Las ninfomanas

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Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
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Hola, soy... Bueno, se me conoce como Irina en el mundo. ¿Y a qué se debe ese nombre claramente falso? Pues ni más ni menos, este nombre es el usado cuando grabo, en mis streamings y en algunas sesiones.

¿No queda clara mi profesión? Entonces será mejor que explique con mayor detalle a que me dedico: yo, como el resto de mi familia ficticia, somos actrices de contenido adulto por webcam. No es un trabajo lleno de glamour, como el de las actrices de Hollywood, pero tampoco es tan duro como el de las mujeres y hombres que se dedican al cine clasificado como x, el porno, vamos. Aunque es una ocupación con sus cosas buenas y malas, no la cambiaría por nada en este mundo.

Me describiré. Con 18 años, apenas mido 1,50 m y peso 40 kilos. Soy poca cosa a simple vista, excepto cuando compruebas que mis pechos, trasero y rostro entran en lo que vulgarmente diríamos, muy follable. Antes era morena, ahora rubia. Ojos castaños oscuros. Nariz pequeña, sonrisa perfecta. Piel morena a raíz del sol, y la ayuda de las máquinas de rayos uva.

Quizá convenga detallar cómo llegué a este panorama del cual vivo y disfruto hoy en día. Hace unos meses, apenas un par después de cumplir la mayoría de edad, necesitaba dinero. No quería seguir estudiando, tampoco deseaba un trabajo basura y no me complacía la idea de no hacer nada a la espera de que llegase algo del cielo. La situación pintaba oscura, mas, por azares del destino, encontré a Mami.

¿Que quién es Mami? Basta con indicar que fue mi salvadora. Mami, una mujer de 36 años, con un cuerpo de infarto (creo que con ayuda de alguna cirugía) de casi 1,77 m, ojos verdes, cabello rubio con mechones blanquecinos y curvas exuberantes, decidió que agregar una nueva cara a su show vendría bien.

No creáis que fui engañada, manipulada o chantajeada. Mami me explicó con detalle que viviría del sexo, de excitar a los espectadores a través de una cámara y que tendría que aprender a reprimir cualquier tabú, fuera cual este fuese. Fundamentalmente, los espectáculos serían charlar, escuchar y mostrar. Casi sería una stripper a través de internet. No obstante, por el coste adecuado y si estaba de acuerdo, se podrían añadir mayores elementos a mi número. Un show aburrido, sin novedades, está condenado a fracasar tras el paso de su frescura. Si incluso pidió que reflexionase durante unos días antes de aceptar o negar su oferta.

Sin dejar pasar nada de tiempo, al momento, dije sí.

Mami invirtió días en enseñarme, en inculcar unas pautas a seguir en todo momento, en ayudarme a realzar mis atributos fuertes, en hacerme más bella con el correcto juego del morbo. Su ayuda para superar cohibiciones, en TODOS los aspectos, fue vital.

Cuatro meses después de entrenamiento y aprendizaje, preparada para debutar en el mundo de la webcam, Irina había nacido. 

Una sonrisa amplia, una lencería rosa compuesta de un corsé, medias de rejilla, liguero, un tanguita de hilo que se metía hasta el fondo de donde no debía, un sujetador semitransparente y mis gafas, junto con la siempre finalidad de conseguir más visionado y propinas, me ayudó a encender y empezar a transmitir.

Pero esto, si queréis saberlo, llegará en otra historia.


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