Cuando la mujer que amas te da una sorpresa inesperada - Primera Parte

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Todo desaparecía a su alrededor, la única imagen que tenía en mente era la de Yazmín. Morena; curvilínea; de buenas carnes; sexosa... Yazmín... Yazmín. La hembra que acababa de ver montando macho, y gimiendo como una viciosa sexual; lo había dejado como cautín.

Ya lo incitaba desde la prepa, cuando él aún era un calenturiento adolescente y ella florecía como una deliciosa colegiala provocativa por naturaleza. Pero ahora que ambos eran adultos, Yazmín, ya embarnecida, poseía ese culazo que de sólo verlo avivaba los espermas, y acicateaba las ganas de inyectarle tal néctar por en medio de ese par de gajos de voluminosa carne; lo enloquecía.

El hombre estaba obseso en su masturbación mientras revivía la escena que apenas unos minutos había presenciado. Un stripper, supuesto amigo suyo, había penetrado profesionalmente a la mujer que aquél acababa de presentarle, la mujer que más amaba. ¡Pero qué pendejo había sido!, no obstante, todo había ocurrido por un plan con maña, ya que la había presentado a aquel granuja con la intención de grabarla en situación comprometedora con él, para así ponerla en evidencia con su futuro esposo. Yazmín estaba por casarse y éste estaba en contra de aquello, por supuesto. Sin embargo, no había previsto que aquel encuentro fuera más lejos de lo esperado. Nunca se habría imaginado que Yazmín, por propia iniciativa, solicitara un servicio de tal índole: ser fornicada por el recién conocido stripper.

Y el mencionado macho se lo había hecho muy rico (en su fuero interno no podía dejar de reconocerlo). Ver aquella cópula invitaba a hacerle lo mismo a la fémina coprotagonista del sexual encuentro: tomarla de ambas nalgas; adueñarse de sus ubres de hembra lechera; penetrarla por en medio de su redondo y firme culo.

Fugado en su fantasía, sentía ser el hombre que la había penetrado, que la había satisfecho en su necesidad femenina, que la había llenado.

Yazmín había bufado como burra en celo, mientras recibía verga hincada sobre una pequeña silla plegadiza ofrendando aquel hermoso culo moreno. Ella era el amor de su vida desde su adolescencia y nunca se lo había hecho, pero lo deseaba tanto.

No pudo aguantar más y rememorando ese hermoso culazo eyaculó abundantemente. No le importó que parte de aquel desparrame de placer absoluto cayera en la alfombra; todo era satisfacción en ese momento. Sin embargo, pasados unos minutos de haber eyaculado, se sintió vacío. Yazmín no estaba allí y la necesitaba. Además, le sobrevino la cruda realidad, Yazmín lo había hecho con otro hombre y lo había gozado. Un hombre a quien apenas había conocido mientras que él, que la conocía desde... ¡carajo...!, a él ni siquiera le había regalado un beso en los labios.

«¡Maldita desgraciada!», pensó inmediatamente.

De repente sintió un odio hacia ella inconmensurable. El amor que hacía un breve momento lo había acompañado al clímax se había convertido en su opuesto total. Sintió ganas, necesidad, de perjudicarla. Y fue así que...

«¡Carajo, el video!», le vino el pensamiento al instante.

En su celular tenía resguardada aquella grabación comprometedora.


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