EL RECLUTA Y LAS MONJAS.

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 Esta historia tiene como protagonistas a dos estupendas monjas y mi persona, en tiempos en los cuales hice el servicio militar.
A estas monjas las presentaré como la “buena”y la “mala”. La que estaba buena era la mala y la que estaba mala era la buena.  Esto es lo que ocurrió.
En gimnasia, saltando el potro, me fracturé el peroné en el campamento de Monte la Reina. (Zamora) Me llevan al hospital para hacerme radiografías y ver el alcance del suceso. En el hospital las enfermeras eran monjas las que atendían a los enfermos. Eran otros tiempos y no tenían camillas ni sillas de ruedas para que pudieras moverte por el hospital. Al menos para los que hacíamos la mili, que nos tenían apartados en salas diferentes a otros enfermos.
Una monja “la buena” de sesenta años, que era frágil, de estatura, fina y religiosa, que tenía que ser una Santa para tratar con los energúmenos que éramos en esa edad, 
Me pidió que atendiera una pequeña capilla que tenía en el pasillo y rezara el rosario en voz alta para que otros enfermos lo oyeran y rezaran también.
No me pareció correcto negarme, hice todo lo que ella me solicitó que hiciera. Esto me reporto una serie de beneficios que yo no esperaba. Me traía un poco de sal al estar la comida sosa. Una fruta más de postre y un botellín con vino que la “buena” lo escondía bajo su ropa. Otra serie de cosas, como estar más pendiente por si necesitaba otras cosas.
Tenía que bajar al primer piso para hacerme la radiografía y le comente a la “”buena “” que quien me ayudaría a bajar al no poder yo apoyar la pierna en el suelo 
_ No te preocupes que una compañera te ayudara a bajar cuando lo necesites.
Llego la hora y se presentó la “”mala “”Me quede en blanco al verla, era la mujer más guapa que había soñado, su cara era de porcelana, su sonrisa no sé cómo describirla y su cuerpo al desnudarla con mi mente era una cosa perfecta, 
Me quedo como una estatua de mármol sin saber qué decir ni que hacer.
Sus palabras al saludarme y decir que me ayudaría a bajar me sacaron de mi letargo, mi lengua recupero su función y al fin pude decir al menos ¡Hola!
Me cogió por la cintura y me dijo que me apoyara en ella, Así lo hice, pero nada más tocarla empezó el sufrimiento, Mi corazón se empezó acelerar, mi pierna sana temblaba, salen a flor de piel mis colores y mi antena se dispara.
La situación era embarazosa y ella al notar mi temblor me sujeta más fuerte y me abraza pensando que me dará un mareo y caeré redondo al suelo. Efectivamente, eso fue lo que me ocurrió y al despertar me tenía en brazos, como cuando la Virgen María recogió a Jesús al bajarle de la cruz.
Esto despertó en ella un tremendo interés por mí. Estaba muy pendiente por si me ocurría algo en lo que poder ayudarme. Me tocaba cada vez que me veía y eso probocaba en mi sueños y pesadillas.
Quiero pensar que lo hacía de buen corazón sin saber lo que yo sufría al verla. Por una parte, deseaba verla y por otra rezaba para no verla más. No contaré las veces que he pecado de pensamiento.
A las dos las tengo en mi recuerdo. La “buena” por su edad estará en el cielo y la “mala”me gustaría pensar que sigue en este mundo.
Esto produjo efectos colaterales por parte de los compañeros que estábamos en la sala, Ëramos un montón, En esos tiempos no había habitaciones individuales.
Al notar que las dos se interesaban por mí, me tomaban el pelo diciendo que si no me llegaba con tirarme a una que necesitaba a las dos. Estas bromas las comprenden los que hicimos la mili.
Lo peor del caso es que me pusieron el mote del (tira monjas) sin comerme una rosca.
En fin son recuerdos que a veces me gusta recordar. Un saludo para todos. José.


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