La Calma

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Pienso en la calma y al cerrar los ojos vuelto a estar sentado a tu lado, en una soleada tarde de julio, en el banco de madera de un mirador con un fondo de valle de río entre impresionantes montañas, adivinándose muy levemente una población allá lejos, en el horizonte.

Corre una suave brisa que refresca el calor de los cuerpos por efecto del sol, el cual a veces hace por esconderse tras de alguna de las blancas y aisladas nubes, que como bolas de algodón de azúcar, pueblan un inmenso cielo azul que alcanza hasta dónde llega la mirada.

Alrededor, solo de vez en cuando, se escucha el canto de algún pájaro. Se puede sentir como la tierra transpira al igual que lo hace nuestra piel.

Es el momento del descanso, del reposo antes de la vuelta al hogar, de dejar que la vista se deleite por unos instantes más con toda la belleza que nos es mostrada. El fin de uno de esos días raramente perfectos, luminosos, alegres, en definitiva, felices.

Jornada de caminar uno al lado del otro tejiendo conversaciones que se pierden en la inmensidad o disfrutando simplemente del silencio, del cariño, y de los afectos compartidos.

De ver como abres camino con decisión y te internas en la espesura del matorral o avanzas poco a poco para captar los detalles de una profunda floresta. 

De las sonrisas y de las eventuales carcajadas que surgen cuando recordamos esas anécdotas que algún día nos sucedieron y que, aunque en su momento nos causaran apuro o vergüenza, nos gusta compartir ahora.

De descubrir con ansia todo lo que aparece en nuestra ruta con la fascinación y el interés de quien ve algo por primera vez y quiere saberlo todo de cada novedad.

De ilusión al contemplar como eres feliz persiguiendo a una mariposa con alas de llamativos colores para fotografiarla hasta que surge el momento perfecto, aquel en el que estáis una frente a la otra, con el objetivo de por medio, cruzando vuestras miradas en tanto que yo, a escasa distancia, os contemplo y no puedo menos que recordar lo hermosos que son tus ojos así de cerca.

Y así al final de nuestro viaje en un maravilloso día disfruto de la calma, o más bien diré que en ese instante soy consciente de ella, porque mi calma en realidad eres tú, en cada momento de este viaje que emprendimos juntos.


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