LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (1)

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LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (parte 1) 

—No, Carolina, es un amigo con el que me acosté la noche de fin de año, cuando con la euforia…

—Pues, a mí me gusta. Quiero decir que me gusta su forma de pensar…, de ver el mundo. Es un chico tranquilo e inteligente… Además está muy bueno.

Carolina se echó a reír de la conclusión de Victoria, su hermana acerca de Armando.

—Vamos que te lo tirarías.

—No…, yo no digo eso —hizo una brevísima pausa. Aceleradamente—: No te preocupes.

Carolina miró a su hermana pequeña y jugó con la lengua, apretando el interior de su labio superior mientras cavilaba.

—Ya te digo que para mí Armando es solamente un amigo, un buen amigo que me llevé a la cama después de las uvas y el cava…

—En tres palabras; celebraste año nuevo —Victoria se rió divertida, prorrumpiendo en sonoras carcajadas—: En lugar de entrar en 2026, éste entró en ti.

—Pues, vaya si entró bien…: Armando tiene una tranca de aúpa, y sabe bien lo que es el sexo oral— Ahora fue Carolina la que estalló en carcajadas. Siempre había tenido confianza intima con Victoria; se lo comentaban todo y, en cierta manera, fue la maestra sexual para su hermana en la adolescencia. —No imaginaba a Armando en la cama, no, pero quedé satisfecha; el también, sabes: después de follar, le hice una mamada hasta dejarlo sequito. —Las dos se rieron hasta saltárseles las lágrimas—. Deberías probarlo alguna vez.

Victoria abrió los ojos como platos y simuló quedarse boquiabierta.

—¿Una fellatio…o follar con tu Armando?

—No, tontita, ya imagino que esa boquita sabe hacer las delicias de una buena picha, ja,ja,ja. No, de verdad, no es “mi” Armando; es un buen amigo… íntimo.

Carolina continuó cavilando y repuso:

 —Hermanita, lo digo en serio, si quieres llevarte a la cama a Armando, por mí no hay problema, a mí no me importa —riendo—: Nos lo podemos repartir. ¿Quieres?

—¡Qué dices, loca! Después de joder tú con él…

—Eso no tiene nada que ver, Vicky. No cuenta, estás llena de perjuicios. Armando y yo no tenemos ningún compromiso, ya te digo. —Miró insinuante a Victoria— ¿Quieres tirártelo… En media hora va a venir.

Victoria no necesitaba más. La conversación había despertado si apetito sexual y la había puesto cachonda. Por otra parte, Armando le gustaba sexualmente. A diferencia de Carolina, quien desde su divorcio de Teo llevaba una vida sexual muy activa, ella hacía tiempo que no gozaba de una buena sesión de ars amandi. Apretó los labios cómicamente cuando son reflexionar mucho respondió:

—Muy bien, pero él puede mostrarse reticente.

Carolina apretó la rodilla de su hermana y afirmó:

—Nena, eso déjamelo a mí. Queda de mi cuenta. Armando es abierto de mente, sin complejos ni prejuicios… y un calentón de cuidado, ya verás cómo te lo follas esta tarde.

 A las cuatro y media, puntualmente como un británico, Armando llamó al timbre.

*** *** *** 

—Porque la atracción y el deseo tienen una duración.

—Indeterminada —sentenció Carolina, completando la frase de su amigo, que asintió con la cabeza.

La conversación había entrado en la dirección que Carolina, muy arteramente, había conseguido imprimirle. La tetera humeaba todavía. Victoria rellenó su taza y le ofreció más a Armando.

—Se hace un dogma de la sexualidad —prosiguió él—; pero las ideas preconcebidas van desmoronándose bajo el empuje de las nuevas ideas que brotan de las nuevas condiciones de vida.

—Hoy tenemos más libertad sexual, es cierto, pero persisten los cánones estrictos —insistió Carolina—. No crees, ¿tú no tienes condicionamientos, Armando?

—No en lo que se refiere a la libertad en el intercambió sexual libre entre adultos: los limites los ha de poner cada cual, en una relación que busque el disfrute del placer compartido.

Victoria escuchaba con atención, y había de reconocer que su hermana era una maestra en el arte de conducir los debates al terreno que deseaba. Se tiró para adelante en el sofá y planteó:

—¿Y los celos?

—Son fruto de los miedos y los complejos —respondió él.

Carolina aprovechó que terreno propicio. Tras hacer un guiño de complicidad a su hermana, intervino nuevamente.

—¿En la práctica o solamente en teoría, Armando? ¿Serías capaz de una sexualidad cotidiana completamente abierta?

Armando cruzó una pierna sobre la otra para responder. Se llevó el induce a la sien derecha.

—Creo que si… Absolutamente.

Carolina sonrió, segura ya del triunfo.

—¿Te ponemos a prueba? ¿Te ves capaz de hacer el amor con mi hermana?

—Naturalmente —contestó, tras mirar detenidamente a Victoria, que trató de sostener su mirada —. Siempre que ella quiera, claro.

Victoria se sonrojó, sintiendo moverse el nervioso gusanillo del deseo.

Carolina estiró de la cuerda y la trampa se cerró:

—¿Lo harías ahora, Ahora mismo, conmigo delante?

En Armando se adueñó la excitación. Victoria era una mujer atractiva. Armando se volvió a la hermana pequeña de Carolina.

—¿Quieres hacerlo? ¿Te apetece hacerlo ahora; te atreverías a acostarte conmigo con tu hermana delante nuestro? —retó Armando desatada su lujuria ante el morbo de la idea de follar a Victoria con su hermana de espectadora.

Victoria levantó la cabeza y miró interrogativa a Carolina, que hizo un movimiento de cejas de complicidad.

—Me habéis puesto caliente, bobos… —dijo toda sonrojada. Sin pararse a pensarlo, Victoria venció toda su reticencia y asintió con seguridad:

—Si, lo haría. Tú me gustas y si quieres nos acostamos; tengo ganas.

—Un momento…, un momento -dijo Carolina-. Os propongo un juego… ¿Y si…?, bueno, si tú estás de acuerdo, Vicky. ¿Y si dejamos volar la voluptuosidad? ¿Dejarías que Armando lo hiciera contigo… atada?

Victoria rió nerviosa, pero en su vagina sentía descender un flujo espeso y lento hasta su vulva ya húmeda. Tuvo un momento de vacilación.

—Yo estaría delante —añadió, y dirigiendo directamente una mirada pícara a su hermana—: ¿No vendrás ahora —enfatizó el adverbio— con que te domina el pudor? —Carolina sonrió arteramente—. Cuando éramos adolescentes nos masturbábamos juntas en la ducha, ¿te acuerdas?

Armando, que había estado callado mientras hablaba Carolina, notaba su miembro erecto; con ganas de pasar a la acción.

—¿En serio? ¿Os pajeabais la una con la otra? ¡Qué excitante! —Carolina afirmó con una fuerte risotada al ver las mejillas encarnadas de su hermana—.

—¿Desnudas? —inquirió morbosamente Armando.

—Claro, ¡di algo boba! —dijo, Carolina haciendo un gesto con los ojos a Victoria—. Pero sin tocarnos —aclaró—. Cada cual masturbaba el suyo —rió—; la una frente a la otra; sentadas con los sillones delante de un espejo: viéndonos los conejitos mientras lo hacíamos, ja,ja,ja,ja.

—Tres o cuatro veces, solamente —aclaró Victoria con las mejillas encendidas.

—¿Entonces… estamos los tres de acuerdo? —los miró alternativamente. Ambos asintieron—¡Así me gusta, lo vamos pasar de muerte! ¡Vamos al dormitorio!

Victoria se ausentó unos minutos en el aseo. A la vuelta vino desacomplejadamente desnuda y se sentó en la cama.

—¿Y tú, a qué esperas? —le dijo burlona a Armando—. iA ver si ahora te vas a cortar tú! —Puso los brazos en jarra— ¡Despelótate, tonto! —. Acto seguido se dirigió a su hermana e interrogó—: Dispuesta; ¿te ato, pues?

(Continuará...)


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