El que podía leer el pensamiento

Por
Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
427 visitas

Marcar como relato favorito

          Soñé que el mundo se vestía de letras. Letras que se escapaban de las mentes, pensamientos que abandonaban la intimidad de las cabezas para hacerse públicos. 

       Pronto comprobé que podía controlar el nuevo poder, seleccionando cuándo y a quién espiar. Las posibilidades eran infinitas. Lejos de sentirme cohibido o avergonzado por entrar sin llamar en habitaciones privadas, abandoné todo atisbo de ética y me dediqué a ser un dios en prácticas.

        Al principio, me limité a cotillear, escuchando sin pudor anhelos eróticos, comentarios cargados de hipocresía y falsas alabanzas. Luego me dediqué a detectar las inseguridades y miedos que una gran parte de personas disfrazaban. Y al final... al final decidí actuar, valerme de los secretos que conocía, servirme de la capacidad para decir lo que el otro esperaba oir. Emplear todos los trucos de coacción y oportunismo que mi habilidad especial permitían.

      Entonces Sara, una nueva compañera de trabajo, se cruzó en mi camino. Mentiría si dijese que no la encontré atractiva, que el timbre de su voz y sus palabras no me resultaron mágicas desde el minuto uno. Sin embargo, a pesar de ello, no tardé en usar lo que yo consideraba un don. Una primera lectura, encontró sinceridad, sus palabras y sus pensamientos estaban alineados. Una segunda, fue incapaz de descubrir algo que sus palabras no contasen. Sí, por supuesto, pude ver lo que pensaba comer o por ejemplo, noté el genuino entusiasmo mezclado con la incertidumbre inherente a un nuevo empleo. Pero más allá de eso nada.

         De repente sentí miedo en forma de sospecha y me hice la pregunta que cualquiera se hubiese hecho desde el principio. "¿Y si yo no era el único?" Y mientras mi pensamiento exploraba esa posibilidad observé que Sara me miraba con curiosidad. Enrojecí violentamente mientras los nervios se concentraban en mi estómago y una sensación de desasosiego se apoderaba de todo mi cuerpo.       

      Casi de inmediato, la paranoia en forma de decenas de teorías conspiratorias se adueño de mi razón. Sentí miedo a ser descubierto, miedo a que, en cualquier momento, alguién me denunciara. Miedo a que alguién revelara todos mis pensamientos... me sentí desnudo, expuesto, atrapado... y todo ello sabiendo que nunca sabría si otros sabían de mí, si ella conocía mis pecados.

Aquel mismo día decidí dejar de escuchar esperando que no fuese demasiado tarde.

Entonces lo oí.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed