EL VERDADERO GÉNESIS 2

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Iván le presentó a su subordinado una mujer muy exótica de rasgos orientales, que era oriunda de Asiria la cual llevaba la administración del templo de la aldea llamada Lilith, con la que Adán durante los primeros meses se lo pasó en grande porque la tal Lilith que en la cama era toda una experta en prácticas amatorias, le enseñó al pazgüato compañero unos juegos eróticos que él nunca se había llegado a imaginar.

 Sin embargo una vez pasada la novedad de aquella relación un día en que Adán regresó a su vivienda después de una larga jornada laboral, por lo que estaba hambriento le pidió a su pareja:

-¡Anda, Lilith! Dame el almuerzo que me caigo de debilidad.

-¿El almuerzo dices? Pues no he preparado nada, ni lo pienso hacer. - le respondió ella tajante.

Adán dio un respingo contrariado.

- Pero mujer. ¿Cómo es eso?- le inquirió él molesto.

- Mira Adán. ¡A mi no me vengas con exigencias! Tú también tienes que cocinar que yo laboro más que tú y tengo mucha responsabildad en el templo. Así que no estoy dispuesta a ser tu complaciente sirvienta - respondió ella en un tono agresivo-. Para que te enteres el hombre y la mujer son iguales. De modo que es a ti a quien le toca preparar la comida. Y luego friega los platos. ¡Pero que queden bien limpios eh!

- Pero es que yo no sé cocinar - exclamó Adán con un escalofrío en su estómago.

- ¡Pues aprendes que ya es hora!

- Bien... Pues enséñame tú.

- ¿Yo? Ni hablar. Espabílate, que a mí no me ha enseñado nadie. Es bien fácil

- Ya. Y si no me sale bien la comida tú me la tirarás a la cabeza ¿no?

-¡ Ah, tú verás! Valiente machista opresor de la mujer estás hecho; cuando en realidad las mujeres somos superioriores a los hombres - expresó Lilirh mirando con desdén al desconcertado Adán.

Decididamente aquella relación no podía continuar. Para Adán su pareja era una rebelde, una impertinenete que le haría la vida imposible. Pues el nombre de Lilith venía de una diosa sumeria - el actual Irak- que tenía una connotación demoniaca. En consecuencia era preciso ir a quejarse a su jefe Iván a ver si entre los dos encontraban una solución a aquel problema. Y en efecto ésta no tardó en llegar, porque Iván despidió sin conemplaciones de sus aposentos a aquella mujer ingrata.

Mas una tarde en la que Adán estaba en la habtación de su vivienda haciendo la siesta, cuando  despertó sorprendentemente se encontró a su jefe acompañado de la tan deseada Eva que por casualidad se había cruzado con ella en la calle.

- Mira Adán. Te presento a tu nueva compañera llamada Eva que la tendrás que cuidar y proteger, porque a partir de ahora seréis como un solo cuerpo. Pues Eva ya ha dado su consentimiento - le dijjo Iván con una sonrisa a su empleado.

Adán que en el fondo era un pusilánime se sintió cohibido ante aquella chica que se reía por cualquier cosa, dado que recordaba que cuando él la pretendía ella le había dado calbazas por considerarlo un hombre sin futuro. Pero ahora era diferente porque Adán trabajaba para aquel rico indoeuropeo y la percepción de la mujer hacia él era mucho más favorable que antes y lo miraba con simpatía.

- Bueno. ¿Quieres a Eva por esposa o qué? - le apremió Iván.

- ¡Sí, sí! Claro que la quiero. Hace tiempo que iba tras ella.

Entonces Iván quiso enseñarle a la recién llegada sus posesiones, y los tres fueron paseando tranquilamente a lo largo y ancho de la finca rural bajo un sol abrasador que obligaba tanto a Adán como a Eva, tal era el alto grado de inocencia de la pareja, a andar completamente desnudos sin sentir vergüenza alguna ya que era como si estuviesen en un campo nudista de la época.

De repente Iván se detuvo frente a un viejo manzano llamado EL ÁRBOL DEL BIEN Y DEL MAL y con un énfasis grandilocuente advirtió a sus acompañantes:

- Mirad chicos. Podéis comer todos los frutos que os plazca de esta hacienda, menos de este manzano.¡A este ni tocarlo, porque de lo contrario me vaís a oir! ¿Entendido?

Los dos jóvenes se encogieron de hombros con extrañeza, sin comprender a qué venía aquella prohibición tan absurda. Desde luego la gente rica de las altas esferas tenía unos caprichos muy raros, pero que no había más remedio que asumir.

                                                            CONTINÚA


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