Esposa caliente

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Cada mañana me levanto con muchas ganas de ir al trabajo, como todos los días me arreglo me pongo hermosa, sexy, atrevida. Especificar como me visto quizá puede pasar desapercibido, pero es como un culto para mí y mi esposo, vestirme con ropa que resalte mis atributos es tomarse su tiempo prolongado para ver que traje pondrá a los mirones como locos. Esta rutina le encanta a marido, disfruta mucho el verme colocándome mi lencería, seguido del atuendo elegido por ese día. Es seguro que él tiene un fetiche fuerte en el que yo soy parte, disfruta que los hombres me coman con la mirada. Entre muchas anécdotas que me suceden en esta oportunidad les contare una pequeña que la disfruto a diario.

Por motivos laborales tengo que viajar en transporte publico cerca de 1:30 horas, en el trayecto como comprenderán debo ir compartiendo el asiento con otra persona, pues he ahí la cuestión como les comenté la sensación de ser deseada siempre está latente y pues he encontrado en el rozamiento una forma super rica de excitarme, si aunque suene loco esa sensación de ser tocada me gusta mucho.

En ocasiones soy yo la que me debo de insinuar, en otras pues me toca sentarme con puro hombre morboso queriendo tocar mis piernas, pero igual siempre que puedo lo hago pues solo basta con inclinar un poco la cola hacia su lado para que ellos sientan la necesidad de tocarme

Por su puesto hay ocasiones en las que se quieren pasar de la raya, pero yo rápidamente debo frenar moviéndome para que pare pues la idea es que me rocen tampoco es tener sexo en el transporte público. Solo hay una ocasión en la que las cosas se salieron de control, recuerdo que un jovencito se sentó a mi costado como era de costumbre yo mi insinué a que se ganara conmigo al verlo tan tranquilo me inspiro confianza de seguir hasta donde él lo permitiera. Yo llevaba en esa ocasión una minifalda y pues se imaginan como el joven estaba super nervioso cuando me tocaba, solo esa vez fue que me tocaron mi parte intima pues de verdad estaba muy mojada.

Cuando llego a casa hago el amor con mi marido como loca recordando esas aventuras y en ocasiones le digo lo que me pasa, menos mal que él se lo toma como lo que es, un juego, y no es verdad, aunque ahora estoy contando esto porque quiero liberare un poco. Mi esposo y yo somos muy liberales en el sexo y púes hacemos muchas cosas en nuestros ratos libres, seguro que ya habrá oportunidad de contarles más anécdotas. Saludos.


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