Antón Ferrán, nueve, lo que vino después.

Por
Enviado el , clasificado en Humor
89 visitas

Marcar como relato favorito

Aquella profesora de latín, de pelo corto, expresión seria en una ovalado rostro perfecto, le debió gustar aquello del "carpe diem", pues una vez por la mañana y otra al atardecer, se pasaba por allí, probablemente esperando su ración de enardecimiento verbal. Acaso por no tener otro remedio para irse a su casa. Antón no sabía la razón, pero le daba igual. Se había enamorado de aquella mujer. Probablemente, mejor decir, del cuerpo de aquella mujer. Lo que fuera, la aguardaba el muchacho, haciéndose el remolón, cerca del vallado exterior: ya saben; donde dice prohibido el paso a toda persona ajena, necesidad de casco y otros cuantos consejos útiles más.

Y lo cierto es que no hacía falta mentir para ofertarle aquella ración. Ferrán, por misteriosa designación tácita entre el personal de la obra, era el encargado en aquellos menesteres. Y se pasaba, hasta que se quedaba dormido, en su habitación de pensión, con una libretilla donde hacía sus anotaciones ad hoc- no podía ser de otra forma- para una profesora de Latín. Aún no lo sabía- lo da la profesión- pero no cejaba en el empeño de ser a la vez que picaresco, elegante y original.

Lo primero que le dijo, aparte de lo del carpe diem originario, fue que "pisaba como los ángeles" aquel terreno municipal, que debería pagarle el ayuntamiento por verla andar. Tampoco hacía falta mentir: la chica, también, sabía caminar. Otra vez, nuevamente, le sonrió.

A la cuarta o quinta ocasión-  para el personal de la obra ya eran novios oficialiales Antón Ferrán y la misteriosa muchacha a la que daba gusto ver caminar-, de regreso a su casa, es decir, por la tarde, y bajo los jaleos oportunos de peones, oficiales y maestros de la construcción animando a Antón a intervenir en aquella operación, se detuvo a hablar con Ferrán. El cual, ceremonioso, se quitó el casco para saludar.

Y así supo la obra entera que Josefina Maestre era Josefina Maestre y, además, profesora de clásicas, precisamente del nuevo Instituto de Secundaria de aquel barrio de Madrid, que gran parte de los que alentaban al oficial habían contribuido a levantar. También Ferrán, por lo que ya hubo entre ellos tema de conversación.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed