Din ¿don? parte 3

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Me levanté como pude y aunque la poca gente que quedaba allí me felicitaba por mi actuación yo ya no tenía fuerzas para nada. Había fracasado, no había sabido como convercerlos, era un inútil y por mi culpa iban a morir, si pudiera volver atrás e intentarlo de otra manera… 

-¿Se puede saber que ha sido eso?-. preguntó Natalia enfadada nada más cerrar la puerta del despacho. 

-Lo he has visto y oído-. No iba a esconderme ni a inventarme escusas pronto saldrían por la tele y entonces me creerían, tarde, cuando no hay manera de cambiar las cosas y solo podemos lamentarnos, como siempre. 

-Yo sé que no era una actuación Julián. ¿Qué demonios… 

-Tengamos esta conversación otro día Natalia. Cuando aparezcan en las noticas de sucesos. Me vuelvo a la cocina. 

Y así la dejé sin palabras y así se volvió a quedar cuando en su casa Matías Pratts contaba el horrible accidente ocurrido en la N17 justo como su compañero de trabajo había predicho.  

Natalia me creyó si y también me preguntó cómo iba a morir. Pero no solo ella sino todo el pueblo, no solo todo el pueblo sino que vino la tele. Todo el mundo conocía mi “don” y casi todo el mundo quería que le predijera su muerte. La prensa rosa contactó conmigo, fui a programas y me hicieron preguntas y pruebas.  

Solo aguanté 3 semanas. Había ampliado demasiado mi circulo social, veía demasiadas cosas que no quería, me ofrecían montones de dinero que me veía obligado a rechazar, me sentía utilizado y no quería seguir con ello. Entonces la gente empezó a echarme mucho hate: Que con mi don podía evitar muertes trágicas…. Que así la gente se preparaba para su muerte… que la gente podía disfrutar mejor el tiempo del que disponían… que podían despedirse de sus familiares… que podían arreglar todo el papeleo del funeral y herencias … que sería un bien mayor para la sociedad… que era un egoísta por no entender la tranquilidad que ofrecía a miles de personas y muchos insultos más. 

Ellos eran los que no entendían. ELLOS. No sabían la desgracia que era su “don” o como lo llamaran.  No sabían lo que me estaban pidiendo. Yo quiero cocinar, no quiero ver la muerte de miles de personas a diario solo, ¿por qué? ¿Por su tranquilidad? Que les den. 

Si, era egoísta, haría bien a la sociedad, eso lo sabía. Pero estaba harto y no pensaba sacrificar su salud mental e incluso su vida solo para que la gente pueda despedirse de sus seres queridos, o que disminuya su miedo a vivir o que puedan disfrutar mejor de su vida.  

Coño, ¡que lo hagan ya! Eso es lo que esperan, que yo les diga su fecha final para entonces saber cómo vivir. Que se despidan y disfruten de sus familiares siempre, no en sus últimos momentos. Que sean valientes, buenas personas ahora y no se esperen a saber que pueden serlo sin riesgo.  

Que vivan el momento con incertidumbre, si todos sabemos que vamos a morir. El saber cuándo solo hace más aburrida la vida.  

O no. Pero no quiero que la gente lo averigüe a costa mía. 

De ahí que desde entonces me fui del país y me hallo vagando con una identidad falsa y una imagen distinta en espera de que la sociedad se olvide de mí (lo contrario de lo que la gente quiere). No tardarán mucho ya que con la cantidad de información y sucesos que ocurren a diario solo tengo que esperar un poco.  

En esta época de hermitaño en la que me hallo, solo sé que cuando me reincorpore a la sociedad intentaré hacerlo mejor y no tener público la próxima vez que quiera evitar una tragedia. Ahora seguiré andando sin rumbo, descalzo y con heridas no solo físicas esperando que la vida me sorprenda (para bien, si no es mucho pedir). 


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