Fiesta de integración

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A pesar de las dificultades económicas que se han venido presentando después de la pandemia Covid 19, la empresa para la cual trabajo ha presentado unos resultados muy favorables desde entonces, permitiendo incrementar la planta de personal. Dentro del nuevo personal que ha ingresado destaca Camila, una muchacha joven, 22 años, de cabello rizado castaño, ojos color café, labios carnosos, piel suave y de color claro, cintura minúscula y un culo redondo imposible de evitar con la mirada; todos los hombres (y algunas mujeres) la desnudábamos con la mirada; pero ella siempre mantenía una posición seria y radical, a pesar de su dulce voz y su mirada indescifrable.

Paralelamente existía otra mujer, Stephany, 28 años y quién hasta entonces se llevaba todas las miradas y era deseada por casi todos los hombres y odiada por la mayoría de mujeres. Stephany y yo sosteníamos frecuentemente encuentros sexuales de manera incógnita, o al menos eso pensaba yo.

Para impulsar la integración de todo el personal -nuevo y antiguo- se efectuó un paseo a una ciudad cálida, en unas instalaciones alejadas de cualquier zona urbana. Desde un comienzo se formó un grupo integrado por personal de ventas (dónde estaba Stephany) y personal de administración (donde estaba Camila); todos nosotros disfrutábamos bailando y bebiendo en el borde de la piscina; pero no tardó en llegar el momento en el cuál Stephany y Camila sostuvieron su primera discusión a lo cual yo, cómo su superior, tuve que intervenir.

Después de sortear dicha situación Stephany se retiró, no sin antes mirarme e insinuar que la siguiera; situación que no fue ajena a Camila, quién de forma inmediata se ubicó frente a mí y, respetuosamente me pidió unos minutos para hablar. Sorpresivamente me tomó de la mano y me llevó a una mesa contigua en dónde empezó a preguntar:

Camila: Tú tienes algo con Stephany, ¿verdad?

Yo: No, ¿cómo se te ocurre?

Camila: ¡Dime la verdad!, todos nos hemos dado cuenta que entre ustedes existe algo. Es tú protegida

Yo: No, ¿por qué piensan eso? Somos buenos amigos, nada más.

Camila: Mírame a los ojos y júrame que no tienen nada

Yo: ¿Por qué insistes en eso? No pasa nada.

En ese momento no entendía por qué me interrogaba de esa forma, cómo tampoco comprendía por qué mi actitud de defensa frente a ella.

Camila: Tú me gustas y tengo ganas de ti; pero si está con Stephany prefiero olvidar el asunto.

Yo: ¿Qué quieres decir con "tengo ganas de ti"?

Camila: Quiero hacerlo contigo, ¡ahora!

Quedé en silencio por un instante tratando de entender la situación, momento en el que Camila me tomó nuevamente de la mano y me pidió que la siguiera discretamente. Abandonamos el área sin despertar sospecha, Camila se adelantó a su habitación dejando su puerta levemente abierta, esperando mi llegada en cuestión de segundos.

Al ingresar y cerrar la puerta tras de mí, Camila soltó su cabello rizado dejándolo caer sobre sus hombros, llevaba un short y una blusa en tanto yo vestía una pantaloneta de baño, se acercaba de frente hacia mí con esa mirada penetrante y actitud impetuosa, tomando mi cabeza y atrayéndola hacia ella para besarme de una forma increíble, inundando mi boca con su lengua, y mordiendo la mía con sus labios, aún me encontraba en estado de shock. Mientras nos besábamos caminamos hacia un sofá en el cual su mano derecha ingresaba por debajo de mi pantaloneta y se apoderaban de mi pene, que a esas alturas ya estaba erecto y con liquido preseminal. Separó sus labios de los míos y, mirándome profundamente, esbozó una sonrisa pícara; llevó sus labios a mi cuello, mi pecho y mi vientre para, por último, quitar mi pantaloneta y chupar mi pene de forma fantástica. Sincronizaba el movimiento de su mano con el de su boca sobre mi pene en movimientos repetitivos que hacían que cada vez se pusiera más duro y grueso. Al cabo de unos minutos en los que estuve a punto de venirme decidí separarla (Yo era el maduro y experimentado, no podía permitir que una joven dominará la situación). Me incorporé y la tomé de la cintura, la atraje hacía mí y empecé a dominarla a través de un beso, exhibí el repertorio que a mis más de 40 años he recopilado en múltiples experiencias, desabroche su blusa y su sostén dejando al descubierto unos senos pequeños, de aureola y pezón rosados, lamiendo con ternura y pasión al mismo tiempo; sentí cómo poco a poco su respiración se agitaba y su cuerpo se estremecía; mis manos no cesaban de acariciar su pecho, su cuello, su cintura y ese prominente culo que tantos habíamos deseado. Ya en ese momento había descubierto que en cuestión de segundos había abierto sus shorts y se descubría frente a mí una tanga color roja.

Nuevamente la besé y tomándola de su cintura la alcé, colocando su vagina a la misma altura de mi pene, aún con su tanga puesta; la llevé a la cama ubicando su cintura en el borde de la misma y, abriendo sus piernas, empecé a lamerla por encima de su tanga mientras mis manos recorrían sus muslos, su culo, sus senos y su boca; ella se estremecía y sus gemidos iban en aumento, mientras sus manos se posaban por detrás de mi cabeza invitándome a seguir. Tiernamente quite su tanga, dejando al descubierto una cintura suave, una vagina pequeña, rosada y perfectamente depilada, un olor suave y agradable a la pasión me invito a chupar su vagina; primero con movimientos suaves de mi lengua en sus labios y juegos sutiles en su clítoris; su estremecimiento al contacto de éste era notorio, su humedad y calor iban rápidamente en aumento. Fue el momento ideal para exponer mi experiencia y empecé a lamer su clítoris de forma más rápida, succionándolo por intervalos de forma suave, mordiéndolo con mis labios y agitándolo con mi lengua, todo esto en el mismo movimiento, logrando que al cabo de unos instantes sintiera sus jugos recorrer mi boca acompañados de un gemido gutural y una exhalación profunda, con su cuerpo arqueado y su cintura invadida por espasmos; fue su primer orgasmo. Inmediatamente me acerqué a su cara llenándola de besos suaves, escuchando su jadeo y tratando de encontrar una mirada que estaba ausente... toda ella estaba ausente en ese momento. Reanudé nuevamente mi ejecución de sexo oral, pero ésta vez esperando el momento oportuno para penetrarla; dicho momento llegó cuando, nuevamente, noté su humedad aumentando y que arqueaba su espalda, rápidamente dejé de lamer, me incorpore y la penetre lentamente; sus ojos se abrieron y su boca ahogaba un grito; sus manos se posaban en mi cintura y me invitaban a penetrarla más rápido y más fuerte; no tardó en venirse por segunda vez; pero ésta vez la acompañé sacando mi pene y llenando de semen su pecho.

A día de hoy no lo hemos repetido, pero nuestras miradas indican que no faltará mucho para hacerlo. En un próximo relato les contaré lo sucedido con Stephany en ese mismo paseo.

Hechos reales.


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