La tortuga y la iguana

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Erase una vez, una tortuga de tierra que vivía cerca de un charca con otras tortugas. Se sentía feliz con su vida y pasaba los días muy tranquila.

Todas las mañanas, salía a una piedra que estaba al lado de un gran árbol a tomar el sol. Un día mirando hacia arriba para captar al máximo los rayos de sol, algo en el gran árbol la sorprendió. Su corta vista no la dejaba ver con nitidez de qué se trataba, pero era algo que la cautivó de tal manera, que cada día se colocaba en la misma posición e intentaba encontrar aquella cosa que la parecía tan hermosa.

Así fueron pasando los días, hasta que una calurosa mañana, nuestra tortuga fue a su piedra como cada día y allí estaba ella, tumbada en la piedra con los ojos cerrados.

Era la cosa más hermosa que había visto jamás.La tortuga se acercó sigilosa y se puso a su lado. En ese momento, la iguana abrió los ojos y la saludo amablemente.

A partir de ese día, iguana y tortuga pasaban horas juntas, era tal la complicidad  que existía entre ambas, que la tortuga se olvidaba de volver a  casa y su familia empezó a reprenderla, pero a ella la daba igual.

Iguana y tortuga deseaban estar siempre juntas, y cuando se separaban, no podían dejar de pensar la una en la otra, pero un día, la iguana bajó a la piedra como cada mañana y allí no había nadie.Espero y espero, mientras las hojas de los árboles amarilleaban y caían sin parar al suelo, el frío y la lluvia lo inundaban todo.

La iguana estaba cada vez más triste y sin entender nada, se refugio en las ramas del gran árbol y cada noche soñaba con volver a encontrarse con la tortuga, aunque a medida que pasaban las semanas iba perdiendo la esperanza de volver a verla.

Una mañana, nuestra amiga iguana abrió los ojos con los primeros rayos del sol,  un bonito cielo azul iluminaba el bosque y las flores comenzaban a brotar. La iguana sin muchas ganas de nada, bajo a la piedra a calentarse un poco y se quedó profundamente dormida. Un ruido la despertó de repente, cuando abrió los ojos, allí estaba ella, mirándola con mucha preocupación y cariño.La pobre iguana tenía muy mal aspecto, estaba delgada y ojerosa, pero al verla sonrió y comenzó a llorar. La tortuga se disculpó por no haberla contado que hibernaba y aprovechó el momento para decirla que la quería mucho y que no se iba a separar nunca más de ella , pues a partir de ese momento, incluso cuando la tocara hibernar, lo haría a su lado.

Tortuga e iguana nunca más volvieron a separarse, y vivieron juntas su amor sintiéndose muy felices.


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