EL REENCUENTRO 3 (FINAL)

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Como la relación había evolucionado a pasos agigantados Jaime al igual que en un ayer deseó estar junto a María, la malagueña, Pues sabía que su empresa tenía una filial en aquella tierra del sur de la península y pediría el traslado. allí. Estaba dispuesto a dejar atrás el lastre de su fallido marimonio.

Cuando él notificó su desición a su familia un domingo al mediodía, a ésta le supo a cuerno quemado.

- Estás loco Jaime. Está muy claro que el fracaso de tu matrimonio te ha trastornado - le amonestó su padre-. Recapacita, hombre. Tú tienes tu vida hecha aquí. Tus hijos, tus clientes. Piensa que si te vas apenas podrás ver a los niños.

- Esto no es cierto., porque yo no me voy a China y vendré aquí con regularidad - replicó Jaime.

También un compañero de oficina llamado Juan con el que tenía cierta amistad, cuando se enteró de los planes de Jaime se mostró escéptico.

- Mira chico. Tienes que ser consciente de que la gente con los años cambia - le dijo su colega con una sonrisa irónica-.. Irás a Málaga y tal vez ella sea ahora una mujer gorda, muy gorda, y amargada debido a la mala vida que le ha dado su marido; y por el hecho de no haber podido tener hijos. Entonces ¿qué harás tú?

Efectivamente aquello no dejaba de ser un riesgo; una aventura incierta, ya que de visita todos somos muy amables, pero en la intimidad todo puede ser al revés. Una cosa era el deseo fundamentado en el recuerdo de un romantico pasado, y otra cosa era la realidad actual. No se podía volver a aquel ayer para reanudar una historia juvenil mal resuelta.

Mas de nada sirvieron las advertencias de unos y de otros, por lo que Jaime estaba dispuesto a asumir cualquier riesgo

De manera que cuando Jaime volvió a ver a María Gómez en el umbral de su casa, le pareció que a pesar de los avatares de la vida seguía siendo tan hermosa como la primera vez que la conoció; sólo que en esta ocasión sus bellos ojos verdes, habían adquirido una expresión más serena. Y por supuesto no había engordado como le había vaticinado el pesimista Juan.

Seguidamente, sin mediar palabras la pareja se fusionó en un prolongado y emotivo abrazo, en el que sellaron una relación que ellos sabían que nunca debería de haberse interrumpido. Una vez en el interior del piso, se besaron en la boca  una y mil veces; con una pasión desmedida, hasta que instintivamente se dirigieron a la haitación de la mujer y en la cama hicieron el amor con una entrega total.

Poco después Jaime le dijo a su compañera cogida de la mano:

- Esperemos que todo nos vaya bien. Yo te quiero y estoy dispuesto a hacerte feliz tanto como sea posible.

-Sí. Yo también te quiero, y esperemos que sea como tú dices, porque en este mundo todo es una posibilidad - le respondió ella llevada por su gran realismo.

                                                                  FRANCESC MIRALLES

 

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