HISTORIAS REALES EN 2 MINUTOS: EL ATAQUE DE LOS HOMBRES MUERTOS

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El 6 de agosto de 1915, durante la Primera Guerra Mundial, se libró un terrorífico combate denominado “La batalla de Osowiec”, más conocido como “El ataque de los hombres muertos”. El enfrentamiento ocurrió entre alemanes y rusos en el norte de Polonia, en la fortaleza de Osowiec.   Los rusos se atrincheraron en aquel impenetrable sitio rodeado de zonas pantanosas, en la que los alemanes no podían ingresar con tanques y maquinaria pesada. Fue por este motivo que decidieron atacar con un terrible gas venenoso. Respirar aquella sustancia provocaba dolor de cabeza y de pulmones, asfixia, convulsiones y espasmos musculares hasta la muerte. Los pocos sobrevivientes relatan, entre sibilancias y catarros, las historias de sus compañeros fallecidos frente a sus ojos; historias que los han dejaron traumados por siempre.

Cuando los alemanes lanzaron los misiles cargados de aquel mortífero gas, la fortaleza se cubrió de una gran nube tóxica, bajo esta, ocurrió una escena que ningún ser humano debería presenciar.

El teniente general ruso Sergei Aleksandrovich Khmelkov (1879-1945), superviviente de la batalla, narra aquel momento de la siguiente manera:

«Los alemanes liberaron un gas de color verde oscuro, probablemente de cloro mezclado con bromo, que se extendió a toda velocidad. Todos los seres vivos fueron envenenados y la artillería rusa sufrió graves pérdidas. Aquellos que no participaban en la batalla escaparon de los refugios, edificios y casas. Cerraron las puertas y las ventanas con fuerza, empapándolas con abundante agua. A 18 km se dieron casos de personas gravemente envenenadas. Se dieron casos de envenenamiento de caballos y vacas. El gas se estancó en el bosque y cerca de las zanjas de agua. Toda la vegetación en la fortaleza y en las inmediaciones a lo largo del camino que recorrió el gas fue destruida, las hojas de los árboles se volvieron amarillas, se enroscaron y se cayeron. La hierba se volvió negra y las flores quedaron sin pétalos. Los objetos de cobre de la fortaleza acabaron cubiertos con una gruesa capa verde de óxido de cloro. Los alimentos almacenados: carne, aceite, manteca de cerdo, verduras…, resultaron envenenados e inadecuados para el consumo. El gas demostró ser un arma poderosa de destrucción y podía competir con bombas de alto poder».

De los 900 soldados rusos que defendían la fortaleza, solo sobrevivieron 60. Contra todo pronóstico, casi sin esperanzas de vivir más que unas pocas horas, algunos de estos soldados salieron del lugar corriendo con sus bayonetas dejando una imagen heroica, decididos a enfrentar la poderosa brigada alemana que rondaba los 7.000 hombres.

Dicen que estos héroes habían cubierto sus rostros con harapos impregnados en agua o en orina, tenían la piel quemada por los químicos, y corrían mientras escupían trozos de pulmón ensangrentados.

Al ver aquel infernal espectáculo, los alemanes comenzaron a huir, pero dificultados por el pantanoso terreno, fueron alcanzados fácilmente por los rusos que a esa altura parecían una horda de muertos vivientes.

Al día siguiente los periódicos aliados narraron la hazaña en modo exagerado, dando inicio a esta historia que se vio entrelazada por múltiples leyendas.

Nota: Durante la Primera Guerra Mundial los gases de este tipo provocaron 90.000 muertes y 1.000.000 de heridos. Luego de eso, el uso de armas químicas y bacteriológicas fue considerado un crimen de guerra, y están prohibidas por el Protocolo de Ginebra del año 1925.

 

Autor: FEDERICO RIVOLTA


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