Comenzando a ser swingers Parte 2

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Así como Gustavo había tenido un orgasmo delicioso con mi mamada, el mío fue sensacional; y yo sí me vine dentro de su boca. Y él me mamó la verga como solía hacerlo hasta que estuvo chiquita y suave. Al sacar mi verga abrió la boca y yo pude ver que todavía tenía mucho de mi semen en su lengua, lo que aproveché para tomarle fotos y que mi esposa las viera. Además yo llevaba el olor y el sabor de su verga y su semen en mis labios, y lo quería compartir con Victoria. Gustavo y yo nos vestimos y acordamos detalles del día y la hora en que iríamos los tres al motel. Yo llamé a Victoria por teléfono y le conté con todo detalle todo lo que hablamos e hicimos con quien pronto sería nuestro amante. Yo le envié todas las fotos y videos de Gustavo, de su cuerpo, de su verga, sus huevos, sus nalgas y su semen chorreando en mis dedos y yo mamándolo.

Victoria escuchaba y no hablaba sino sólo gemía y suspiraba. Se estaba pajeando (le gusta hacerlo sobándose el clítoris y metiendo algunos dedos en su vagina y culo) y tuvo un gran orgasmo cuando yo le conté cómo se le había puesto de dura la verga a Gustavo viendo sus fotos. Cuando ella terminó sí me hizo muchas preguntas sobre él, que cómo reaccionó, que cómo estaba de su cuerpo, que si seguía teniendo la verga chiquita y oscura, y con mis respuestas ella se volvía a excitar y volvió a masturbarse... y hasta en el teléfono se escuchaba el ruido que hacían sus dedos al entrar en su coño rubio y peludo; realmente estaba empapada e hirviendo pensando que otro hombre -prácticamente un desconocido- no sólo la había visto desnuda en fotos sino que se había corrido pensando en ella y viendo su cuerpo y viendo cómo cogía conmigo (porque muchas de las fotos eran de nosotros dos cogiendo en todas las posiciones y por supuesto que todo el cuerpo desnudo se le veía muy bien. Así que Gustavo pudo saber cómo era mi esposa desnuda... y pronto conocería a qué huele y sabe. Y cuando yo llegué a nuestra casa, Victoria me esperaba desnuda y lista para más; y me hizo contarle todo de nuevo y con todos los detalles... pero además pudo sentir en mis manos y dedos, y especialmente en mi boca, el olor y sabor de esa verga y el semen que me había tragado. Ella estaba feliz, eufórica, quizá más caliente de lo que la había visto nunca. Definitivamente ella sí deseaba coger con Gustavo y tener una nueva verga y que otro hombre se la cogiera frente a mí.

Los siguientes días fueron igual de calientes y parecía que deseábamos más y más. Nos contamos todo lo que pensamos y todo lo que queríamos hacer con Gustavo y que él nos hiciera a nosotros. E incluso Victoria hablaba con Gustavo por teléfono y tuvieron sesiones de sexo telefónico delicioso. Ella ponía el altavoz y así yo también oía todas las cosas calientes y hasta degeneradas que se decían, y se intercambiaron fotos de las pajas que se hacían. y quedamos para el sábado siguiente ir al motel toda la tarde.

Ese sábado Victoria y yo cogimos en la mañana pensando en todo lo que haríamos en unas horas más, pero no quisimos llegar muy cansados o habiendo gastado el combustible sexual. Cogimos porque era fantasía de los tres que Victoria llegara sudada y apestosa a sexo, Gustavo quería sentir el olor de mi cuerpo, de mi sudor y de mi verga y mi semen, en el cuerpo desnudo de Victoria; y así saber que se estaba cogiendo a una mujer casada y que le pertenecía a otro hombre. Así que le pedimos a Gustavo que él tampoco se bañara y que queríamos sentir el olor de su cuerpo, de su sudor y su verga, culo, piel, axilas y huevos al natural. Victoria y yo somos olfactofílicos. 

Fuimos a buscar a Gustavo y nos fuimos los tres al motel. Desde el inicio Victoria se fue en el asiento trasero, con Gustavo, en lo que yo manejaba. Y manejé muy despacio dando tiempo a que se "conocieran". Iniciaron besándose y llenándose las bocas con saliva y sus manos corrían por sus cuerpos. Y yo veía por el espejo retrovisor que Gustavo no soltaba las tetas grandes de mi esposa, y las estrujaba y pellizcaba los pezones (Victoria no llevaba ropa interior, sólo una blusa y una falda, así que todo su cuerpo estaba a disposición de mi gran amigo. Ella no dejaba de sobar todo su cuerpo y también le agarraba el bulto de la verga por encima de su pantalón. Gustavo le abrió la blusa y los pechos de mi mujer quedaron directamente frente a su cara, él abrió la boca y se puso a mamar, a morder, a chupar, a pellizcar sus pezones. Yo oía el ruido de su boca y de su saliva que ya empapaba sus tetas. En un momento Victoria dio un gran suspiro y yo pude ver que Gustavo le acababa de meter las manos bajo la falda y seguro ya le había metido un dedo -varios en realidad- dentro de la pusa. Y empezó un mete saca que movía la tela de la falda de mi mujer. Victoria no se quedó atrás y le bajó el zíper a Gustavo y como pudo, le sacó la verga; no le costó mucho por lo pequeña que era y después me contó Victoria que no le importó el tamaño, que la sintió deliciosamente dura y gorda, y que sí, le dio mucho placer en todas formas, ya fuera mamándola o cuando él se la metió en el coño y en el culo). Al fin mi esposa volvía a tener en sus manos una verga que no fuera la mía. Y ahora seguro que no serían sólo pajas como con sus antiguos novios sino que este hombre desconocido para ella, se la metería por todos lados y en todas las formas que quisieran. Era delicioso ver el contraste entre la verga oscura de él y las manos blancas de mi mujer. Además, era la primera vez que yo veía a mi mujer agarrando otra verga y fue muchísimo mejor que cuando yo me lo imaginaba cuando ella me contaba lo que hizo con sus novios.

Ellos se seguían besando y chupándose las lenguas y todas las partes de sus cuerpos que alcanzaban en la posición en que estaban (Victoria encima de las piernas de Gustavo) y ya se sentía dentro del carro el fuerte olor de la pusa de mi mujer (ella saca galones de líquido y de olor muy fuerte y delicioso) y de la verga y huevos de él. Era como estar en el paraíso, y todavía faltaba mucho. La realidad fue miles de veces mejor que todo lo que habíamos imaginado y así supimos que este tipo de vida nos encantaba y que nunca querríamos dejar de hacerlo.

La pasión que los dos sentían era enorme...

Continuará...


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