Subimos

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Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
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El frio del lobby me hacía estremecerme, no había salido preparada para el frio que había en esta noche sin luna, escuche el ruido metálico y oxidado de las puertas del viejo ascensor abrirse forzosamente, la luz tenue le daba un lúgubre ambiente al interior, sin espejos, sin cámaras, en aquel viejo edificio donde estaba viviendo, mi departamento me esperaba en el último piso, subo, marco mi piso, y siento como se comienzan a cerrar las puertas tras de mí, cuando una mano la detiene, veo que un hombre se sube, no lo había visto antes, el olor a su perfumé llena el pequeño espacio, me estremece, dice cordialmente buenas noches, con una voz ronca y gruesa muy varonil, respondo a su saludo, lo veo marcar su piso unos antes que los míos, comenzamos a conversar, se había mudado hoy, se baja, y llego a mi departamento, en mi mente queda dando vueltas su olor, su voz y sus ojos cafés intrigantes…
Los días pasan y me lo topo cada día al llegar tarde a casa, cada día algo de él llama mi atención, sus manos grandes, su ancha espalda, sus brazos fornidos, su barba frondosa y bien cuidada…

Detengo el ascensor con la mano, y te dentro, nos saludamos como cada día cordialmente, ya han pasado un par de meses, en aquel corto viaje piso a piso, unos pisos antes de llegar a tu piso, el ascensor hace un extraño ruido y se detiene entre pisos, la luz parpadeante nos avisa que hemos quedado encerrados en aquel viejo ascensor, quedamos a oscuras, veo el brillo de tu pantalla iluminar un poco el espacio, toco el botón de emergencia, esperando una respuesta que tal vez no llegara, nos sentamos en el piso, y comenzamos a charlar, mis piernas pasan a rozar las tuyas en aquel pequeño espacio, puedo sentir el temblor de nuestros cuerpos hace frio esa noche de invierno, te acercas y me rodeas con tus brazos, acurrucándome en tu pecho para que no me dé frio, me estremezco sorprendida de tu acto, sabemos que será una larga noche antes de que alguien se dé cuenta en aquel viejo edificio dende todos dormían que estábamos allí…

Tus grandes manos acariciaban mis brazos, mi cabeza en tu pecho dejaba sentir el agitado latido de corazón al roce de mi cuerpo, pude sentir como presionabas mi cuerpo al tuyo cada vez más, mi mano comenzó a acariciar tu pecho, cuando una de tus manos tomo suave pero firme mi cara, tus labios cálidos y húmedos contrarrestaban con el frio, mis brazos rodearon tu cuello entrelazando mis dedos en tu cabello, tus brazos rodearon mi cintura…

Tus besos recorrían mi cuello, tus manos desabrochaban mi blusa, jugando con mis senos, yo dejando libre tu torso de tu camiseta, bajaba mis manos por tu ancha espalda, tus manos subieron mi falda, dejándose sentir por mis muslos, hasta llegar a mi ropa interior, el roce de tus dedos me mojo, mi mano recorriendo tu torso desnudo, llego hasta tu pantalón, dejando al tacto solo tu miembro duro bajo el bóxer, la oscuridad y el frio del ascensor nos tenía sumergidos en la lujuria de nuestros sentidos, mis paredes se estremecieron al introducir tus dedos dentro, mi mano húmeda comenzó a masturbarte, nuestras agitadas respiraciones rompían el silencio dentro, me levantaste, y pude sentir como tus manos buscaban mi cuerpo en la oscuridad, para dejar sentir tus labios en mi vulva, jugando con tus dedos dentro de mí, pude sentir tu sueve risa de satisfacción al escuchar mi gemido al irme en tu boca, te paraste a besarme, y con mis labios recorrí tu torso, mientras mis manos jugaban con tu duro y excitado miembro, comencé a besarlo y lamerlo, para poco ir sintiéndolo latente y cálido dentro de mi boca, entraba y salía jugando con él en mis manos, me llenaste de tu semen caliente, me levantaste bruscamente y me apoyaste en la pared, mientras me besabas, sentir en mi entre pierna lo duro que estabas, tomaste mis piernas, en lo que mis brazos rodeaban tu cuello, y pude sentir tu miembro completamente duro y latente dentro de mí, tus embestidas salvajes contra es fría pared, me tenían perdida, nuestros gemidos y respiración entre cortada se dejaban sentir sin que nuestros labios se separaran, te sentaste en el piso, yo sobre ti, lo podía sentir como estaba completamente dentro de mí, mis caderas se movían adelante y atrás, el roce de mi clítoris sobre ti, hizo que te bañara de mí, tus manos en mis caderas me ayudaban a entrar y salir de ti, mis manos en tu cabello, te sentí más y más grande, hasta llenarme de ti…

La luz tenue nuevamente se encendió, nuestros cuerpos semidesnudos aun abrazados contigo dentro de mí, dejaron que nuestros ojos contemplaran la escena, el rubor de nuestras caras, el sonido de nuestras respiraciones agitadas, el sudor que contrarrestaba con el frio…
La puerta se abrió, bajaste en tu piso, y yo en el mío…

Cada tarde nuestro saludo cordial del ascensor, termina en tu piso o en el mío…


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