Primer intercambio de esposas Parte 8

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Era una escena digna de una gran película porno. Yo metido entre las piernas de mi mujer y mamando su pusa y el semen que Miguel le acababa de meter; Sandra encima de su esposo y con la pusa sobre su boca y el semen que yo le metí caía en gotas grandes en su lengua. Estuvimos así unos minutos y cambiamos posiciones y yo no dudé un segundo en agarrarle la verga a Miguel (aguadita y pequeña, pero muy mojada por su semen y el jugo vaginal de mi esposa, y el prepucio negro tapando su glande) y se la sobé un poco y después me la metí en la boca. La sentí deliciosa y el sabor de su semen y el de la pusa de Victoria era exquisito. Él se dio poco a poco la vuelta y logró colocarse en un 69 conmigo. Así fue la primera vez que ambos nos mamamos las vergas... y con nuestras esposas como testigos. Y lo mismo hicieron Sandra y Victoria, se morrearon por unos minutos llenándose las bocas con su saliva, que tenía la mezcla perfecta del semen de nosotros los hombres y el jugo de las pusas de ellas. Se agarraban las tetas y se las apretaban y sus pezones entre sus dedos. Y después ellas también se pusieron en un 69 delicioso.

 Lo hacíamos no tanto por tener más placer u otro orgasmo, porque acabábamos de darnos una cogida enorme y todos nos habíamos venido delicioso; fue más como el acto posterior en donde con más tranquilidad y calma lo que hacíamos era saborear las corridas de los demás. Era algo muy íntimo, porque es muy íntimo sentir los sabores sexuales en tu pareja, sabiendo que no sólo son los tuyos sino también los ajenos. Aunque la pasión había disminuido, la morbosidad de ese acto era increíble. Sólo quienes conocen ese placer saben lo que se siente de tocar, oler, chupar, etc. el cuerpo de tu pareja cuando recién acaba de tener sexo con otro hombre o mujer.

De esa forma el tema bisexual de todos quedó en la mesa y sin ningún problema ni tabú. Salió voluntaria y espontáneamente, y todos lo estábamos gozando increíblemente. Todo estaba siendo muchísimo mejor que si lo hubiéramos planeado. Por supuesto que las expectativas eran muy altas, pero habían sido superadas con creces, y la noche apenas estaba empezando.

Cuando los penes y vaginas quedaron limpias, dejamos de chuparnos... y todos al mismo tiempo nos miramos y soltamos unas carcajadas enormes... y hablamos de lo sucedido y cómo se dieron las cosas. Y todos estábamos de acuerdo en que nos había encantado y que queríamos mucho más. Teníamos los cuerpos pegajosos y húmedos de sudor y eso sumado al olor de las pusas, culos y vergas, era una exquisitez. Teníamos calor, estábamos desnudos, teníamos sed... así que nos levantamos del piso y fuimos a la cocina por más cervezas y las tomamos como que si hubiéramos estado un año sin agua en el desierto. Todos nos reíamos y había un momento de amistad muy lindo. Era como que fuéramos un grupo de 4 personas aventureras y listas a todo, y que acabáramos de hacer juntos una gran travesura. Sin recriminaciones, ni culpas, ni vergüenza de ninguna clase. Definitivamente todos sabíamos que este tipo de vida sexual tiene sus grandes riesgos, pero también grandes recompensas. Y todos queríamos vivir estas experiencias al fondo y todas las veces que pudiéramos.

Sandra y Victoria, desnudas, lucían con orgullo sus cuerpos, todavía brillantes de sudor. Y se comportaban como mujeres completas... y que no tienen ningún prejuicio ni vergüenza en demostrar públicamente que son muy sexuales, calientes y hasta putas con sus maridos y con quienes ellas elijan. Era increíble la seguridad en sí mismas que las dos tenían en ese momento y después de todo lo que hicieron y les hicimos. Y aunque los pelos de sus pusas tapaban un poco sus vaginas, todavía se veían las manchas de los líquidos que les habían salido de los coños y chorreado por sus muslos. A Victoria se le notaban los pezones todavía duros y parados... y bastante rojos por los pellizcos, lamidas y mordidas que Sandra y Miguel le habían dado. Los pezones de Sandra también estaban parados y duros pero no se notaban "irritados", por el color café oscuro que tienen pero seguro que los tenía sensibles de toda la estimulación que recibieron con la boca y dedos de Victoria y míos.

Miguel y yo también nos sentíamos muy cómodos con todo lo que había pasado y agradecidos por haberlo hecho así, sin tapujos ni falsas hipocresías. Es más, estábamos muy contentos de que el "otro" hubiera "tratado" tan bien a nuestra esposa y la hubiera satisfecho sexualmente... porque así seguro seguirían queriendo más. Y estar desnudos era deliciosamente morboso y aunque nuestras vergas estaban chiquitas y encogidas se veían riquísimas. Estar todos desnudos es algo fabuloso y más si se es exhibicionista como lo somos nosotros.

Después de habernos refrescado con un par más de cervezas, todos teníamos ganas de orinar... y así salió el tema de las lluvias doradas que tanto nos gustan a Victoria y a mí. Ya mi esposa Victoria se lo había contado y adelantado a Sandra cuando estuvieron ellas cogiendo en su casa... y Sandra se mostró muy receptiva y entusiasmada por probar también y creía que a Miguel también le gustaría porque es un hombre muy caliente y morboso. Ellos nunca lo habían hecho, aunque se lo habían imaginado y cuando Sandra le contó a su esposo de todo lo que cogieron ellas también le dijo de que nos encantaba orinarnos y ser orinados... y eso llevó a que ellos no sólo cogieran como conejos esa noche (pensando en Victoria y en mí, y viendo las fotos que mi esposa le dejó) sino que al terminar también quisieran probar a orinarse. Se fueron a su baño y Sandra pidió ser la primera en orinar a su esposo... y lo bañó con un chorro de orina amarilla y caliente (después nos comentaron que el olor y el sabor de la orina les había encantado) y a Miguel le gustó tanto que su esposa lo orinara que la verga se le volvió a parar... lo que hizo que le costara un poco orinar a Sandra, porque la orina no le salía teniendo la verga dura, pero al fin pudo orinarla y a Sandra también le gustó la sensación y la morbosidad de que la empapara un chorro de orina de su esposo.

Todos fuimos a nuestro baño y nos acomodamos dentro de la ducha y como teníamos tantas ganas de orinar no hubo tiempo para colocarnos apropiadamente u orinar por turnos... casi que nos abrazamos unos a otros... y las mujeres nos agarraron las vergas a los hombres (Sandra me la agarró a mí y Victoria a Miguel) y apuntaron a sus piernas y pusas... e inmediatamente Miguel y yo soltamos un gran chorro de orina encima de la mujer del otro. Ellas quedaron empapadas, pero como ya tenían sus pusas en nuestras piernas, soltaron su orina. Sandra en mí y Victoria en Miguel. Otra delicia más.


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