Del cielo a la tierra, hay un paso y Viceversa (1-3)

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Martina volvió a sonreír, volvió a ser feliz. Su matrimonio iba viento en popa. Trabajaba en el hospital, se quedo embarazada dos veces, naciendo un niño llamado Irían y una niña llamada Inés. Nacieron con 4 años de diferencia. La niña nació primero, fue la mayor. El niño vino sin esperarlo, pero cuando llego ilumino el hogar.

Todos se volcaron con él. Su marido que se llamaba José María, también seguía trabajando en el hospital. En el mismo que trabajaba Martina, pero en distinta planta. Martina en la planta de fase terminal y Josemarí como le decían a su marido, le gustaba mucho hacer Urgencias.

Un día un coche de policías trajo a un delincuente a Urgencias. Era un preso muy peligroso, pero le habían apuñalado en prisión, teniéndolo que llevarlo al hospital más cercano. Nadie se dio cuenta de la jugada tan magistral que tenían planeado, este hombre y sus compinches para poder escapar de las autoridades y del castigo de la justicia.

 Era un jefe de la droga, muy importante y muy conflictivo. Aunque, llevaba las esposas puestas, se las ingenio para quitarle el arma a un policía de encima y amenazar a todo el mundo con disparar, con tan mala suerte que dio dos disparos, dando uno a Josemarí en el mismo corazón, cayendo redondo al suelo sin esperanza de hacerle los auxilios necesarios para revivirlo.

Corrieron a socórrelo, pero todo fue en vano. Llamaron a Martina que estaba ese día de turno en su planta y cuando bajo y vio a su marido en el suelo sin señales de vida, dio un grito aterrador para los oídos de cualquier ser humano que en ese momento lo escucho. Desmayándose seguidamente, quedando unos segundos sin respiración.

Martina estaba sintiendo otra vez la pérdida de un ser querido. Esta vez era su marido. Quedándose sola con sus dos hijos, a edades de 15 y 11 años. Su hija se volcó a darle ánimos y estar siempre al lado de su madre. Su hijo no entendía que estaba ocurriendo, volcándose al paso de los días con malas juntas. Terminando poco a poco metido en las drogas.

Martina no sabía cómo salir de la rueda en la que se estaba encontrado. Un problema detrás de otro. Poco a poco empezó a levantar cabeza, hasta que volvió a ser otra vez la misma, pero ya era tarde. Su hijo estaba metido en un mundo que ya no podía salir.

Cuando quiso darse cuenta Martina y su hija. Irían tenía Sida, tan avanzado que le quedaba unos meses de vida. Madre e hija estuvieron acompañando a Irían hasta sus últimos días, hasta su último aliento.

Martina se encontraba sin fuerzas de seguir luchando. Pero miraba a su hija, que todavía  le quedaba con vida y decía;

--Llora, llora Martina. Pero no sucumbiré a las adversidades que la vida me tiene desina. Luchare (mirando al cielo) hasta el último aliento.

Cuando su hija no la miraba, Martina lloraba. Poco a poco fue reponiéndose de la perdida, pero no del dolor. Empezó a entender a su madre, a añorarla, a desear tenerla cerca y que la abrazara. Pero solo podía tener el recuerdo y mirar al cielo.

En su rostro se reflejaba el dolor de las pérdidas sufridas. Envejeciendo como 20 años de un tirón. Donde su piel se empezó a arrugar, aparentando mucho más edad de la que tenia.

 

                  


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