Alma dividida en dos

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Era un día gris, la lluvia caía lentamente sobre la ciudad.

Una ciudad cualquiera, llena de todo tipo de gente, albergaba a los dos protagonistas de nuestra historia.

Era su primer día de trabajo, después de varios meses sin poder dedicarse a su profesión. Estaba nervioso, y a la vez emocionado por esa oportunidad que tenía por delante. Abrió la puerta con más miedo que vergüenza, y pregunto por el jefe.Una persona muy amable, le acompaño hasta su despacho, y llamo a la puerta con disimulo. Al otro lado, apareció una mujer, delgada, de estatura media, ropa informal y ligeramente maquillada. Carlos, se presentó sin atreverse casi a levantar la mirada (esperaba encontrarse a un hombre con traje y corbata y no a aquella atractiva mujer) y ella, le explico brevemente el puesto que iba a desempeñar a partir de ese momento. Al poco rato, y tras una breve  conversación, salieron del despacho y la jefa acompaño a Carlos a su puesto y le presentó a Raúl, su compañero de trabajo, que le recibió con una gran sonrisa. Carlos tuvo la sensación de que conocía a ese chico de algo, pero era imposible  ya que era la primera vez que trabajaba en esa ciudad.

Raúl y Carlos hacían un equipo estupendo, eran rápidos y eficientes en su trabajo, y a los pocos días ya tenían una confianza que sorprendió a Carlos, ya que el siempre había sido muy tímido para las relaciones sociales y casi nadie sabía nunca  nada de su vida privada.

Como Carlos era nuevo en la ciudad, empezaron a quedar fuera y se hicieron grandes amigos. 

Así, fueron pasando los meses y a Carlos se le termino el contrato y tuvo que marcharse. Le costó mucho dejar aquella ciudad y sobre todo alejarse de Raúl.

Esa misma tarde, comenzaron a chatear y no podían dejar de hablar. Se sentían tan bien el uno con el otro...

Fueron pasando los días, los meses, los años....algo los unía irremediablemente, hicieran lo que hicieran. 

Carlos no podía dejar de pensar en Raúl, cada día, a cada momento.. y sintió miedo, miedo a sentir lo que estaba sintiendo...Todo le parecía fuera de lugar, fuera de la lógica más absoluta. A él le gustaban las mujeres y había tenido 3 parejas estables con las que había disfrutado mucho.

Cada vez que chateaba con Raúl, se ponía a temblar... un escalofrío recorría todo su cuerpo.. deseaba verlo a todas horas.

Al acostarse cada noche, su último pensamiento era para él y a veces soñaba que se abrazaban. 

Después de un tiempo, decidió que lo mejor era que Raúl lo supiera y un día chateando le explico lo que sentía. Ni él lo entendía pero era así. También le explico el miedo que sentía de que al confesarle sus sentimientos, él se alejara de su lado.

Raúl se quedó pensativo ante esas explicaciones y aunque sabía en su interior que a él le pasaba lo mismo, no se atrevió en ese momento a decírselo. El estaba seguro de que le gustaban las mujeres...

Los años pasaron, y ellos cada vez estaban más unidos. Un día, en una cafetería Carlos no pudo aguantar más y besó a Raúl en los labios. Fue un beso corto, tímido que provoco en Raúl una reacción que no pudo contener y comenzó a besarlo como nunca antes había besado a nadie. Desde ese día, tuvieron muy claro que se amaban y que deseaban estar juntos porque eran almas gemelas. 


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