El subalterno, parte cuarta.

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Todavía no se había quitado la sensación de estar inmerso en una película, cuando  el despertador lo sacó de la misma, volviéndolo a la implacable realidad de los lunes por la mañana. Ahora sin inercias de ningún tipo. Lo primero que recordó cuando salió de la irrealidad del día anterior, fue su condición de subalterno. Fue como una bofetada del destino aquel recordatorio. Cuando salió de su pueblo a estudiar a la gran ciudad no pensaba que su fin habría de ser tan precario. Pero comía de caliente y tenía un lugar donde dormir, por otra parte. Hay que mirar el lado bueno de las cosas- se dijo a sí mismo mientras preparaba el café y las tostadas.

Total, si me paso la mañana- continuó para sí- mirando el facebook y el twitter. Estaba, geográficamente, en la oficina, como un apestado, apartado del resto del personal y con una mesa que evidenciaba su insignificancia laboral, pero que le procuraba la ventaja del anonimato absoluto en sus pesquisas al interné- como él lo llamaba.

De vez en cuando tenía que interrumpirlas, pues no era infrecuente que entrara alguien de la calle pregundando por la ventanilla oportuna, dependiendo de la gestión que precisara. Aquel sota, caballo, rey en que consistía su trabajo, le permitía llegar a fin de mes, humildemente, pero sin demasiados sobresaltos. Vivía en una buhardilla de treinta metros cuadrados donde daba rienda suelta a sus aficiones literarias. Frecuentaba mucho las bibliotecas públicas donde seguía sus pesquisas indagatorias en los puestos wi-fi que por entonces proliferaban. Comía en un bar de obreros y se beneficiaba de la calefacción general del edificio cuya buhardilla habitaba, por ser contigua a un chorro de salida. No podía pensar en formar una familia, pero tampoco estaba escrito que aquello fuera imprescindible en la vida.

Cuando el casero le preguntó por su trabajo, a fin de garantizarse el cobro de las mensualidades- al exigir nómina- contestó que trabajaba de subalterno en Tráfico. Desde entonces por tal se le tuvo en todo el edificio y hasta los niños- que no sabían bien qué significaba aquello- por tal le tenían. 


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