La mecánica y el aprendiz

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
1006 visitas

Marcar como relato favorito

Mi familia se ha dedicado a la mecánica automotriz desde hace generaciones y yo, a pesar de ser mujer, siempre mostré interés en el negocio. No solo estudié para especializarme, a mis 30 años soy profesora de mecánica y dueña de mi propio taller.

A menudo los clientes entran al taller buscando a “EL JEFE” y se sorprenden cuando una linda mujer ojos verdes los recibe. Me divierte verlos dudar antes de que, con mis manos llenas de grasa, les demuestre que conozco sus autos mejor que ellos.

No me importa ensuciarme, hay algo liberador en sentir el metal, usar herramientas, aplicar fuerza y ser parte de un entorno lleno de hombres. Aquí no hay chismes ni traiciones, solo chistes, hermandad, confianza, sudor y olor a gasolina.

Antes de reabrir el taller luego de las vacaciones debemos hacer inventario, llamé al empleado más nuevo para que me ayudara, así aprende más sobre el taller y nos conocemos mejor. Su nombre es Julián, tiene 24 años, es un hombre robusto de casi dos metros, con mucho carisma y una sonrisa perfecta.

Al llegar, ambos nos cambiamos, nos pusimos nuestro uniforme, el típico traje de mecánico, un overol azul. Trabajamos toda la mañana, almorzamos pizzas y antes de continuar hablamos del calor insoportable de ese día. Le confesé que solo cargaba ropa interior debajo del uniforme, él sonrió y me mostró su pecho diciendo “Estoy igual, solo bóxer debajo de esto”. A partir de esos comentarios hicimos chistes al respecto, había un poco de coqueteo y complicidad que se sentía a flor de piel.

Estaba ordenando una gaveta llena de tornillos cuando sentí su presencia detrás de mí. Antes de que pudiera voltear un par de brazos fuertes me rodearon, sus enormes manos se desplazaron desde mis senos a mi cintura y viceversa, una lluvia de besos detrás de mi cuello me hizo temblar mientras su pesado cuerpo me empujaba contra el gavetero.

Parece que el aprendiz estaba “pasándose de la raya”, pero debo confesar que no tuve ninguna intención de detenerlo. Él desabotonó mi overol exponiendo mis tetas ajustadas bajo un brasier estampado. Sus manos se deslizaron bajo la tela y al sentir sus rugosos dedos en mis pezones, un escalofrío recorrió mi cuerpo entero. Sentía su duro miembro entre mis nalgas, con una mano intenté alcanzarlo y pude tocar lo que parecía un gran espécimen.

Él me seguía acariciando y al mismo tiempo me desnudaba. Sus manos masajearon mi cuello y mis hombros para bajar a desabrochar mi sostén. Comenzó a apretar con firmeza mis senos y automáticamente sentí espasmos en mi vagina, la humedad empezó a fluir. 

Me di la vuelta e hice lo mismo, botón a botón iba revelando su cuerpo mientras nos besábamos. Sus músculos, su sudor, sus brazos, pecho y piernas con pelos, era un hombre que desbordaba masculinidad. Sus bóxer parecían sostener una bestia la cual liberé sin dudarlo. Tragué hondo al ver el grosor de esa cosa, mi mano apenas podía rodearla. Comencé a masturbarlo, él echó su cabeza hacia atrás y luego devolvió su mirada directo a mis ojos, luego de un gemido me volvió a besar.

Sus manos se desviaron a mi cintura y entrepierna. Sus gruesos dedos hacían círculos en mi clítoris y al bajar un poco más pudo sentir lo mojada que estaba. Uno de sus dedos acariciaba la entrada entre mis labios vaginales y no pude aguantar. Agarré su mano y lo empujé hacia dentro de mí. Me susurró al oído “Sabía que eras una puta”, nunca me ha encantado esa palabra, pero la manera en que la dijo casi me hace llegar en ese momento.

Los besos se convirtieron en pequeños mordiscos y chupones. Él usó su rodilla para separar mis piernas e introducir varios dedos, al sacarlos los llevó a mi boca y los chupé sin quitarle la mirada. Me dijo que le excitaba verme probar mis propios jugos directamente de su mano. Me tomó por el brazo, con su característica fuerza me volteó y empinó en una mesa de trabajo. Herramientas cayeron al piso, testigos de lo que estaba pasando.

Pude sentir la punta de su pene deslizándose entre mis húmedos labios. Levanté las nalgas dándole la señal de quererlo dentro y él lentamente lo metió. Me hizo gritar, era tan grande, pero se sentía tan rico. Puso sus manos en mi cintura y me penetró poco a poco. Cuando sentí su cuerpo chocar con el mío, supe que estaba por completo dentro de mí, me sentí tan llena y tan feliz.

Comenzó a meterlo y sacarlo, con un ritmo constante, mis gemidos eran una mezcla de gritos y llanto que ningún hombre había provocado antes. Su velocidad y fuerza iban en aumento, me dijo que estaba deliciosa y “puta” fue solo una de las tantas vulgaridades que repetía al clavarse en mis entrañas.

Sus gemidos de macho, casi guturales, sumados a su firme agarre y sus empujones incesantes, dispararon sensaciones al límite que me hicieron acabar en un clímax que recorrió mi cuerpo. Él no dejó de penetrarme mientras yo sucumbía en gritos hasta perder toda mi energía. 

Su respiración cambió, agitado, sacó su pene y eyaculó sobre mí. Gruñidos temblorosos se escuchaban mientras chorros de semen caliente llenaban mi espalda. Tomó un trapo y secó mi espalda del delicioso líquido que ya chorreaba a mis costados. Me puso de pie y me besó, pero al ver su pene goteando me arrodillé y lo terminé de limpiar con mi boca. Lo lamí y saboreé hasta que tuve fuerzas para levantarme de nuevo.

Nos vestimos y terminamos de organizar todo. Al cerrar el taller nos despedimos con una nueva sensación de complicidad. No creíamos que aquello era el inicio de un romance, pero sabíamos que no sería la última vez. Desde entonces se han multiplicado los trabajos fuera de horario regular, donde solo importa la fuerza de su cuerpo reclamando el mío y mi vicio de sentirlo dentro de mí una y otra vez.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed