EL RENACIMIENTO DE MIRTA Y JUAN LUIS (II)
Por Eunoia
Enviado el 25/08/2025, clasificado en Adultos / eróticos
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(II)
Mirta abrió la puerta con la tarjeta plástica. Juan Luis iba detrás. Apenas empujó la puerta la tomó entre sus brazos y se apoderó de nuevo de los labios hirvientes de Mirta. La lengua de ella se enroscó en la de él, recibió su saliva caliente y la tragó, a la vez que la suya recorría sus dientes, sus carrillos, su paladar. Él la apoyó contra la puerta y desabotonó su blusa. Mirta abrió la hebilla del pantalón de Juan Luis. Él buscó el cierre del sujetador y las tiras cayeron, dejando los grandes pechos de Mirta al aire. Mirta tiró del cinturón y éste cayó hasta las rodillas de Juan Luis, que acariciaba los pezones tiesos y duros de ella. Gimió de placer al sentir como los labios de Juan Luis lamían las puntas duras y pasaban de un pezón a otro, mordisqueando las bolas oscuras y granosas. Con las dos manos tiró de la goma del slip y lo bajó. La barra larga dura y gruesa de la polla cimbreó al liberarse. Mirta la agarró con una mano; la otra acarició los cojones duros y vellosos; jugó a mover cada esfera dentro de la bolsa escrotal, tiraba de la piel y restregaba entre las yemas de sus dedos los pelillos rizados, desatando la sensualidad de Juan Luis, que jadeaba audiblemente. Ella se agachó y tomó la verga hinchada y dura en su boca.
Hacía mucho tiempo, años, que Mirta no practicaba el sexo oral, aunque le resultaba una parte placentera e imprescindible del intercambio secual. Con David no era parte de las costumbres de su vida íntima. Cuando ella lo intentó, David no consiguió llegar al orgasmo y al final desistió optando por no pedir aquello que constituía para ella la mejor, sino la única manera verdadera en que alcanzaba el orgasmo tras el clímax. Con otros hombres, el intercambio sexual había llegado hasta un placentero 69 y un orgasmo casi simultáneo.
Cuando se introdujo toda la extensión del falo en la boca, Juan Luis dio un respingo y abandonó el chupeteo de los pezones y el magreo de la tetas. Se apoyó en la puerta. Mirta succionó la polla; era gruesa, con un glande muy suave y duro. Fue sacando y metiendo la polla tan adentro como pudo, saboreándola, deseando darle a Juan Luis un placer intenso. Él siguió con sus crecientes gemidos. Los dedos de Mirta acariciaban las pelotas y amasaban los pliegues del escroto, súbitamente sacó la tranca descarada boca y dijo en un susurro:
—Vamos a la cama, cariño.
Juan Luis se quitó los pantalones, y el slip; Mirta se bajó las bragas y la falda y lo llevó de la mano hasta la cama, donde le dijo «túmbate, corazón». Había perdido toda timidez. Entre risas lo empujó hasta que quedó boca arriba, con la polla enhiesta. Mirta la pudo contemplar completamente: los huevos apretados dentro de la bolsa, el capullo brillante de saliva y bulboso; tan tiesa que le pareció deseablemente apetitosa. Se arrodilló frente a él y se volvió a tragar toda la verga. Entre los gemidos de Juan Luis chupaba y succionaba la polla comiéndosela con voracidad. Él, semiincorporado, asistía encendido a la visión de la felación. Observaba entre accesos de lujuria placentera cómo las mejillas de Mirta se hinchaban y deshinchaban con el chupeteo, lo que aceleraba su excitación. Comprendió que en unos minutos tendría la eyaculación; quería prolongarlo. La cogió por los hombros y la retiró de su miembro. El falo goteante de saliva se balanceó en el aire; los labios de ella recogían su propia saliva y la conducían de nuevo a la boca.
—Ahora...yo a ti, Miri —le dijo Juan Luis.
Ella ocupó su lugar sobre el lecho. Se tumbó con los muslos abiertos. Juan Luis pudo ver el coño de Mirta. Entre la pelambrera rubia sobresalían los labios vaginales hinchados. Su libido se desató y se entregó a besar el matojo espeso y meter su lengua por el canal de la raja. Estaba caliente y llena de flujo lechoso.
Abrió la hendidura y observó el interior humectante. Mirta gimió al sentir los dedos de él introduciéndose en su hambriento chocho; se hundieron y exploraron la cavidad mojada y sedosa. Juan Luis fue follando con sus dedos impregnados del fluido vaginal a Mirta, despacio, sin prisa, lentamente, mientras ella jadeaba sonoramente una y otra vez. Descapulló toda la vulva y acarició el clítoris de color malva y pequeño: estaba muy duro y enhiesto cuando lo sorbió entre sus hambrientos labios y comenzó el cunnilingus —seguía follando ls vagina de Mirta con los dedos, alcanzando el fondo del coño de Mirta, que se retorcía de placer. Sostenía ante su boca la vulva, brillante de saliva y flujo, elevando las caderas de Mirta con los brazos por debajo del culo. Juan Luis sintió cómo el fluido preseminal resbalaba por toda su polla enarbolada. Y entonces a ella le sobrevino el orgasmo. Cuando se corrió en la boca devoradora de Juan Luis, le apresó la cabeza con los muslos.
—¡Cariño, oh, cariño, sigue!
Juan Luis continuó penetrando el agujero chorreante de savia femenina, hasta que cesaron los latidos de la vulva. Entonces, Mirta se dio la vuelta, se arrodilló, con los brazos a modo de almohada bajo su cabeza, ofreciéndole la jugosa breva ensalivada. Juan Luis le besó los cachetes del culo y descendió hasta depositar un beso largo y con lengua en el agujerito radial del ojete. Luego se colocó en posición y entró delicadamente con su gran polla en el coño de Mirta, que dejó escapar un larguísimo gemido.
—Sí, corazón, sí, entra hasta el final, clávame tu polla, hazme gozar —calló unos segundos mientras Juan Luis, estimulado por el lenguaje erótico de Miri, enardecido por aquellas palabras procaces, hacía girar su verga dura en el coño chorreante. Inconscientemente, los dos deseaban joder hacía tiempo y eso con las palabras de ella incrementaba la sensación lujuriosa—. Fóllame, lléname con tu leche.
Aquel lenguaje ardiente llevó directamente a Juan Luis al orgasmo. En el momento en que notó los fuertes espasmos subiendo por el mango sacó la polla del chocho. Sobre la espalda y las nalgas de Mirta comenzaron a caer chorros calientes de esperma, uno tras otro. La polla golpeaba la carne del culo de ella cuando descargaba el semen. Juan Luis dejaba salir un ronco sonido gutural a cada sacudida líquida. El esperma escurría por la espalda, hacia el vientre de Mirta y caía sobre la sábana; otros chorros descendían por las lunas de su culo y entraban en el canal intermedio hasta cubrir la entrada del estriado ojo del culo, ligeramente distendido por el acto sexual.
Con el último latigazo de leche, Juan Luis se dejó caer junto a ella, exhalando, jadeante. Ella, boca abajo, ronroneó un par de veces para concluir:
—Cariño mío..., tenía tantas ganas...
Juan Luis jugó con el foso estrecho y lleno de semen del ojete de Mirta y respondió:
—Nos quedan muchos días de placer —hizo una pausa y concluyó—: ... si tú quieres.
Mirta dejó escapar un gritito gatuno y los dos se echaron a reír, abriendo el nuevo camino de felicidad y libertad consciente para ambos.
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