Denunciar relato
Las voces se van extinguiendo a medida que avanza el amanecer. La conversación se convierte en un susurro: «hasta mañana» dicen uno tras otra. La vida no se apaga con los silencios. En la soledad y el vacío los momentos vividos reviven.
Esos bancos, Amelia tienen la voz del pasado extinguido. Reviven porque permanecen en la memoria, a veces como fueron, otras veces como quisimos que fueran. No reviven como fantasmas; los fantasmas somos nosotros.
Al pasado no se regresa. La lección es clara: hay que vivir con una intensa consciencia
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