Final Alternativo " Del señor de los anillos"/ versiòn particular del final.

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# El Anillo de los Espejos: La Aventura de Frodo en las Gemànidas

 

Era un día sombrío en la Tierra Media cuando, abrumado por el poder del Anillo, Frodo Bolson se halló en el umbral del destino. La oscuridad se cernía sobre él, y la tentación del Anillo crecía insistentemente en su mente. En un arrebato de desesperación, lo colocó en su dedo, y en un instante, se volvió invisible, como si la misma sombra lo reclamara.

 

Frodo avanzó sin rumbo, cruzando los límites de Mordor hacia las tierras desconocidas de las Gemànidas. Estas tierras fantásticas parecían susurrarle promesas de libertad y magia. Las Montañas Puzles, con sus contornos cambiantes y figuras abstractas, lo intrigaron, pero no había tiempo para admirar su belleza. El Anillo lo guiaba, lo arrastraba cada vez más hacia su propia perdición.

 

Al encontrar refugio en unas grutas conocidas como "Las Cuevas de los Espejos", Frodo sintió que, por un breve momento, la presión del Anillo aflojaba su abrazo. Sin comprender por qué, decidió quitarse el Anillo, aliviando parcialmente su pesada carga. Las paredes de cristal pulido reflejaban su imagen, pero lo que veía era desolador. Un hobbit envejecido y cansado lo miraba; su luz se había apagado, y la tristeza pesaba sobre su corazón.

 

Mientras tanto, fuera de las cuevas, la batalla entre orcos y la Alianza del Anillo se tornaba caótica. Sauron, debilitándose sin el Anillo, ardía en su propia maldad, y su imperio de sombras se desmoronaba. Las criaturas de la Tierra Media perecían en la contienda, y una nueva era de glaciares cubría todo a su paso, dormitando a los habitantes de la Tierra Media, incluidos los hobbits.

 

Gandalf, Samsagaz y Aragorn, informados del oscuro destino de Frodo, decidieron seguir su estela y rescatarlo. Mientras el Mal se consumía, ellos entendían que no tenían que destruir el Anillo, sino alejarlo de su origen.

 

Cruzaron las fronteras de Mordor y se adentraron en el país mágico de las Gemànidas. Al encender un fuego antes de seguir, el Espíritu del Bosque apareció ante ellos. Llevaba un ropaje raro, como hecho de corteza de árboles, sus manos parecían formadas de hojas secas y su rostro estaba tapado por un enorme sombrero de troncos y ramas finas. De su frente, llena de vegetación, se desprendía algo parecido al sudor, que constantemente se seca con el dorso de la mano.

 

---Espíritu del bosque: ¿Quiénes son ustedes...?

--- Gandalf: ¡Buenos días, amigo! Somos viajeros, venimos buscando a un amigo que pensamos anda por estas tierras.

 

Con su apariencia de corteza y ramas, pidió conocer su historia. Ellos hablaron de Frodo, y el Espíritu, conocedor de los entresijos mágicos del bosque, les advertía sobre los Mànidas, quienes custodiaban su hogar. Les advirtieron que las Mànidas eran los centinelas del bosque y no se podía hacer fuego sin su permiso. Gandalf apagó aquel fuego. El espíritu del bosque se llevó una fina rama hueca hacia lo que parecía una boca y un dulce sonido brotó de aquella especie de flauta. Bajaron unos seres pequeños de aquellos gigantescos árboles, que portaban en sus manos unas antorchas fluorescentes que daban luz y calor sin consumirse. Los Mànidas las llamaban "Fuego del Bosque". De esta conversación surgió un pacto: buscar y salvar a Frodo de la corrupción del Anillo.

 

En las cuevas, Frodo continuaba hablando con las paredes llenas de espejos, escuchando ecos de su propia experiencia y de las historias de aquellos que habían pasado antes que él. Había algo en esas voces que le ofrecía consuelo y guía, y mientras avanzaba a través de pasajes iluminados por estalactitas doradas, comenzó a sentirse menos aprisionado.

 

Mientras tanto, en la superficie, Gandalf y los demás se aliaron con los Líderes de los Lagunitas, quienes, con su magia polimórfica, ofrecieron ayuda en la búsqueda de su amigo. Cuerpos transparentes emergieron de los lagos, trayendo agua fresca, símbolo de vida y renovación.

 

Finalmente, Frodo llegó a la Galería del Silencio, donde las voces se calmaron. Allí sintió una paz profunda que no había experimentado desde que tomó el Anillo. Una luz brillante a través de la pared reveló una salida, y al pasar, descubrió que el Anillo había desaparecido. Era un hobbit libre. Su alma, rejuvenecida, anhelaba regresar a casa.

 

Los espíritus del bosque llevaron la buena nueva a sus amigos, y los Ráfagas, seres voladores que cuidaban los cielos, condujeron a Gandalf, Samsagaz y Aragorn hasta él. Por fin reunidos, Frodo y Sam emprendieron el camino de regreso, viendo cómo sus tierras se despertaban después de un largo invierno. Los hobbits, así como todos los pueblos de la Tierra Media, se unieron para celebrar su renacer.

 

Sin embargo, Gandalf y Aragorn, aunque contentos, decidieron separarse de sus amigos hobbits para forjar nuevos destinos, liberados de los lamentos de la guerra y la maldad.

 

Y así, el ciclo comenzó de nuevo, pero con esperanza. Frodo y sus compatriotas, inocentes y felices, se adentraron en un futuro que abrazaba la paz, mientras las leyendas de las Gemànidas y sus seres eternos quedaron grabadas en la memoria del tiempo, recordando a todos que incluso en los momentos más oscuros, hay un camino hacia la luz.

 

                                                                      **FIN**


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