¿UNA BUENA ÉPOCA? 3 (FINAL)

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Reconozco que me encantaba la compañía de Elisa y tuvimos una tórrida relación. Pues me sentía muy comprendido por alguien como casi nunca me había ocurrido. ¿Era yo acaso un tipo elitista? ¿Un niño pijo como se suele decir vulgarmente y no me había dado  cuenta hasta entonces? Quizás.

También en una ocasión ella me presentó a su hija de quince años, que era una chica muy hermosa; pero lo más sobresaliente de ella era que me hallaba ante una gran ilustradora de cuentos infantiles, la cual estaba muy afectada por el divorcio de sus padres y lloraba desconsoladamente.

-Es que mi exmarido es un hombre muy inteligente y un buen escritor de la revista INTERVIU - me confesó Elvira con cierta admiración-. Pero lo quisimos integrar en la empresa familiar para que se ganara la vida como todo el mundo y fue un fracaso. Él es un bohemio que quiere ir a su aire; así como tampoco sirve para hacer una vida hogareña. De manera que al final nos tuvimos que divorciar.

- Entiendo. Yo lo que he visto es que muchas familias que tienen un negocio familiar, si el primogénito de la misma no tiene el mismo sentimiento  conservador o el mismo pragmatismo del padre, se le rechaza. Se le considera el "oveja negra" de la familia, y por mucha voluntad que el hijo tenga en hacer las cosas bien, siempre se le tratará como a un paria - dije yo a tenor de lo que había visto a lo largo de mi vida-. Esto es una costumbre de la era rural cuando dicho primogénito tenía que heredar las tierras. Y no te digo nada si el joven heredero es un bohemio, un literato como tu marido. La gente es muy prosaica y no comprende demasiado al hombre de letras.

- Sí, sí. Esto ya lo sé. ¡Pero madre mía que complicada es la vida! ¡Y que gregario es todo! - repetía sin cesar.

Mas una noche al salir del Club cultural en la que las cenicientas luces de la ciudad iluminaban con cierta magia el asfalto, y mientras yo llevaba cogida por los hombros a Elvira de súbito nos encontramos de frente con su marido, que era un tipo alto y muy bien parecido.

-¡Oh mi marido! - exclamó ella-. ¡Suéltame, suéltame que él todavía está enamorado de mi! - me ordenó.

En aquel momento yo sentí que se me encogía el estómago. ¿Y si aquel hombre llevado por los celos se enfrentaba conmigo y me daba una paliza? - pensé.

No obstante sucedió todo lo contrario. El marido de aquella dama de altos vuelos me saludó muy cortesmente y estuvimos hablando durante un buen rato de literaura.

- Bueno. Ahora  está de moda la literaura latinoamericana con su realismo mágico. Pero yo me identifico más con la lectura de obras anglosajonas, que son más directas - me dijo él.                                                    

- Yo creo que sin despreciar el estilo latinoamericano, porque cada uno se expresa según su sensibilidad, este triunfo de estas obras se debe sobre todo al factor novedad, porque aquí antes no se conocía el realismo mágico y a muchos lectores les cuesta adentrarse en este estilo literario - le respondí yo. Hablábamos como si nos conciéramos  de toda la vida.

- Claro, claro.

Pero cuando me quedé a solas respiré con profundidad. "¡Ufff!"

En la Antiguedad se hablaba de la Edad de Oro que era cuando los hombres se codeaban con los dioses, y este mito ha perdurado hasta la actualidad pero aquí los dioses eran la democracia y la actividad cultural de aquel CLUB DE VANGUARDIA; pero como se ha podido constatar no existe una Edad de Oro en su totalidad; de igual modo como no hay rosa sin espinas.

Poco después aquel magnífico Club tal vez por problemas económicos dejó de exisstir.

                                                          FRANCESC MIRALLES


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