La vieja carretera 2/2

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He dicho varias veces que la niebla era densa y espesa y que apenas se podía ver a escasos pasos, pero, aun así, la visión de aquella silueta, extraña, aunque antropomorfa, era claramente distinguible en la bruma. Sentí su mirada clavada en mí mientras un escalofrío recorría mi cuerpo y me mantuve inmóvil, ya que por más que lo deseaba no era capaz de mover un solo músculo de mi cuerpo, incluso mi respiración parecía haberse detenido. Sentía los latidos de mi corazón como un eco lejano, y desee al cielo que todo aquello pasara deprisa.

La criatura parecía estudiarme y vi como avanzaba despacio a través de la niebla; escuché el sonido de sus pisadas, vi los destellos de lo que supuse serían sus ojos, mientras la silueta iba ganando altura, hasta que finalmente la bruma del bosque fue incapaz de ocultarla más.

Jamás encontraré las palabras para describir la sensación de aquel momento.

Nos miramos, él o ella me observaba con curiosidad. Se acercó más a mí, yo no puedo más que quedarme quieto observándola; luego extendió lentamente uno de sus brazos y me tocó la cara mientras ladeaba ligeramente su cabeza y me observaba. Chasqueó, y de la niebla emergió la segunda criatura. No fui capaz de mirarla, estaba completamente paralizado. Sentí como la segunda criatura se colocaba detrás de mi y luego chasqueó; en un acto reflejo no pude evitar cerrar mis ojos presa del pánico, pero cuando los volví a abrir… estaba solo.

Miré nervioso a mi alrededor, no vi criaturas ni siluetas, no había chasquidos; todo era calma y quietud y el sonido del ralentí de mi coche violaba el silencio. Ausente, subí de nuevo a mi vehículo, cerré la puerta y puse las manos sobre el volante. Aún no sé por qué miré a mi izquierda y ahí estaban de nuevo. Las vi difusas entre la niebla, una alta y delgada, la otra de menor estatura y como si andase a cuatro patas, como si fuesen un cazador y su perro. Las sentí mirarme unos instantes y luego, sin más, desaparecieron entre la niebla.

Centré mi vista hacia delante, puse primera e inicié la marcha de nuevo, sin más objetivo que salir de ese lugar de pesadilla.

Aun desconozco el motivo de porqué estoy aquí sentado escribiendo estas líneas, desconozco porqué aquella criatura no acabó con mi vida como si fuese un ciervo más. Sea como fuere, pasaran mucho años antes de que, si es que llega a suceder, mi memoria borre lo que viví ese día. Pasaran muchos años antes de que olvide aquella mirada, aquellos ojos negros y rojos que me estudiaban como si fuese una criatura extraña, aquellos brazos largos y delgados y sus dedos aún mas largos con su frío tacto. Su cuerpo delgado, una mezcla de… aquellos jirones que colgaban de él, como… como ramas de un árbol… desconozco cómo el bosque puede fusionarse con la carne viva, pero esa, es la vaga imagen que recuerdo. Recuerdo claramente el sonido de su cuerpo al andar, era el sonido del crujir de las ramas. Pero sobre todo recuerdo aquellos chasquidos…

De la segunda criatura no tengo una imagen real, aunque su forma difusa entre la niebla, fue más que suficiente para sentir alivio al no haberla visto. Juraría que estaba compuesta por una malgama de extremidades que se movían y crujían, llenado el aire de sonidos secos.

Tal vez, sigo aquí para dejar constancia de su existencia y dejar una nota de aviso a todo aquel imprudente que, como yo, cometa el grave error de tomar la vieja carretera que va desde San Esteban a Puerto Nuevo. La naturaleza en todas sus formas es dueña y señora de aquel lugar, y lo extraño e imposible, es posible en aquel lugar… pero aún así, si eres un insensato y optas por adentrarte en aquel lugar, recuerda, sigue siempre adelante, no te detengas nunca, pues hay algo que habita en el bosque, que rodea la vieja carretera…

 

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