Me froto con la amiga de mi hija de 19 años.

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Mentiría si dijese que era la primera vez que me fijaba en ella, Mireia era preciosa tenía un cuerpo espectacular, joven y suave y creo, para decir la verdad, que ella también se fijó alguna vez en mí. Era la mejor amiga de mi hija y tenía dieciocho años.

 

En un momento dado ella estaba apoyada en el borde de la piscina descansando y me acerque a ella, antes había colocado mi polla de forma que se notase más para que ella al hablar conmigo la viese, como digo me acerque a ella y saque cualquier tipo de conversación, inmediatamente y sin ningún remilgo ella miro descaradamente a mi polla que por la emoción aparte de notarse por el traje de baño había aumentado un poco de tamaño y era totalmente apreciable... ella no respondió a la tontería que la pregunte y fijo su vista en mi rabo… yo disfrute viéndola turbada y la mire a los ojos… 

La semilla estaba puesta, mis huevos estaban ya sufriendo la presión del deseo y todo estaba preparado para que ocurriese lo que ocurrió cuando salimos de la piscina. Mi hija, Mireia y su amigo Roberto subieron conmigo a casa a seguir jugando a cartas, habían estado jugando en la piscina y ese día quisieron seguir la partida en casa. Como sólo eran tres me pidieron si podía jugar yo con ellos y como yo no tenía nada que hacer acepte.

Se sentaron los tres en el suelo y empezaron a repartir las cartas mientras yo preparaba algo de merienda, en seguida me llamaron para que acudiese a jugar la partida y allí me tumbe junto a ellos. De forma casual quede tumbado detrás de Mireia. Pues bien, como digo me puse detrás de ella y comenzó la partida... en algún momento de esta nuestras miradas se cruzaron y ella me sonrió, ¡yo no me lo podía creer! Estaba tonteando conmigo y la sonreí yo también.

En un momento dado mi polla y su culo se juntaron, no sería más de un segundo o dos, pero el contacto fue evidente. En cuestión de otros dos segundos mi polla empezó a crecer y como se suele decir de los hombres que cuando nuestra polla se pone dura deja de haber sangre nuestro cerebro se me ocurrió, sin saber muy bien porque, acercar la polla de nuevo esta vez sin complejos a su culito, así lo hice y de repente me encontré con mi polla dura en contacto con su culo de nuevo, había establecido contacto permanente ella y Mireia no hacía ademán de alejarse más bien al contrario mantenía su posición para que siguiese el contacto.

Yo no sé si hacía lo correcto, pero también continue en esa posición forzando el contacto. Mi polla se hizo un lugar en la rajita de su culito y de repente me encontraba moviendo mi cadera suavemente y frotando mi rabo en su culo, evidentemente a ella le gustaba pues mantenía firme su posición. 

Mireia sonrío y yo la miré y sonreí mientras seguía frotándome suavemente con ella... incluso ella comenzó también a mover su culo... yo pensaba que me iba a correr en cualquier momento... estuvimos así por lo menos un minuto o dos y yo ya había perdido la noción del tiempo, puse mi mano en su culo acariciándoselo.

La tensión de estar frente a mi hija y su amigo me daba mucho morbo, aunque también evidentemente me preocupaba, yo ya había perdido el control y sólo pensaba en sentir en mi polla su culo. Por algún milagro no me corrí, aunque la tela suave de mi traje de baño y del suyo hacían que el contacto fuese muy directo. De repente mi hija dijo que quería ir a por una comprar unos helados y Roberto dijo que él también, Mireia instantáneamente dijo que no quería, que ella se quedaba esperándoles en casa yo no me lo podía creer lo que estaba escuchando me levanté empalmado y aunque no me gustó perder el contacto con ella sabía que tenía que hacerlo, tenía que levantarme y darles dinero para que Roberto y mi hija fuesen a comprar helados y nos dejasen solos. ¡Era increíble lo que estaba pasando! Ese día los astros se habían conjurado para que Mireia yo estuviésemos juntos.

Mi hija de Roberto se fueron y Mireia y yo nos quedamos solos en casa, en cuanto cerré la puerta de la calle la mire... se había quitado la parte de arriba del bikini y sus pezones sobresalían en la camisa blanca de verano que llevaba y me miraba fijamente, riéndose, la dije sí le había gustado mi polla... yo ya había perdido toda vergüenza y ella sonrió me dijo que si y que muchas veces ese verano había pensado en algo parecido pero que nunca había habido la ocasión y que daba vergüenza yo la dije que mí también me daba vergüenza. Mientras se acercaba lentamente mi polla estaba a punto de explotar como digo... 

El simple contacto de sus labios en mi rabo me hizo pensar que me iba a correr, respire hondo y la deje que continuase, mi cabeza y mi mente estaban en otro mundo, empezó a chupar suavemente, muchas veces, metiéndosela de repente dentro de la boca, me dijo que era la primera polla que se metían la boca en su vida y según lo dijo se metió mis 16 centímetros hasta la garganta... pude sentir en mi capullo el calor de su garganta y como un animal la agarre la cabeza y comencé a apretar mi rabo contra su garganta.

Se que esto dificulta la respiración y tras unos pocos segundos la saque...ella respiro fuerte y sonrió como una loca extasiada... con las manos empezó a apretarme los huevos y dijo que la gustaba mucho acariciarlos. La dejé que me los acariciara un buen rato, ella jugaba a separarlos uno a un lado y otro a otro, los apretaba suavemente, los frotaba uno con otro, los mordisqueaba... me encantaba ese juego que ella hacia y estuvimos así un buen rato, ella de rodillas ante mi jugueteando y metiéndose en la boca mis huevos suavemente empecé a notar que me corría y la avise la dije -¡Mirella me voy a correr! Para mi sorpresa se metió mi polla en la boca y empezó a mamármela otra vez hasta que me corrí.

La lefada fue abundante porque ella siguió chupando y por la comisura de sus labios comenzó a salir lo que ya no le cabía la boca un pequeño chorrillo de leche que finalmente cayó al suelo. Saqué mi polla de su boca, me miro con cara de asustada y continuó chupándomela suavemente como para darmela descanso. En ese momento sonó el portero automático, eran mi hija de Roberto que ya habían comprado los helados. Me subí los pantalones y la limpié la boquita con la mano. Ella me dijo que tenía ganas de más y que quería que se la meta… pero eso ocurrió otro día...


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