Pornorelato #1 - segunda parte

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La de por sí gruesa verga se fue tonificando, hinchando y endureciendo, nada más sentir los finos labios sexuales de la jovencísima hembra que tenía encima. Angie tenía muy abiertos los ojos pues nunca antes había visto un miembro masculino. A diferencia de su hermana, Angie era virgen, mientras que Ana Paula ya había fornicado en varias ocasiones.

“¡Qué divertido!”, decía Ana mientras embarraba su sexo con el de aquél resbalándolo fácilmente gracias al lubricante natural que su abertura expelía.

“¿Te gusta?”, le preguntó el semental que tenía debajo.

“Sí”, respondió sincera y entusiasmada. Parecía verdaderamente una chiquilla encantada por el juego que ejecutaba.

La suave panocha de la joven parecía ceñirse al pene que tenía debajo, abriéndosele por sí misma como deseosa de ser penetrada. Se ensalivaba cual hambrienta boca apeteciendo un manjar anhelado.

El hombre llevó ambas manos a los tiernos pechos de la hija de su novia, y los comprimió mientras Ana Paula reía traviesa. Mientras esto sucedía, Angie se había quedado ahí arrodillada, inmóvil, atónita ante el espectáculo que atestiguaba. Manuel, compadeciéndose de ella, llevó una de sus manos a uno de sus senos.

La chica se asustó de que aquel hombre le palpara ahí, sin embargo, como el toque fue gentil y sin brusquedad excesiva lo toleró; y habría que decir, el hombre le parecía realmente atractivo. Luego Manuel le acarició cariñosamente la mejilla a Angie. Posteriormente, tomándola del cuello, hizo que ésta se le inclinara para que él la besara tiernamente. Angie aceptó ese afecto tímidamente, disfrutándolo incluso.

Cuando los labios se despegaron Angie vio a Ana Paula. Ambas hermanas se sonrieron por fin cómplices en aquella travesura.

Mientras Ana Paula continuaba con su juego de “montar al macho”, la verga ya bien robusta aún reposaba en el abdomen de él, aunque cabeceaba. Se levantaba cada que se libraba del peso de ella al irse para atrás. Como evidenciando su aspiración por hacer lo que su natura imperaba, aquella erecta carne se fue irguiendo sin necesidad de ayuda. Fue así que, luego de unos movimientos más:

Sin asistencia manual, la cabezona de aquel fuste de carne, apuntando instintivamente hacía su natural objetivo, se irguió y se le metió por sí misma a la chiquilla casi veinte años menor. Por la diferencia de complexiones el placer para ambos fue grande. Para la chica de dieciocho años aquel tamaño era tremendo, se mordió el labio inferior, y gimió expeliendo el placer nunca antes sentido; para el hombre la estrechez fue deliciosa, como un tierno abrazo que además se sentía muy caliente.

La alertada expresión en el rostro de Angie reflejó su estupor y espanto al atestiguar aquella unión de sexos. No podía asimilar que el novio de su madre se uniera en tal cópula con su propia hermana. La cara de la joven parecía la de una niña que ha atestiguado cómo su hermana ha roto algo valioso en una juguetona travesura.

Hombre viril y tierna hembra se habían unido y copulaban bellamente. Las recias manos tomaban las delicadas mejillas brindándole sostén a la fémina, quien se entregaba con juvenil energía a su montada.

“Ay hijita... qué bien montas, y qué apretada estás”, decía aquél aún metido en el juego. Ana Paula le sonreía gozosa.

A un lado su hermana veía pasmada la escena nunca antes vista. Boquiabierta, Angie parecía niña inocente ante algo que no lograba entender. El hombre, no obstante, quiso integrarla y la acarició. El cuerpo de la joven reaccionó instintivamente y se dejó amar. Volvió a aceptar el beso del novio de su madre, aun cuando éste no dejaba de penetrar sexualmente a su hermana.

Aquellos tres estaban haciéndose el amor, y tal afecto se hizo patente cuando Ana Paula, lejos del egoísmo, le cedió su lugar a su hermana en una muestra de generosidad.

“Ahora le toca a Angie”, le decía a Manuel mientras se desmontaba de él.

“¡No, cómo crees!”, dijo Angie llena de espanto, sin poder dejar de verle el báculo de carne al hombre. Tal miembro aún se meneaba tras el desacople de la hembra que lo había resguardado.

Sin embargo, Angie fue asistida y conminada por los otros dos compañeros de travesura, quienes terminaron por colocarla a horcajadas sobre el macho.

Esta vez el hombre sí tuvo que usar sus manos ya que la chica no se lo puso fácil, Angie amenazaba con desmontarse antes de consumar la unión. Además, Manuel tuvo que desnudarla ya que ella aún traía el traje de baño.

“No, esto está mal”, decía Angie, trastornada por el temor a ser penetrada por primera vez.

Pese a la agitación de la muchacha, Manuel guio su verga hasta que ésta entró en ella, Angie chilló. El invasor le dio tiempo antes de comenzar con el mete y saque. El desvirgador la abrazó con sus fuertes brazos recostándola sobre sí, como calmándola, paciente a que ella se acostumbrara a su intromisión, mientras la besaba con ternura.

Pese a que el ardor aún estaba presente, fue el propio cuerpo de Angie el que comenzó con los movimientos de ayuntamiento. La pelvis comenzó a ir y venir de atrás a adelante en una cabalgata natural, ligera y constante. Así aquella joven hembra montó al macho de su madre, sin pensar tanto en ello pecaminosamente como sí disfrutándolo. Ana Paula animaba a su hermana alentando una mayor celeridad en sus movimientos meneándola de la cadera.

“Eso, así, hazlo más rápido Angie”, le decía Ana Paula con una imborrable sonrisa en su rostro.

La hermana mayor copulaba acicateada no sólo por su hermana, sino que más aun por su necesidad de apareamiento recién liberada; luego de haberla reprimido por años estaba necesitada de eso, de felicidad; y los vehementes movimientos de su pelvis lo demostraban.

Como aquella trabazón ya se movía por impulso propio Ana Paula se alejó de la cópula, dejándolos hacer y sintiéndose sedienta, según les dijo, fue a por algo de beber. De esta manera no se supo si fue por malicia o si fue sólo suerte pero cuando Ángela, su madre, regresó junto con la sirvienta, halló a Angie fornicando con Manuel.


Ana Paula salió indemne de tal situación, mientras que Angie tuvo que dar explicación de su acción al haber sido descubierta en plena unión sexual con el entonces novio de su madre.

FIN


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