Amor de su juventud, por el cual fue despreciada, tras pasar cincuenta años él regresa a su morada.
Le cuenta una historia triste, enfermo y solo en el mundo, pide un poco de cariño de aquel amor tan profundo.
Ella está soltera y sola, pero con resentimiento: «¡Este fue un hijo de puta! ahora viene con el cuento».
—Mi amor por ti ya pasó y tú te portaste mal. Vete a dormir a la cuadra como cualquier animal.
Lo más que te puedo dar es una sopa caliente; espero que te siente mal y que al comerla revientes.
Le prepara la sopa fría con restos del basurero, y para darle más sabor, se mea dentro el puchero.
«No lo aprovechó de joven por entregarse a su vicio; ahora que solo es cascajo, que se beba el desperdicio».
El destino es muy cruel cuando se quiere vengar: esa sopa es medicina y él empieza a mejorar.
Se pone todo macizo, ni las gracias le da encima; como ya se encuentra bueno, se marcha con la vecina.
A la que ella tiene rabia porque le robó otro amor; así a la pobre mujer le va de mal a peor.
Ya no sabe qué pensar, la pobre se vuelve loca: si el cabrón vuelve a enfermar, ¡no le dará ni una sopa!
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