Anahí 1

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Conocí a Anahí mucho antes que a mi esposa. Y me hechizó desde el primer momento... y sentí que ella también lo sintió. No soy un hombre guapo, pero sí de facciones y cuerpo agradable y sé que mi mayor fortaleza con las mujeres es mi personalidad y la forma de tratarlas. Pero con Anahí fue como que éramos imanes que nos atraíamos sin poder evitarlo. Ella era chaparrita pero con un cuerpo fenomenal... en su tiempo libre era instructora de aeróbicos en un gimnasio. Morena, pelo negro, lacio y a media espalda. Pechos grandes, gordos y firmes y aunque llevaba brasier, sus pezones se empezaron a marcar mucho mientras platicábamos. Usaba pantalones, pero me imaginé que sus piernas serían morenas y de piel maravillosa para acariciar. En mi mente pensé que seguro sus pezones serían grandes y duros... y negros (como a mí me gustan) y no me equivoqué. También en esa época ni siquiera se pensaba en depilar los genitales, en todo caso recortar un poco el vello púbico; y por eso también imaginé que tendría una deliciosa mata de pelos entre las piernas. Y tampoco me equivoqué.

La primera fue una reunión de negocios, y eso hizo que siguiéramos reuniéndonos los siguientes días... y a la cuarta vez que nos juntamos (viendo cómo había evolucionado la amistad y la confianza que ya nos estábamos teniendo) yo la invité a salir... y ella aceptó... pero nunca me imaginé cómo sería esa "cita". Yo tenía novia pero sentía que no era "la" mujer de mi vida y que seguro era un noviazgo temporal. Y Anahí no tenía novio pero sí salía con algunos hombres y amigos... y la implicación era que ella tenía sexo con quienes ella quería. Era algo que me encantaba de Anahí, la libertad, la transparencia como me hablaba y me contaba de su vida. Era claro para mí que ella era una mujer liberada y liberal, nada usual para ese tiempo... y muy diferente de todas las santurronas que abundaban por todos lados... y que a mí me exasperaban. Ella sabía de mi "novia", pero también me quedó claro que eso no evitaría que ella y yo cogiéramos... total en ese momento, aunque ella me tenía hechizado, no pensaba en Anahí como para mi esposa o la mamá de mis hijos. Lo que más ansiaba era gozar de ella, de su cuerpo, de sus pechos, de su panocha y de todo lo que ella me dejara hacerle.

Me dijo que nos juntáramos esa misma noche... pero que ella tenía que ir a dar clases al gimnasio... que la recogiera allí y la llevara a su casa para que se bañara y cambiara de ropa... para después ir a cenar a un restaurante que ya nos habíamos contado que a los dos nos gustaba. No fue así.

Salió del gimnasio y yo inmediatamente vi su ropa empapada en sudor, manchas húmedas bajo sus pechos, bajo sus axilas... y también un poco en su entrepierna. Y el olor que sentí me volvió loco... sudor, sexo, piel de mujer. Anahí me pidió excusas por estar sudada pero no eran "sinceras"... se notaba que ella gozaba de que yo la viera así y ella "modelarme" su cuerpo y su sexualidad... porque Anahí sudaba sexo y sexualidad. Era como una "puta" refinada... y gozaba con saber que yo la deseaba enormemente. Y sus pechos también me impactaron. No llevaba brasier y se notaba que tenía unas tetas firmes, enormes, gordas... y sus pezones no sólo se marcaban sino que prácticamente perforaban la tela. Y sus tights modelaban unas piernas fuertes, no gordas, sino perfectamente formadas y con los músculos marcados.

Se subió a mi carro con la mayor naturalidad del mundo, como que si yo ya la hubiera visto así por muchos años. Y cuando me saludó, me besó directamente en los labios... suave, rápido, pero indudablemente había sido un beso "de sexo" y no entre amigos. Y sin dejarme hablar, me dijo dónde vivía y empezó a contarme de su día, del gimnasio, de su vida... como que si estar así conmigo fuera la cosa más natural del mundo. Yo la oía, pero sentía su aliento, el olor de su sudor y también sentí olor a panocha... y no, no fue mi imaginación ni mi deseo. Muy poco después pude comprobar que Anahí ha sido la mujer con el olor más fuerte, penetrante, delicioso a panocha caliente. Me estoy adelantando, pero cuando ya estuvimos desnudos... y eso que ella ya se había bañado... inundó el cuarto con el olor de su panocha. Nunca más he podido tener a una mujer que le "apeste" tanto la panocha y saca litros de jugo... y como soy olfactofílico, Anahí ha sido la mayor delicia a esa mi filia.

Cuando llegamos a donde vivía, subimos las gradas al segundo piso, a su departamento. Y le vi las nalgas. Duras, Gordas. Firmes. No enormes, sino perfectamente formadas... y me imaginé tocándolas, oliéndolas y chupándolas... e imaginé abrirlas y ver su ano, seguro café o negro... y esperaba que tuviera muchos pelos negros. Y que me dejara meterle los dedos, la lengua y mi verga. Y así fue esa misma noche.

Yo la deseé desde el primer momento. Y si hubiera podido, esa primera vez en mi oficina, la hubiera desnudado, acariciado, olido, mamado y cogido como a nadie. Pero esa noche, ha pesar de mi deseo, yo estaba tranquilo, paciente... quería que hiciéramos de todo (estaba seguro que Anahí no era de las mujeres pasivas... y que la experiencia que ya tenía a tan corta edad, la habían convertido en una mujer que realmente gozaba del sexo, sin tabúes).

Entramos a su apartamento y ella sin decir nada se dirigió a su baño, sin cerrar la puerta, entró y oí que se empezó a desnudar y vi cuando tiró la ropa sudada al piso. Oí la cortina de la ducha al correrse... y el agua empezó a salir de la regadera... Anahí me seguía platicando nimiedades, con toda la naturalidad de su impresionante personalidad. Oí cuando ella entró bajo la ducha; yo me asomé dentro del baño. Y vi su silueta a través de la cortina... un poco transparente y con figuras de colores... así que sí, pude ver partes de su cuerpo desnudo... un pecho por aquí, una pierna por allá... por momentos sus nalgas grandes y en otros su panocha... muy peluda, con espuma de jabón en esa selva negra... sus pezones negros y enormes, quizá más que cualquiera de los que yo ya había probado.

No me aguanté y abrí la cortina. Ella ya sabía que yo estaba dentro del baño porque cuando yo le respondía era a medio metro de donde ella se bañaba desnuda. Anahí sólo se volteó a verme, directamente a la cara... totalmente desnuda. Y yo también la miré directamente a los ojos. Y como no vi ninguna señal de oposición, fui pasando mi mirada por todo su cuerpo. Primero sus pechos, después su panocha... y entonces ella habló. Me dijo que si me gustaba lo que veía... yo ni respondí. Sólo empecé a desnudarme. Y me quedé desnudo frente a ella. Ella me vio.

Continuará.


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