100 DOLARES. Parte 3 y final

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Robbyn y el pequeño se pusieron manos a la obra, corrieron todos los muebles, barrieron el piso, revisaron los cestos de basura, movieron un enorme escritorio de hierro lleno de gavetas que pesaba “una tonelada”, revisaron todos los file por dentro documento a documento. Eran las 7 de la noche ya estaba oscureciendo, ambos estaban extenuados y el niño hambriento. Que tristeza embargaba la muchacha todo ese sacrifico en vano los 100 dólares se habían evaporado, fin de la búsqueda, no queda más por hacer, recogieron sus cosas y se dirigían hacia la puerta de salida, cuando el niño se acordó que en la oficina habían una bolsita de plástico con unos dulces que habían comprado los trabajadores para merendar y no los habían comido y WAOOO!!!!!! dentro de esta pequeña bolsita plástica en el fondo debajo de los dulces el billete verde de los 100 dólares, que alegría, estaban ahí, perfectos, verdes, dobladito en cuatro, maravillosos, madre e hijo explotaban de alegría y se dirigían contentos de la mano hacia su hogar, planificando como los gastarían ese fin de semana, irían a comer a un restaurante, comprarían un poco de alimentos, un juguete, cuantas cosas………a veces cosas tan sencillas para algunos pueden significar tanto para otros…….. En la noche en medio de la oscuridad, en el cuarto húmedo y caluroso acostados en la misma cama vieja, peros con sabanas muy limpias, estaban madre e hijo, el niño dormía profundamente mientras que la madre se cuestionaba si era una mala persona por haberse apropiado de esos 100 dólares. Sería una conducta inmoral? era justo tomar ese dinero de su jefa? que enseñanza le estaría dando a su hijo? todas estas preguntas la confundían profundamente, pero tras unas largas horas de pensamientos y sentimientos encontrados, Robby llego a una conclusión, ella necesitaba el dinero, no lo había robado, lo había encontrado, era para una buena causa, su jefa no lo necesitaba, mañana al despertar le contaría al niño que esos 100 dólares se lo había regalado su jefa pero que sería un secreto entre ellos dos, así no contaminaría la moral del pequeño ni su inocencia. A las 5 de la madrugada, cuando el calor empieza a disminuir y esa inmensa humedad que no te da tregua se vuelve un poco fría y agradable, Robby abrazo su regordete hijo y durmió plácidamente.


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