¡Si señor! (A él le gusta mandar y a ella obedecer)

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Voy saliendo" gritó ella desde la habitación.

Vamos a cenar en el lugar de siempre, no necesita vestido de gala ni maquillaje especial pero así es ella, tomándose un largo rato antes de salir a cualquier lado. Yo sólo me puse el primer pantalón que encontré y una camisa negra. Aprecio su dedicación, siempre quiere verse bien, pero ya me estoy poniendo impaciente.

"¿Estoy lista y tú?" preguntó desde adentro.

"Si amor, estoy listo desde hace MEDIA HORA" le respondí con cierto tono.

La escuché bajar por las escaleras, me di vuelta y noté que yo no estaba listo en absoluto. Ella venía con pasos lentos, maquillada como una diosa, su cabello espectacular, con sus tacones favoritos, pantimedias, una diminuta tanga, una caja de madera en sus manos y nada más, todo de color negro.

Estaba anonadado ante su deliciosa piel, sus senos expuestos llamando a mis manos y su pícara sonrisa. Me dijo "Sorpresa" y me entregó la caja. "¿Para mi?" le pregunté, "para nosotros" me respondió.

Abrí la caja para descubrir un set de cuerdas, esposas, paletas, látigos y más. Le dije que no me había comentado que le gustaban esas cosas, a lo que respondió "Llevo rato pensándolo, lo compré y hoy mientras me vestía, me masturbé imaginando usarlo, era para un momento especial pero ya no aguanto, ¡Quiero que me domines!".

"Con razón tardaste tanto" le dije tomando su cuello con fuerza. 

"Amor, castígame por hacerte esperar" ella pidió.

"Hoy no soy tu amor, me vas a llamar SEÑOR, ¿Entendido?"

"Si señor" respondió sin titubear.

La tiré al sofá y le ordené levantar sus nalgas. Obediente, arqueó su espalda y su trasero subió como el Sol al amanecer. Hice a un lado su tanga y con ambas manos separé sus nalgas. Estaba mojada y roja por haberse tocado con anticipación. Ante la belleza de lo que estaba mirando no pude hacer otra cosa más que probarla.

Enterré mi lengua dentro de ella, su sabor me excitó aún más. Su cuerpo se iba derritiendo y entregando al placer, juro que podía sentir sus latidos en su vagina. Estiré uno de mis brazos y alcancé una paleta de dentro de la caja. Me paré a su lado y comencé a azotarla. "Más duro señor" gritaba ella entre gemidos, le daba uno en cada nalga, aumentando la fuerza y ella lo disfrutaba, no paraba de gemir y gritar "SI, ASÍ".

Mi pene, endurecido dentro de mi pantalón, necesitaba salir. Mi erección era notable. Quité mi cinturón, abrí el pantalón y saqué mi miembro. "Mira lo que causaste" le dije y ella se saboreó y reaccionó como si fuera la primera vez que lo veía. 

Levantó la mirada y preguntó "¿Señor, que puedo hacer para que perdone?". Tomé una soga de la caja, até sus muñecas y le ordené arrodillarse. Estaba a solo centímetros de mí, podía sentir su excitada respiración en mi pene. Lo agarré y se lo restregué en sus labios, ella abrió la boca y halé la cuerda hacia arriba poniendo sus brazos sobre su cabeza.

Ella rodeó la punta de mi verga con su lengua para luego mover su cabeza hacia adelante y atrás. Se detenía para preguntar si lo estaba haciendo bien y la callaba metiéndoselo completo hasta la garganta. Le costaba respirar, pero seguía dándolo todo, "Úseme señor", "Soy suya señor". 

No podía esperar más, la paré, la tiré nuevamente en el sofá y amarré la soga con fuerza a un gancho en la pared. Ella no podía mover sus brazos y me rogó "Hágame suya señor, métame su verga por favor". Levanté sus piernas y me deslicé dentro de ella. Con fuerza, mi erección entró en su apretado, húmedo y hambriento sexo. 

Ella lo estaba esperando, empujón tras empujón su cara se ponía más roja, "Fuerte señor, más fuerte" me pedía entre balbuceos y susurros. Un temblor se apoderó de su cuerpo hasta que un líquido y abundante orgasmo mojó nuestro piso.

Apreté sus senos, estaban sensibles y sus pezones duros, subí mi mano hasta su cuello y ella me miró desafiante, no dijo nada más, con su mirada lo expresó todo. Mi miembro navegaba dentro de su ser y sonrió cuando sintió mi pene descargando hasta la última gota en ella.

Aún no recuperaba por completo mi aliento cuando ella se pone de pie para decir "Aún tenemos que ir a cenar, al regresar seguimos usando lo que hay en la caja, señor".


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