Algunos muertos (2): Promesas sin sentido

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Tic-tac, tic-tac, tic-tac … El reloj de cuco dejó escuchar un apagado chasquido y dio salida al pajarillo que, de inmediato y sin fingido descaro, trinó con fuerza a pico abierto la hora en punto.

-¡Cu-cú… Cu-cú… Cu-cú…! -las tres, la tan deseada y enfermiza tres en punto, hora de esperar su aparición.

***

Diez noches pasaron desde entonces y nunca faltó a la cita con su amado; así se prometieron enamorados, “carne y alma unidas hasta el fin del universo, amor eterno…” se juraron en el lecho, muy bajito y juntando sus miradas, citándose como niños a escondidas de la muerte, noche a noche hasta su marcha, para siempre, mientras él plañía con sus rezos hasta el último suspiro y besaba con dolor la blanca y fría mano de su amada.

***

Las tres y cinco y no aparece…

Será un descuido…

Será que ha habido algún problema…

Será que Allá no cuentan los minutos…

Será… Será…

No sabe qué será, y eso lo entristece…

***

Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

***

Las tres y diez de madrugada… Siente el frío entre las sombras que lo envuelven frente al lecho levemente iluminado por seis cirios que protegen el fiel reposo de aquel sueño sin retorno. Se desespera, huele el miedo por perderla en el halo del recuerdo, de no verla nunca más tan reluciente, de ser sólo ese presente la carroña de su cuerpo.

Pero insiste en esa espera fantasmal porque anhela con tenerla rodeada entre sus brazos, aunque sea sin notarla; como en noches anteriores, blanca y pura, joven, tersa, desprovista de gusanos, envuelta entre esos tules que le puso por mortaja y alcoholizan sus sentidos hasta un punto de locura pervertida, de delirio hasta el éxtasis final…

***

-¡Cu-cú…! -sale y se esconde el pajarillo entre las sombras de su celda relojera.

Las tres y media, dijo el cuco; un halo frío se despierta y ahora nota ese calor que siempre lo conforta… Siente que ya viene, que su loco corazón se convulsiona y esa rara sensación que ha hecho de sus tripas un cofre de delirios por sentirla de nuevo tan de cerca.

***

Ya aparece… Ya luce el resplandor de su pureza nutriendo el aire con aromas a flores celestiales…

***

Mas…

Mas… ¡No está sola…!

¡No es posible…! ¿Quién es esa aparición que ha osado mancillar su conciliábulo privado?

Ambos se incorporan desde el lecho, lo abandonan en un rápido viaje y, con un leve gesto de su cara, ella, fulgurante, transparente y grácil silueta de un pasado inolvidable, le da su adiós en un eterno “para siempre” que pinta entre sus labios, huyendo ambos hacia el éter en súbita carrera de ectoplasmas. Va agarrada de la mano de otro amante que una noche prometió también a su otra amada lo imposible de cumplir por los fantasmas: “carne y alma unidas hasta el fin del universo”.

Promesas sin sentido…

Amor de almas que se cruzan en el Reino de la Muerte.


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