LA INSATISFACCIÓN DE UN ESCRITOR

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En el Día del Escritor... en el hermoso y amado pais Argentina.

  “Qué es la vida? sino una obra de teatro, en la que cada uno tiene un acto hasta que baja el telón” (Erasmo Rotterdam 1466-1530) Una historia real...

Fue un destacado médico, cuya práctica profesional la alternaba con el oficio de escritor, además cursó estudios en las artes plásticas, teniendo en ambas áreas, un extraordinario reconocimiento público, al punto de que sus obras,  sumaba el repertorio de ensayos, novelas, cuentos, artículos científicos, de opinión, crónicas, entre otros, publicados   en diferentes diarios y revistas y sin dejar de mencionar su talento como pintor, sus  cuadros  se exhibían   en diferentes galerías de la ciudad.

Poseía una enigmática personalidad, no obstante, perfilaba un carisma natural que lo convertía en un ameno conversador. Mostraba una sonrisa dulce y franca, de mirada íntima y escrutadora, sin dejar de ser cálida, con una imagen vivificante, optimista, pero en oportunidades, esa aptitud se tornaba lacónica, de   insatisfacción por la vida y por lo que, para él, le deparaba el fututo.  Suposiciones, que no estaban fuera de la realidad, las que le fueron confesadas   a dos amigas: Perla y Estrella, quienes lo visitaban con frecuencia, internándose los tres,  en la amplitud de su biblioteca, donde desnudaba su alma, revelando una triste verdad que lo acongojaba desde años.

  A pesar de sus logros en el área de la medicina y en la literatura, vivía con una gran insatisfacción. Si bien era cierto, que tenía  un auditorio mayoritario en las tertulias, que conformaban   los círculos literarios locales, también contaba con  la aceptación de toda una colectividad nacional, pero en su hogar, lo que percibía   era todo lo contrario: no se sentía apreciado. Colocaba, por ejemplo, a sus hijas, dos mujeres profesionales de destacada belleza, quienes no se molestaban en leer ni los artículos de opinión, reseñados cada semana en la prensa de la región donde residían.  

Manifestaba, que carecía de quorum en su domicilio, hasta para mantener una plática, de lo que él pensaba, eran sus ideales para futuros proyectos, los que resguardó en un buró, dentro de un portafolio, cuyo contenido estaba cargado de perspectivas visioneras,  dentro de cualquier género literario, sea ensayo, cuento o novela, pero sin poderlos trasmitir, por esa reacción de sus familiares  a lo que exponía y xpresaba.

Ese marcado descontento, traía como consecuencias, las recaídas anímicas del escritor, cayendo en periodos depresivos, que aminoraban su estado de salud, acompañado de una sensación de soledad interna permanente, y por ello, el escape, su desahogo emocional, fue  en esmerarse juntarse con las amigas y de vez en cuando, con otros escritores que, en conjunto, agradaban los atardeceres o las noches literarias, con un grosor de sabiduría  de imaginable creatividad.

   En el interior de dicha   biblioteca,  la cual ocupaba un área  suficiente extensa, cuyas  estanterías  daban cuenta de la gran  cantidad de libros clasificados por género y por actores,  lo que reflejaba el significado  que poseía para el alma del hombre escritor,  le  confesó a sus dos invitadas ,  que ese espacio era donde reposaba su  soledad , que  mientras, afuera era  reconocido  su talento en las letras y su arte como pintor, sobre los cuales lo distinguían con placas, diplomas,  medallas , condecoraciones al granel, premiaciones, que  no terminaban de llenar su satisfacción,  porque en esos ambientes de  interioridad  en su hogar,  estaba impregnado su desosiego,   con una infelicidad en su corazón: no sentirse admirado ´por sus cercanos.

Cuando hablaba de la soledad, comentaba > es una amargura que entristece mi alma>

 Les habló también, sobre una misiva, que guardaba como escrito final, donde daba cuenta de cómo observaba el desmerecimiento y la indiferencia,  que lo decepcionaba, porque podía asegurar, decía, que ninguna de las dos, habían leído alguno de sus artículos. Situación que, según él, lo avergonzaba, por los comentarios que podrían hacerse las personas, en cuando, a que ni desde el hogar, no había podido forjarle ideas ni ejemplos a su descendencia. Manifestaba, sentirse profundamente triste, por no haber sido honrado ni ser referente, en su propio núcleo familiar.

 < ¿Qué le enseñé, acaso no las eduqué con los valores debidos? ¿He sido un   buen padre?, ¿cómo entenderlo? <Creo no merecer ese trato, cruel e indiferente…Se lo que haré …hundirme en el silencio ... La soledad ha sido en diferentes oportunidades, mi dama de compañía. > Así reflexionaba.

 Recordó la época de su matrimonio, su exesposa tampoco lo acompañaba a sus tertulias ni a las galerías,  y le restaba importancia a su escritura:> ¿a eso le dedicas tiempo ? a lo que no te da ingresos. Creo que es tú egolatría y vanidad lo que te impulsan a publicar tantas tonterías, esperando los elogios inútiles de tus admiradores”> Palabras que lo herían profundamente en su alma sensible y bondadosa, sintiéndose irrespetado y ofendido.

  A pesar de tanto desdén el escritor continuaba… moviendo sus teclas, empuñando su pluma, creando sus temas que recorrían un mundo existencialista, el romántico y también, el convulsionado y difícil de los tiempos de hoy. Era versátil y fecundamente crítico, odiaba las injusticias, las groseras desigualdades y a los hipócritas políticos.

 Pero, ninguna crítica ponzoñosa, mal intencionada de sus familiares, lo opacó en su propósito, aún con el espíritu dolido, él continuaba. Escribir era el motor de su energía existencial, lo que no entendían sus cercanos.  Era savia de su sangre hecha inspiración, que plasmaba ideas o sugerencias que tomaban organismos públicos o privados, para solucionar problemas sociales.

También fue la escritura del amor romántico, ese que, para él, no merecía morir; el fluir de cuentos e historias, de aventuras de su creatividad mágica y entretenida. Era el escritor versado con destacada imaginación prolífica. 

  Murió un día extremadamente lluvioso, después de deambular las calles del sector donde residía. Su cuerpo cayó al pavimento, a consecuencia de un fulminante infarto. Abajo, entre el torrencial aguacero, yacía el cuerpo del que fue un extraordinario escritor y un hombre ejemplar.  Posiblemente ese mañana, su alma se inundó de llanto, por la tristeza y el desencanto.

 <Cuando llueve, veo llorar la naturaleza, la asemejo como la aflicción del hombre, que, al no poder evitarla, desploma su dolor, las lágrimas opacan su vista y silenciosamente empieza a llover en su alma>.

 El noble escritor, nunca superó el trato de indiferencia de su prole, ante su arte,  admirado por muchos. Su personalidad sensible, necesitaba sentirse valorado por la opinión de su familia, era una forma de darle sentido a su propia vida.

En recuerdo a su memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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