Jaime se dirigió al departamento donde estaban sepultados los más marginados de la sociedad como los herejes, los delincuentes... y también los más pobres. En aquel modesto recinto la mayoría de los cadáveres se hallaban sepultados en una fosa común dando a entender que posiblemente muchas de sus almas andarían errantes a nuestro alrededor sin poder entrar en el Reino Celestial. Esta creencia podía tener su fundamento porque Jaime observó con espanto que desde dicha fosa común emergían de un modo etéreo fantasmagórico unos vapores evanescentes de una ténue luminosidad que se elevaban en el aire. Pero este singular fenómeno lejos de ser entidades espectrales eran los "fuegos fátuos". Es decir eran  los  gases que se desprenden de las sustancias químicas de los cuerpos en descomposición.

-                                                                   CONTINÚA


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