El ascensor que bajaba lento (Capitulo I)
Por J. Volquez
Enviado el 19/08/2025, clasificado en Adultos / eróticos
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Capítulo I
Estas son las mañanitas…
Son las 7 de la mañana de un lunes cualquiera. Yo me dispongo a salir de mi casa para acudir a mi jornada laboral como de costumbre. Miro el reloj porque voy con retraso (aunque en el fondo eso me da igual), salgo de mi casa y me dirijo al ascensor. Presiono el botón para que venga el ascensor, pero este no responde.
– Otra vez lo ha cogido otro vecino. Siempre pasa lo mismo - exclamé.
Me toca esperar y para colmo este ascensor es más lento que el caballo del malo.
– ¡Quien me habrá mandado a mudarme en un séptimo piso! – me reclamé a mí mismo.
Después de laaaaargos minutos, por fin sube el ascensor. Mientras se abre la puerta, casi se me salen los ojos del cuerpo; dentro veo a una hermosa mujer de pelo castaño, no muy alta, ojos negros, piel blanca y rostro angelical. He de decir que su nariz de modelo española estirada me pareció tan graciosa como atractiva. Tenía puesto un vestido negro bien ajustadito a su cintura que marcaban a la perfección su cuerpo de guitarra. El vestido era lo suficientemente corto como para admirar con deleite sus hermosas piernas y su sexy pose. Zapatos color rojo vino de tacones altos completaron aquella obra de arte. Apenas había pasado un segundo cuando me había fijado en todos esos detalles.
- ¿Vas a entrar? – Me pregunta ella con voz de “oye muévete que no tengo todo el día”. Parece que ella también iba con retraso al trabajo, aunque no le daba tan igual como a mí.
Yo intento disimular mi expresión de ‘fanboy’ en un concierto de Beyonce, asiento con la cabeza y entro en el ascensor. Por suerte hay poco espacio dentro y eso me obliga a estar lo suficientemente cerca de ella como para percibir el olor de su pelo. Un olor que me eleva a las estrellas y a la vez me lleva a tener pensamientos pecaminosos. La observo de pies a cabeza y no puedo dejar de admirarla; ella en cambio mantiene la mirada al frente con las manos cruzadas mientras sostiene su bolso blanco. Eso sí, mirándome de reojo cada cierto tiempo; no sé si porque le parezco interesante o porque le genero desconfianza. En cualquier caso, algo es algo.
De pronto caigo en cuenta que solo son 7 pisos los que vamos a recorrer y que el ascensor llegará a su destino en cualquier momento. Tengo que aprovechar el tiempo. Al menos debo saber su nombre.
– Disculpa, no te había visto nunca por aquí ¿eres nueva en el edificio? – le pregunto.
– No vivo aquí, he venido a visitar a mi hermano. – Me contesta mientras mantiene su mirada al frente.
- Ah que bien, ojalá lo visites con mucha frecuencia. Mi vista lo agradecerá. – le dije, a lo que ella esbozó una ligera sonrisa.
Después de esa pequeña conversación entendí que había llegado el momento de intercambiar los nombres.
- Me llamo Jorge. – Le digo.
- Yo me llamo Linda, encantada. – Me responde.
Después de un pequeño apretón de manos ya vamos entrando en confianza.
- Encantado estoy yo Linda, encantado estoy yo… – Le respondo.
Ella esboza otra sonrisa, pero esta vez vuelve ligeramente la cabeza. ¡Ay que ver cómo se le ilumina el rostro cuando sonríe! Noto como su rostro se pone un poco rojo, no sé si porque me tiene vergüenza o por el calor infernal que hace dentro del ascensor que, como dije al principio, es más lento que el caballo del malo. Lo cual esta vez agradezco.
Se hacen unos segundos de silencio, mientras voy pensando en algún tema interesante de conversación. Por suerte ella se adelanta (lo cual es buena señal):
- ¿Tu de dónde eres? – Me pregunta.
- Eso depende. – Le contesto.
- ¿De qué? – me dice.
- De si lo preguntas solo por curiosidad o porque te parezco interesante. – Le digo.
Ella sonríe ligeramente y vuelve a mirar al frente mientras se muerde los labios.
- Soy de Republica Dominicana. – Le digo.
- Ah que bien. – dice ella.
- Espero que mis rasgos tan exóticos no te asusten. – Le respondo.
- Para nada, de hecho, siempre tuve curiosidad por saber cómo eran los de allí. – Me responde.
- ¿Nunca habías visto un dominicano? – Le pregunto
- Alguno he visto por ahí pero nunca había estado tan cerca de uno. – Me replica.
- ¿Y tú de dónde eres? – Pregunto.
- De México. – Me dice.
- Oh que bien, eso suena interesante, espero que algún día me invites a conocer México. – Le propongo.
Ella vuelve a sonreír. Ya estamos llegando a la planta baja. ¡Vaya, justo ahora que nuestra conversación se ponía interesante! El ascensor está a punto de abrir sus puertas y es en ese momento que yo le pregunto:
- Ahora que has visto a un dominicano más de cerca, ¿Qué tal te parecen?
- No están mal, aunque me gustaría confirmar cosas que oigo por ahí – Me dice.
- ¿Qué cosas? - Le cuestiono.
Justo en ese momento se abre la puerta del ascensor. Ella se dispone a salir y ahí es cuando me quedo estupefacto por su hermoso trasero y ese vestido bien ajustadito que hacen que mi imaginación y mis pensamientos morbosos hagan alianza. Ella se detiene en la puerta, voltea la cara, me mira de arriba abajo y me dice:
- Puede que el jueves por la noche vuelva a visitar a mi hermano.
Se despidió con un ligero movimiento de manos mientras la vi alejarse con un estilo propio de una modelo de Victoria’s Secret. No podía parar de observarla. Luego caí en cuenta que me había tenido una pequeña erección mientras hablaba con ella (bueno en realidad me di cuenta desde el primer momento, pero creía que lo estaba disimulando bien). Ahora entiendo esa mirada picarona que ella me echó al final. Y es que a veces el deseo es imposible de disimularlo y más cuando te encuentras con una diosa así.
Esa mexicana de rostro angelical esconde un secreto; sospecho que existe una traviesa dentro de ella que me muero por descubrir. Y la voy a descubrir…
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