Vínculos en la Sombra

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En un tranquilo rincón de la ciudad, en un edificio de oficinas de cristal y acero, trabajaban dos almas solitarias que compartían más de lo que jamás habrían imaginado. Marta y Carlos, ambos divorciados, habían luchado por encontrar un lugar en el mundo laboral que les permitiera rehacer sus vidas. Sin embargo, cuando sus caminos se cruzaron en la oficina de proyectos de diseño, lo que parecía ser solo una coincidencia laboral, pronto se convirtió en algo mucho más profundo.

Marta había luchado durante años para obtener el puesto en esa prestigiosa firma de diseño. Cada rechazo, cada puerta cerrada, la había fortalecido aún más en su determinación de demostrar su valía. Por otro lado, Carlos, con una larga y exitosa carrera en la empresa, se encontraba en la etapa final de su camino profesional. Planeaba retirarse después de este último proyecto, pero la vida tenía otros planes para él.

Los proyectos de diseño que les asignaban inevitablemente los unían en un tira y afloja de ideas creativas. Comenzaron a pasar largas horas juntos, debatiendo, esbozando y compartiendo visiones. A pesar de sus diferencias, encontraron un equilibrio perfecto en sus enfoques y habilidades. Sus compañeros de trabajo comenzaron a notar la química entre ellos, la manera en que se comunicaban con la mirada y cómo sus ideas fluían naturalmente.

A medida que los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, Marta y Carlos se encontraron cada vez más inmersos en la compañía del otro. Compartían almuerzos en el parque cercano, ocasionalmente trabajaban hasta tarde y reían por tonterías durante las pausas para el café. A pesar de sus corazones que latían más rápido cuando estaban cerca, ambos se mantenían firmes en su decisión de no iniciar una relación para no dar lugar a los chismes y rumores en la oficina.

Sin embargo, no podían ignorar las señales que surgían entre ellos. En una ocasión, mientras revisaban juntos unos bocetos, sus manos se rozaron de manera casi imperceptible. Aquel roce provocó un cálido estremecimiento en sus corazones, pero se apartaron rápidamente, volviendo su atención al trabajo. En otro momento, mientras compartían una conversación en el balcón de la oficina, una suave brisa les hizo sentir una cercanía física que traspasó las barreras que habían intentado establecer.

A medida que el proyecto avanzaba, las miradas y roces accidentales se volvieron más frecuentes. Los corazones de Marta y Carlos ansiaban algo más, pero sus mentes les recordaban constantemente las consecuencias que podría tener en su reputación laboral. Sus compañeros de trabajo comenzaron a especular sobre la naturaleza de su relación, pero ambos se encargaban de mantener una distancia aparente en público.

Una tarde, mientras trabajaban en la oficina después de hora, los dos quedaron atrapados en una tormenta repentina que apagó las luces del edificio. A la luz de las velas improvisadas, se dieron cuenta de que ya no podían ignorar lo que sentían el uno por el otro. Con miradas intensas y sonrisas tímidas, finalmente dejaron que sus corazones hablaran.

—No sé cómo ni cuándo pasó, pero ya no puedo negarlo. Te necesito en mi vida, Marta —confesó Carlos, mirándola con sinceridad en los ojos.

Marta se mordió el labio inferior, sus propias emociones luchando por salir a la superficie.

—Yo también siento lo mismo, Carlos. No quería admitirlo, pero no puedo evitarlo.

En ese momento, las palabras parecieron quedarse cortas. Se acercaron lentamente, sus manos encontrándose de manera natural. Un suave roce de sus labios selló un pacto silencioso entre ellos, un pacto que trascendía las limitaciones de la oficina y las preocupaciones laborales.

A partir de ese día, Marta y Carlos comenzaron a explorar el amor que habían estado reprimiendo. Su relación floreció en secreto, en las sombras de los pasillos y durante los almuerzos a solas. Descubrieron que el amor no siempre sigue las reglas ni respeta los planes de jubilación. Cada instante compartido les recordaba que la vida era demasiado corta para negar lo que sus corazones deseaban.

Con el tiempo, las conjeturas de sus compañeros de trabajo se confirmaron, pero ya no les importaba. Habían encontrado un amor que trascendía las murmuraciones y las miradas curiosas. Marta y Carlos se convirtieron en una pareja inseparable, apoyándose mutuamente en su vida laboral y personal. Y cuando finalmente Carlos se retiró, lo hizo sabiendo que había encontrado no solo el final de su carrera, sino también un nuevo comienzo con el amor de su vida.

En el mundo de las oficinas, donde las relaciones personales a menudo se esconden detrás de formalidades y etiquetas, Marta y Carlos demostraron que el amor puede encontrar su camino incluso en los lugares más inesperados. Su historia de amor se convirtió en una inspiración silenciosa para todos aquellos que habían cruzado sus caminos, recordándoles que, a veces, vale la pena arriesgarse por la felicidad y la conexión genuina que solo el amor puede traer.


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